La escena adecuada

Pasé un curso de erasmus en Reading, Reino Unido. Me alojé en una residencia, como solían hacerlo todos los estudiantes de primer año y los que, como yo, eran extranjeros. Los universitarios a partir de su segundo año solían buscar una casa de alquiler, normalmente compartida. Cada opción tenía sus ventajas e inconvenientes. Por ejemplo, en la residencia uno tenía un comedor gigante y un horario fijo de desayuno, comida y cena. Aunque estar sujeto a un horario puede no ser lo ideal, en realidad a mí me encantaba porque siempre coincidía con un buen grupo de amigos. Incluso aunque la noche anterior me hubiera acostado muy tarde por haber salido o por haberme quedado a hacer algún trabajo, siempre me levantaba para el desayuno.
Un día sin embargo no fui a desayunar. Estaba malo. Un resfriado. Me quedé en la cama y sólo me animé a bajar a tomar algo para la comida. Hice la cola del comedor con la cabeza gacha, bandeja, cubiertos y elección de los platos que creía mejor sentarían para el resfriado. Después, busqué una mesa vacía lo más apartada posible para sentarme solo y aislado.
–¿Qué haces aquí solo?
Levanté la vista. Uno de mis amigos franceses.
–Es que estoy malo, quería comer rápido y no sentarme acompañado para no contagiaros.
–Tonterías
Dejó su bandeja junto a la mía y se fue a buscar al resto de amigos de la pandilla. Al momento la mesa estaba llena y me vi rodeado de los que, durante aquellos meses, eran algo así como mi familia. No hablé apenas durante la comida, pero no paré de recibir cariño y ánimos y me sentí mucho mejor.

Esta es una de las escenas que mejor recuerdo me ha dejado de mi año erasmus. En realidad, aquí la he mostrado sólo esbozada, sin poner nombre a las personas y sin dar demasiado detalle. Para mí es un recuerdo estupendo y, además, algo de utilidad para la ficción. Esta escena es aplicable a cualquier obra de ficción que incluya comedores comunes y donde se quiera hablar de amistad.

En nuestra vida ocurren numerosas escenas de este tipo. No hay nada como basarse en la realidad para conseguir una escena adecuada también en la ficción.

Hoy escribo con fiebre este post. Permitidme haber traído esta vivencia a Diludia con su pequeña aportación a la ficción, y también que lo deje aquí sin más y vaya a descansar.

 

Imagen: exterior del Childs Hall que me albergó unos meses. Foto tomada por alguno de mis amigos en septiembre de 2004, recién llegados allí.

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