Abril 2014

¡Hola mundo!

 

Quiero daros la bienvenida a Diludia, la web sobre literatura líquida. En Diludia tienen cabida tanto la tierra, el agua, el aire y el fuego que conforman la realidad tangible y cotidiana de escritores y lectores, como los mundos supralunares y etéreos de las ficciones que nos envuelven.

Siendo estos mundos de ficción la principal temática de Diludia, y reconociendo que este blog llegará a vosotros a través de la pantalla de un aparato electrónico, no se me ocurre mejor título para este post de bienvenida que un sencillo “¡Hola mundo!”.

Un “¡Hola mundo!” para saludar, para agitar la manita y llamar la atención en la inmensidad de internet, para anunciar que esto funciona y está en marcha, como hacen los estudiantes de informática al crear un primer programa que tan sólo imprime un “¡Hola mundo!” en el monitor, pero que anuncia un futuro y llena de esa emoción que se siente al emprender un viaje.

Un “¡Hola mundo!” para dar cabida a cada universo de ficción, esos lugares adonde teletransportarnos como lectores o escritores  y visitar la ciencia ficción, la fantasía, el misterio, lo real y lo mágico.

Sube a Diludia, nuestro barco para surcar los mares y esferas de la literatura líquida. Aceptamos usuarios anónimos polizones, usuarios registrados marineros o piratas, remeros, artilleros y todo tipo de compañeros de viaje. ¿Qué mejor día para zarpar que un 23 de abril? ¡Feliz día del libro!

Un casting en el metro

 

¿Necesitas personajes para tu cuento o novela? Puedes, por supuesto, crearlos de cero... o tomar la alternativa proactiva y muy divertida de salir a buscarlos. Uno de mis lugares favoritos para buscar personajes es el transporte público.  Si estamos condenados a desplazarnos a diario al trabajo, una buena forma de aprovechar el tiempo del viaje es realizar nuestro propio casting en el metro. ¿Te animas? Yo he utilizado esta técnica realmente para mis escritos, con algunos buenos resultados. Veamos cómo.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que un escritor está siempre trabajando en sus cuentos y novelas. La escritura no se restringe a momentos de inspiración ni se confina en un despacho o escritorio, sino que transcurre continuamente dentro de nuestra cabeza, se agita incluso durante los momentos más anodinos de nuestra vida cotidiana. Un escritor busca tramas, personajes, escenas, metáforas, diálogos y elementos válidos para sus textos mientras pasea, trabaja, cocina, mira la televisión, barre, hace deporte, friega los platos, cambia un pañal o viaja en metro.

El metro es un lugar especialmente propicio para buscar personajes por una simple cuestión de fuerza bruta: está tan concurrido que en un viaje de apenas media hora habremos podido cruzarnos con decenas de personas. Esta abundancia nos permite imaginar personajes y sus historias a partir de la observación de las personas reales con las que compartimos vagón o andenes. La inmensa variedad en sexo, edad, raza, complexión, voces, indumentaria, actitudes y rostros que desfilan por el metro nos permite hacer un casting en toda regla.