Un oficio no tan solitario

 

El pasado 30 de octubre viví una estupenda tarde poética en la sede de Verbo Azul, en el castillo pequeño de Valderas en Alcorcón. Hace ya unos años que realizo mi actividad en esta asociación de escritores principalmente a través de internet. También asisto en la medida de lo posible a recitales, presentaciones de libros y otros eventos que realizamos o en los que participamos. Pero hacía mucho que no me dejaba caer por nuestra sede principal, ese espacio dentro del centro cultural que alberga tertulias, proyectos y el día a día de Verbo Azul, su pulso. La excusa era la de realizar unas grabaciones para el segundo especial de poesía de “A voz en cuento”, el blog de José Jesús García Rueda donde podréis encontrar magnífica literatura para escuchar, no en formato texto, sino en podcast.

Planteamos esta colaboración en verano y poco a poco la hemos desarrollado como se hacen estas cosas, juntando trocitos de tiempo libre, con mucho cariño y con un buen número de correos electrónicos enviados y recibidos. El resultado es estupendo y no puedo dejar de recomendar visitar el enlace.

La experiencia de la colaboración me ha hecho reflexionar sobre la cantidad de personas y de trabajo en grupo que entra en juego cada vez que se quiere llevar adelante una acción en literatura. Lanzar una revista, convocar un concurso, organizar un recital o una presentación, preparar una nueva publicación de otro autor, planear una sesión de cuentacuentos para niños, escribir un texto específico para una colaboración o por encargo… He participado en todo este tipo de actividades. Son muy satisfactorias y, sobre todo, se realizan entre varias personas, en equipo.

Del oficio de escritor se suele decir que es solitario. Los lectores son un tipo de compañía que llega después de hacer el trabajo. Los personajes son una compañía agradable, pero ficticia. Sí, el teclado sólo admite un par de manos a la vez y la ficción, en la mayoría de los casos, es cosa de un único cerebro. Pero ser escritor, a mi modo de ver, es también colaborar, asociarse, entusiasmarse con proyectos conjuntos por pequeños que sean. Por eso no se trata de un oficio tan solitario en realidad y puede convertirse en algo tremendamente social. Aparte de escribir mil páginas, para ser escritor veo necesario zambullirse en el ambiente literario de tu barrio o de alguna comunidad de internet, responder a los retos o encargos y lanzar tus propias propuestas de colaboración.

Os aseguro que compartir literatura es mágico. Compartir una tarde grabando las voces de esos poetas y amigos que tantas veces he escuchado en recitales y otros directos era emocionante, como lo es reproducir ahora el podcast. Además, como cada vez que me rodeo de Verbo Azul, aprendí algunas cosas, como que la poesía no tiene prisa, que es humana y respira en los silencios y que, aunque insistamos en conservarla en recipientes impresos o en pistas de audio, de alguna manera la poesía siempre vive en directo.

Imagen: castillo pequeño de San José de Valderas en 2007, tomada de flickr del usuario alcorconsolidario y con algunos derechos reservados.

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