Diciembre 2014

Personajes trascendentales

 

Según el tipo de texto en el que estemos trabajando, necesitaremos profundizar más o menos en los personajes. Una novela de espada y brujería probablemente tenga suficiente con un protagonista esbozado en pocos trazos, lo justo para colocarle un arma y enfrentarle a las aventuras. Un cuento al estilo clásico puede recurrir a la cultura de los lectores e invocar a los personajes predefinidos en la conciencia colectiva: con decir “lobo”, “príncipe” o “niño de padres pobres” puede ser suficiente. Sin embargo, en la gran mayoría de los casos, querremos personajes muy elaborados y necesitaremos dotarlos de contexto social, familia, amigos, ambiciones, motivaciones, secretos, manías, personalidad y tantos detalles como sea posible. Sobre todo, para que la trama funcione y podamos crear intriga, debemos proponer conflictos para nuestros personajes. Las barreras para alcanzar un objetivo, las tomas de decisiones difíciles, las contradicciones, etc, son ejemplo de buenas fórmulas para crear conflictos.

Podemos tener un protagonista homosexual obligado a esconder su condición en una sociedad intransigente. Un héroe expuesto a una tentación y obligado a decidir entre el camino recto o el atractivo. Un parado forzado por las circunstancias a entrar en la ilegalidad. Un visionario que es consciente de un peligro que amenaza a la humanidad pero que le toman por loco y encuentra todo tipo de dificultades en su tarea de evitar la catástrofe. Una persona con una vida perfecta pero que cometió un error en su juventud y súbitamente debe enfrentarse a sus consecuencias.

En definitiva, se nos pueden (¡y deben!) ocurrir muchos problemas, numerosas opciones que actúen como motores de la trama.

Rhythmos, symmetría y muestreo en literatura

 

A partir de una serie de fotos es posible imaginarse la película. Una novela consiste en una secuencia de escenas presentadas en formato texto y que vienen a equivaler a las fotos. Según se progresa en la lectura, es posible imaginar lo que ocurre en la novela, se percibe como un continuo. Una cuestión crucial que nos planteamos como escritores es, precisamente, ¿qué escenas elijo para contar?

Aunque he estudiado ingeniería, me permití hacer cosas raras como matricularme en paralelo en creación literaria o en la licenciatura de Humanidades. Durante un curso compaginé estudios en Historia del Arte, Sociología de la cultura de masas o Geografía Regional con las asignaturas típicas de Telecomunicaciones. El resultado fue relativamente desastroso en cuanto a lo de aprobar exámenes, pero aprendí cosas que surgieron precisamente de la conexión entre ambas titulaciones.

Una de las tareas que realicé como deberes en Historia del Arte fue analizar un fragmento de "Arte y experiencia en la Grecia Clásica" de J.J. Pollit. El fragmento hablaba de los conceptos de rhythmos y de symmetría. Hace más de siete años que estudié estas cosas, pero he conservado mi trabajo y quiero copiar una pregunta concreta y mi respuesta:

Diluditeca: "El Conde Lucanor"

 

¿Cómo llegó a mis manos "El Conde Lucanor"? En junio de 2014 celebramos una de las asambleas anuales de Verbo Azul. Esto significa que nos congregamos en una terraza y tomamos, además de decisiones, café, cerveza, refrescos o cualquier otro brebaje social. Son reuniones muy cordiales y operativas, pero en definitiva somos amigos y los primeros momentos solemos dedicarlos a saludos y charlas informales. Juanjo, uno de los compañeros, apareció con una caja de libros que quería repartir. Coged los que queráis. Uno de ellos era ni más ni menos que "El Conde Lucanor" de Don Juan Manuel, edición de Cátedra, colección Letras Hispánicas, de bolsillo, cubierta negra y sobria, de los preferidos de los filólogos. Nada más verlo recordé mis años de colegio, este era uno de los libros que se estudiaban en Lengua, en la sección de literatura. Y haber tenido de pequeño a Ángel Guinda como profesor sin duda marca. Recuerdo aún perfectamente que el libro de Lengua del aquel curso en el colegio traía una adaptación del "Ejemplo del hombre hambriento". Para mí, El Conde Lucanor es mágico, y de repente necesité leerlo.

La realidad es que la trilogía de Príncipe de Nada y otros menesteres ocupaban mi tiempo lector, pero unos meses más tarde cogí por fin "El Conde Lucanor" y esta misma semana lo he terminado. La lectura de este libro inspiró, cuando lo abrí por primera vez, el post dedicado a los prólogos personalizados en Diludia y ahora, tras haber completado su lectura, toca el turno de incluirlo en la Diluditeca.

Propósitos literarios 2015

 

He disfrutado de un año 2014 muy interesante en cuanto a literatura.

He escrito algunos cuentos, poquitos, sólo cinco, pero aprecio de verdad cada vez que llego a un punto y final, es un trabajo hecho y aunque se trate de textos cortos es importante finalizar cosas. Además, tengo dos cuentos más a punto de terminar, uno probablemente incluso lo haga aún dentro de 2015: mi intención es presentarlo a un concurso y el plazo de envío de relatos finaliza el 1 de enero.

He empezado a escribir una novela. En realidad, llevo desde 2013 perfilando algunos elementos e imaginando personajes y tramas, pero no ha sido hasta después del verano de 2014 cuando me he convencido a mí mismo de que la estaba escribiendo, de que no se trataba de un mero escenario imaginario de cartón piedra sobre el que fantasear. Es algo que avanza serio.

En cuanto a lectura, he estado algo más flojo, alrededor de un libro cada dos meses. Aunque reducir la lectura sólo a libros es un error: he leído unos cuantos buenos cuentos de foreros en los “Foros de Fantasía Épica”, textos de amigos de dentro y fuera de Verbo Azul e incluso algunas historias en Wattpad, así que el balance no es en realidad tan malo.