Diluditeca: "El curioso incidente del perro a medianoche"

Hace unos días terminé de leer “El curioso incidente del perro a medianoche”. Como me ha gustado mucho, quiero incluirlo en la “diluditeca” y compartir con vosotros unos comentarios en el blog. Pero antes de sacar el bisturí para diseccionar el libro, quiero hablar un poco de astronomía.
Siempre me ha gustado la astronomía. Especialmente de niño y de adolescente. Sin embargo, poco a poco se ha convertido en una afición secundaria. En realidad, me sigue fascinando tanto como al principio, y creo que la única razón por la que apenas dedico tiempo a la astronomía es la falta de cómplices. Resulta mucho más fácil mantener aficiones como el fútbol o las que nos dicte la televisión según la temporada (música, baile o cocina), que cuentan con millones de seguidores con los que compartirlas. Nunca faltarán interlocutores para opinar de fútbol o del reality de moda, incluso hasta un desconocido en el ascensor puede valer. Por eso me apena no tener casi nadie con quien hablar de astronomía y me alegra tanto contar con mis compañeros de Verbo Azul y los seguidores de Diludia para hablar de escritura y literatura en general.
Cuando iba al instituto leí, entre otros muchos libros de astronomía, “Historia del tiempo” de Stephen Hawking. Recuerdo perfectamente que el libro incluía una única ecuación. El autor insistía en que sólo incluía una porque un amigo le había dicho que por cada ecuación que añadiera el número de lectores de “Historia del tiempo” se reduciría a la mitad. A lo mejor por eso no hablamos de astronomía en nuestro día a día, para que nuestro número de amigos no se reduzca a la mitad.
Christopher, el protagonista de “El curioso incidente del perro a medianoche”, es un niño de quince años apasionado por la astronomía. Consigue una complicidad muy fuerte con el lector porque el libro está escrito en primera persona: Christopher nos habla directamente. Y, además, lo hace con total sinceridad porque su cerebro no concibe las mentiras (el autor no lo especifica, pero al parecer padece síndrome de Asperger). Mark Haddon, el autor, incluye gráficos, esquemas y referencias matemáticas sin ningún complejo, de alguna manera siendo más valiente que Stephen Hawking, porque el libro se presenta como si lo hubiera escrito el propio protagonista.
Os podéis imaginar que el flechazo que he sentido por el libro ha sido inmediato. ¡Una novela que saca las matemáticas de escondites íntimos y las pone en primera línea! Lo más curioso fue encontrarme en la página 24 con un dibujo de una pieza de un rompecabezas de Chistopher, ¡y reconocerla! Este mismo verano mi cuñado Javier (que es además el diseñador del logo de Diludia) me regaló un rompecabezas. De gran dificultad, para “advanced puzzlers” según la caja. Precisamente la pieza clave del juego es la que dibuja Christopher en el libro. La verdad es que lo resolví incluso en menos tiempo del que creía, pero estoy seguro de que Chistopher lo logró en menos tiempo aún.
Es un acierto absoluto utilizar la primera persona en este libro, hacerlo además como si el propio protagonista lo hubiera escrito incluyendo detalles divertidísimos que sólo un niño como Christopher se atrevería a publicar. La primera persona es además muy adecuada para contar una historia de investigación, ya que así el lector descubre cada pista a la vez que el protagonista y avanza con él en sus pesquisas. En realidad, esto puede hacerse también con un narrador en tercera persona si lo ponemos a modo de cámara subjetiva y escribimos desde el punto de vista del protagonista. En Harry Potter pasa esto, se nos introduce en el mundo mágico de la mano de Harry, y avanzamos a su lado en la resolución de los numerosos misterios que se plantean, pero siempre con un narrador en tercera persona.
“El curioso incidente del perro a medianoche” cuenta una historia. El logro de la novela consiste en cómo se cuenta más que en la historia en sí misma. La elección de tipo de narrador, tiempos y escenas es magistral. Y no se queda ahí. Hay novelas que influyen de alguna manera especial en el lector. ¿No os ha pasado que leyendo “El perfume” de Patrick Süskind os parecía tener el olfato mucho más sensible? De una forma similar, “El curioso incidente del perro a medianoche” consigue que el lector piense y se exprese con la particular clarividencia de un niño con síndrome de Asperger, con esa combinación de ingenuidad e inteligencia, haciéndolo todo mucho más lógico y más simple y dándonos cuenta de miles de costumbres absurdas de nuestra sociedad. Como por ejemplo no considerar interesante cosas como la astronomía, que en realidad sí lo son, y mucho.
Estoy encantado de inaugurar la “diluditeca” con “El curioso incidente del perro a medianoche” de Mark Haddon. Espero incorporar mucho más libros a esta biblioteca particular y compartir en este blog críticas y comentarios.

Imágenes: elaboración propia. (1) Foto de la portada del ejemplar de “El curioso incidente del perro a medianoche” que me dejaron y me leí. (2) El libro abierto por la página 24 junto al rompecabezas que me regaló mi cuñado. No he querido desmontarlo para que podáis comprobar que efectivamente hay una pieza igual a la que se dibuja en el libro porque es verdaderamente difícil volver a armar el puzle: no sólo es entender cómo hay que colocar las piezas, se necesita además mucha maña para sujetarlo y que no se derrumbe.

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