Prólogos personalizados

Me dispuse a leer el Quijote cuando era adolescente, con 15 ó 16 años. Abordé el libro por el principio, desde la primera página, y lo primero que encontré fue el prólogo. No un prólogo breve ni ligero, sino un completo y profundo estudio filológico sobre el Quijote. Para un adolescente, demasiado sesudo y aburrido.

No penséis que yo era un mal lector: por aquel entonces ya había devorado más de cien libros, algunos de cierta profundidad y otros con un volumen muy considerable de páginas. Pero aquella introducción tan exhaustiva me aburrió tanto que huí del libro, lo abandoné con el prólogo a medias y ni siquiera me asomé al primer capítulo del Quijote en sí mismo.

Estoy seguro de que, de haber sido entonces un lector más transgresor que disciplinado, me hubiera saltado el prólogo para ir directo al texto y me hubiera enganchado a la lectura del Quijote. Pero por aquél entonces no me parecía de buen lector eso de saltar fragmentos, ni siquiera del prólogo.

La cuestión, estoy convencido, era simplemente que el prólogo no estaba adaptado para un adolescente.

Ahora estoy leyendo  El Conde Lucanor, la edición de Cátedra, que incluye también una introducción de un experto. En esta ocasión, con treinta y pico años, he disfrutado el prólogo, no me ha parecido en absoluto largo, he leído con interés los detalles de la vida del autor, su contexto histórico y el análisis de su obra. De hecho, el prólogo ha ido alimentando mis ganas por comenzar a leer el texto original y me está haciendo apreciar cada uno de los ejemplos de Patronio. Estoy disfrutando la lectura más gracias al estudio introductorio.

Evidentemente, el factor que verdaderamente ha cambiado y ha determinado el resultado de mis acercamientos al Quijote y al Conde Lucanor no es otro que mi propia edad. Y esto me lleva a pensar en que sería interesante poder contar con un prólogo personalizado para cada lector y para cada momento.

Creo que en las obras clásicas el contenido original debe ser inmutable. Pueden crearse libros con funciones extendidas, ilustrados o interactivos, pero el texto original permanece. Sin embargo, el prólogo no forma parte del clásico como tal, puede ser adaptativo y sería una gran idea ofrecer en un menú prólogos para adolescentes, treintañeros, estudiantes de filología, extranjeros, o cualquier otro segmento que pueda interesar.

Lo mismo, si procede, podría hacerse con los apéndices y anexos.

Así, una obra original no tendría por qué perder lectores por el hecho de tener un prólogo poco adaptado a cada persona. El márketing podría producir prólogos en función de la segmentación de mercado, por qué no. Y en el caso de las obras clásicas, con los derechos de autor ya vencidos y siendo los originales de dominio público, los prólogos personalizados pueden abrir una nueva vía de comercialización, de aporte de valor diferencial que vuelva a convertir los clásicos en productos. Un libro electrónico podría ofrecer este menú de diferentes opciones de prólogos y sugerir el más conveniente para el perfil de lector que tiene delante. Incluso en un extremo los prólogos podrían producirse como pequeñas obras totalmente separadas de la original, dando lugar a una nube de prólogos creados por muy distintos expertos o incluso por cualquier lector aplicado, y dar lugar a diferentes modelos de producción y distribución de prólogos que podrían abarcar hasta el peer to peer o P2P. Imaginaos añadir a vuestro ebook del Quijote el prólogo creado por un escritor contemporáneo, o por un futbolista de moda que resulta ser un apasionado de la lectura total, o por uno de tus amigos de Facebook que no es famoso pero con quien hablas de literatura habitualmente y te interesa mucho su punto de vista. Imagina que escribes un libro de misterio y por una carambola de la vida Stephen King lo encuentra y decide lanzar un prólogo abierto.

Creo que los prólogos personalizados son un concepto interesante para estudiar más en profundidad. Pienso que pueden aplicar perfectamente a obras clásicas, pero también a otros géneros como ciencia ficción, fantasía o cualquier otro, o incluso para libros de no ficción: imagina poder elegir entre el prólogo de Bill Gates o el de Mark Zuckerberg para un libro sobre Internet. ¿Qué os parece todo esto? ¿Qué posibilidades le veis?

Por cierto, veinte años después aún no he sido capaz de retomar el Quijote, pero seguro que lo haré pronto.

Imagen tomada de flickr del usuario nicointokio con licencia CC BY-NC-SA 2.0

 

Comentarios

Imagen de Elena

Qué  bueno! Prólogos  personalizados! Podían seleccionarse automáticamente  teniendo en cuenta tus gustos  literarios haciendo un estudio estadístico a partir de tu propia biblioteca del ebook.

Imagen de Joseto Romero

Gracias, Elena, por tu comentario. Sí, si hay varias opciones podrían seleccionarse automáticamente y sugerirse al lector, como tantos otros recomendadores.

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