El cuaderno de notas

No creo en la inspiración. No como algo que llega o se encuentra sin más. Pero sí creo en las ideas súbitas y en la conveniencia de capturarlas al momento. Yo utilizo un cuaderno de notas que llevo siempre encima, como una de las piezas estrella de mi “caja de herramientas literarias”.

Para mí, escribir tiene que ver mucho más con trabajo, constancia, acumulación de experiencia y método que con inspiración. No concibo la inspiración según el concepto clásico de recibir un aliento divino y experimentar un éxtasis que permite crear obras artísticas sublimes. De hecho pienso que un escritor es una persona capaz de escribir sin necesidad de estar inspirado, y lo realmente importante es tener habilidades como una redacción correcta, un vocabulario amplio, o conocimiento y dominio de un buen número de técnicas literarias. Incluso la propia generación de ideas es algo que puede sistematizarse y para lo que se pueden aplicar muy diversos métodos. Dicho esto, sí creo en la aparición espontánea de ideas en cualquier momento y lugar.

Sí creo en esas relaciones o sinapsis que nos hacen ver algo nuevo, instantes en los que concebimos el embrión de una trama, o vemos una metáfora maravillosa, damos con el toque que le falta a un personaje que estamos perfilando, o imaginamos un final redondo para un texto que tenemos inconcluso en la cabeza. El desarrollo de la idea es algo que podemos aplazar y retomar más tarde, pero es imprescindible apuntarla en el momento, antes de que se olvide y se escurra entre nuestras neuronas sin dejar rastro. 

Conviene tener siempre a mano un dispositivo de acceso rápido para anotar nuestra idea, estemos donde estemos, en cualquier situación. Puede ser el móvil, una tableta, un papel suelto o una libreta. Yo uso un cuaderno y un bolígrafo. Me gusta la libertad y rapidez que ofrece el papel, la posibilidad de trazar borradores con texto, dibujos y esquemas en sólo unos segundos. Estoy empezando a usar una grabadora de voz en el móvil, pero hasta dentro de unos meses no tendré experiencia suficiente como para contarla en un artículo de este blog. De momento, me conformo con la opción baratísima y versátil de la libreta y el bolígrafo.

He aprendido que el kit ideal es de tamaño reducido, A5 ó A6, con anillas o espiral suficientemente ancho para que quepa el bolígrafo dentro y tengamos todo junto y a mano. Las hojas, mejor blancas lisas que cuadriculadas, sin ningún tipo de pauta. Y muy barata o mejor aún gratis, porque así no seremos nada cuidadosos a la hora de garabatear y tendremos libertad total para tachar, arrancar una página entera o gastar cuatro o cinco hojas para expresar una sola idea sin miedos ni restricciones. Lo digo en serio, también he utilizado cuadernos comprados muy agradables, con papel satinado y de buen gramaje, pero cuadernos caros a fin de cuentas, y me he descubierto a mí mismo en actitudes ridículas: esmerándome para escribir con buena letra, sintiéndome mal por hacer un tachón grande, o repitiendo esquemas que ya tenía sólo por hacerlos más bonitos. Ahora mismo utilizo una libreta promocional de algún evento o congreso y un bolígrafo con publicidad. Todo gratis.

Lo más importante del proceso es rescatar después las ideas de nuestra libreta low cost de emergencia y ponerlas en marcha, trabajar sobre ellas para desarrollarlas o descartarlas. Sí, es posible que muchas de nuestras ideas acaben en la papelera, pero eso tampoco debe importarnos: nuestro cuaderno de notas es low cost en todos los sentidos y las ideas no valen nada hasta que no se profundizan y engordan a base de horas de trabajo.

Mi cuaderno de notas incluye esbozos de cuentos y de personajes, sugerencias de nuevos artículos para Diludia, bocetos de proyectos literarios e incluso modelos de negocios. Con el tiempo, aparte de ideas y borradores, he llegado a redactar cuentos completos y textos bastantes definitivos. Es una gozada cuando una chispa creativa capturada en el cuaderno llega a ser una realidad en un archivo de ordenador, impresa o incluso publicada.

Aunque me encuentro cómodo con libreta y bolígrafo, tengo la sensación de haberme quedado anticuado. Sin duda exploraré smartphones y tabletas. ¿Qué experiencia tenéis vosotros? ¿Cómo cazáis ideas? ¿Sois también usuarios de papel o habéis evolucionado a lo digital?

Imagen propia de Diludia, la libreta que estoy utilizando ahora mismo, con fondo de paisaje a modo de demostración de que puede llevarse a cualquier parte

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