El misterio como fuente de inspiración

El misterio y el terror me afectan. Sí, soy miedoso. Una película del género, una buena historia o un reportaje sobre lo oculto o paranormal me pueden hacer sospechar de las sombras o tener una pesadilla. Por eso he desarrollado una técnica de inmunidad frente al terror que, además, se ha revelado también como una potente fuente de inspiración.

Una de las características que más aprecio en una obra literaria es la inmersión que pueden conseguir. Hay libros en los que uno se introduce tanto que se pierde la conciencia de la realidad. De repente no estamos leyendo en el metro, sino que viajamos con un hechicero llamado Achamian hacia una guerra santa en un mundo fantástico. O no estamos en nuestra casa, sino que acompañamos a un niño con síndrome de Asperger en sus investigaciones y descubrimos juntos las pistas del asesinato de un perro. No me gusta que me saquen de la inmersión literaria al mundo real, sobre todo si es de forma brusca o forzada: suena el teléfono, llego a la parada de metro donde me bajo, etc. Lo que un segundo atrás era todo un mundo de repente pasa a ser sólo un libro y nos enfrentamos en frío a lo cotidiano de nuevo.

Pero en el caso del terror, a veces conviene alejarse un poco de la ficción planteada y recordar que no es real. Eso es precisamente lo que hago para no pasar miedo, interrumpir la inmersión trayendo al primer plano de mi cabeza unas cuantas cosas cotidianas. Uno es menos susceptible de creer en espíritus cuando piensa, por ejemplo, que queda poca leche y hay que ir a comprar.

En algunos casos, el misterio no se nos presenta como ficción, sino que es algo que nos cuenta un periodista, una investigación real, hechos inexplicables y enigmas. Programas como Milenio 3, Espacio en Blanco o Cuarto Milenio usan esta aproximación. Si se nos está ofreciendo información periodística, que no es precisamente ficción, ¿cómo podemos inmunizarnos al miedo que nos pueda suscitar? En estos casos, la técnica consiste en asumir que las historias que cuentan estos programas no son reales, sino que se trata de pura ficción y el formato periodístico sólo una manera de contarlo que pretende conseguir mayor inmersión.

Aplicando esta técnica, que tiene un poquito de autoengaño pero que a a mí me resulta útil (y probablemente también a cualquier otro miedoso) , he conseguido escuchar algunos fragmentos de estos programas de radio o he visto algún episodio completo de Cuarto Milenio. Además de atenuar el miedo, ha sucedido algo muy interesante: las historias originales me han inspirado tanto variantes de las mismas como creaciones propias en el marco de lo oculto y paranormal. De hecho, los programas de misterio son muy sugerentes, activan de una manera muy fuerte la imaginación, y me gustan como fuente de inspiración. Desfilan por ellos extraterrestres, espíritus, conspiraciones y toda clase de elementos típicos de la literatura de fantasía, ciencia ficción o terror, por lo que suponen una fuente casi inagotable de nuevas ideas.

En definitiva, he buscado cómo atenuar el miedo que algunos contenidos provocan y, por el camino, he encontrado en el misterio una fuente de inspiración de lo más prolífica e interesante. Probad a ver con esta filosofía la próxima emisión de un programa de misterio, seguro que se os ocurren unas cuantas historias originales y alternativas que contar.

Imagen: una noche que bien podría ser misteriosa y albergar unas cuantas preguntas sin respuesta. Obtenida en Pixabay, del artista geric10 y bajo licencia CC0 de dominio público

Comentarios

Imagen de eolmos

Creo que nadie me considera miedosa. Nunca me ha molestado quedarme sola en una casa, por muy aislada que se encuentre. Tampoco me imagino cosas raras a partir de ruidos ni tengo pesadillas con sucesos paranormales. Sin embargo, esa inmunidad frente al miedo se esfuma cuando veo una película de terror. Aparece un nuevo yo vulnerable y poco razonable. Miro constantemente a mis espaldas y, si tengo a alguien a mano, le condeno a mi lado. Es toda una metamorfosis. Mi opción hasta ahora ha sido huir de la fuente de terror. Probaré con tu recomendación. Además, a mí siempre me falta leche... 

Imagen de Joseto Romero

Las películas de terror, entonces, cumplen perfectamente su objetivo y consiguen la inmersión necesaria para que el miedo se materialice. Por eso pensar que me falta leche y debo apuntarlo en la lista de la compra puede ser efectivo, porque es algo que te arranca de la inmersión. Po otro lado, tengo que advertir que aplicar el truco no es gratuito: al salir de la inmersión, también ocurre que disfrutamos menos de la obra que nos tenía atrapados (en este caso, la película de miedo). Ya nos dirás si ha funcionado el truco y, sobre todo, si merece la pena aplicarlo teniendo en cuenta su coste.

¡Saludos!

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