Ficción paramétrica

Vale, reconozco que “ficción paramétrica” es un título tremendamente friki. Algunos estaréis encantados y deseosos de leer de qué va, y otros a punto de abandonar esta página y navegar a otro sitio. ¡Esperad! El concepto es muy interesante y prometo ser ameno.

Empecemos con una explicación simple de qué es la ficción paramétrica. Muy directo: la ficción en la que uno o varios de sus elementos o de sus características, en vez de fijos, son variables o configurables. Mejor con un ejemplo. Imaginad que el cuento de Caperucita Roja pudiera ser Caperucita Verde. Imaginad que el cuento de Caperucita permitiera elegir el color favorito del niño que lo va a leer. Para tu hijo puede ser “Caperucita Amarilla” y para uno de tus sobrinos “Caperucita Azul”. Y, ¿acaso necesitaríamos 12 versiones del mismo cuento para cubrir toda la gama de una caja de Plastidecor? Por supuesto que no, simplemente debemos escribir un cuento donde el color de Caperucita sea un parámetro que podamos elegir. De la misma manera, podríamos generar por ejemplo el cuento de “El flautista de Alcorcón” si utilizamos en lugar de la ciudad de Hamelín un parámetro para indicar la ciudad que queramos.

En ficción, y en literatura en particular, el uso de parámetros abre miles de posibilidades. Los dispositivos electrónicos permiten que los textos sean dinámicos, que muestren al lector la versión que más convenga en cada caso. Hay herramientas como Twine, de la que venimos hablando en Diludia en los últimos posts, que permiten la inserción de variables en el texto. A un procesador de texto moderno deberíamos pedirle una gestión sencilla de variables para que permita escribir literatura paramétrica, entre otras muchas cosas.

Los escritores de hoy en día tenemos a mano las primeras herramientas que permiten realizar este tipo de textos, pero quizá no hayamos abierto la mente aún lo suficiente y sigamos pensado en términos de literatura tradicional, esa que se concibe para ser mostrada en un libro de papel.   Yo me considero el primero que sigue atado a los usos y costumbres tradicionales, pero sí he hecho el esfuerzo de concebir la idea de literatura paramétrica y de pensar algunos de los usos que pueden resultar más interesantes. Estos son los que puedo aportar tras unas primeras reflexiones sobre el asunto. Seguro que a vosotros se os ocurren más, así que os animo a compartirlos con todos en los comentarios.

Parámetros cosméticos: es el tipo utilizado en el ejemplo de Caperucita Roja, y consisten en dar la opción de configurar ciertos atributos principalmente descriptivos. De los personajes, podríamos elegir color de pelo, de piel, estatura o edad. Igualmente, podríamos aplicarlo a objetos: el arma del héroe en un cuento puede ser indistintamente un hacha, una espada o una lanza mientras cumpla su función de acabar con el dragón.

Parámetros de lugar: sustituir “El Flautista de Hamelín” por “El Flautista de Alcorcón” podría ser un mero cambio cosmético. Un mismo relato puede suceder igualmente en una u otra ciudad sin afectar a la trama ni a la intriga. Probablemente ambientar un relato medianamente sofisticado a una ciudad determinada requiera algunos cambios más que el nombre de la ciudad: quizá necesitemos que también sean paramétricos nombres de calles y plazas, la descripción de los escenarios donde ocurren la historia o algunos personajes secundarios para que la adaptación de el relato a distintas ciudades quede realmente integrada.

Parámetros de género: esto es crucial para la literatura en segunda persona, el tipo de narrador usado por ejemplo en “Elige tu propia aventura” donde puede convenir escribir oraciones como “Después de haber escapado corriendo de los malhechores, paras por fin a  descansar. Estás agotado.” En un idioma como el inglés no hay ningún problema en escribir “You're exhausted” porque aplica igual en femenino y en masculino. Pero en español, “Estás agotado” es una frase que margina a la mitad de los lectores que estaban esperando un “Estás agotada”. En la literatura tradicional, esto podía solventarse con una sentencia neutra como “Te invade el agotamiento”, pero este tipo de salidas obliga a retorcer un poco el lenguaje. En literatura paramétrica, la pantalla mostrará el texto “Estás agotado” o “Estás agotada” según convenga, en función del lector que tenga delante.

Parámetros publicitarios: imagínate que has escrito un buen relato sobre cómo un grupo de música de adolescentes alcanza la fama. Imagínate que lo lee un responsable de márketing de cocacola y decide comprarte el relato, pero te pide que, cuando el grupo de amigos se reúnen en una cafetería, en vez de beber un refresco beban Coca-Cola. Imagínate que después cambian de opinión, mejor Aquarius. Un relato paramétrico te permite dejar huecos para la publicidad. Tu protagonista beberá refrescos, conducirá coches o llamará por teléfono. Quizá pueda beber Pepsi, conducir un Ford Fiesta, hablar por un iPhone... y conseguir que tú vivas de la literatura gracias a los ingresos publicitarios.

Literatura en directo: la película “El día de la bestia” de Álex de la Iglesia basa su argumento en que el fin del mundo será el 25 de diciembre de 1995. La película se estrenó en 1995, y así consiguió un buen efecto para los espectadores que la vieron en el cine. Pero no para los que la vimos en la televisión un par de años después. Imagina ahora introducir una fecha paramétrica y que en el diálogo el personaje diga que el mundo llegará a su fin precisamente en la fecha actual, iImagina el impacto de asociar un suceso de tu relato al instante exacto en el que el lector lo lee.

Creo que estos ejemplos dejan ver las posibilidades de una ficción paramétrica. Y son ejemplos que sólo tienen en cuenta el texto. Si además consideramos la integración de contenido multimedia paramétrico, las posibilidades se multiplican.

Y a ti, ¿qué ideas se te ocurren?

 

Imagen: Cuatro búhos, o quizá cuatro versiones de un único búho paramétrico."Andy Warhouwl" de justinhpatterson, tomada de Deviant Art bajo licencia CC BY-SA 3.0

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