EmprendeLibro

 

Hace tiempo comenté en un post que ser escritor no es un oficio tan solitario como muchas veces puede parecer. Y lo decía principalmente por mi pertenencia a Verbo Azul, mi comunidad de escritores de Alcorcón.

Pero emprender, ¿es solitario?

Mi proceso con la escritura ha sido comenzar a crear ficciones antes incluso de saber escribir, para a continuación dar el paso a leer y redactar cuentos aún de niño, empezar a tomarlo en serio, intentar publicar, presentarme a algún concurso, llegar a la conclusión de que necesitaba formación y apuntarme a talleres de adolescente, para después integrarme en una comunidad de escritores y llegar a montar un blog, este Diludia. Un proceso en el que no he parado de escribir y que por el camino ha tenido de todo: práctica, competición, formación, asociación y difusión de mi actividad.

En eso de emprender, si tengo un camino comparte muchas similitudes con el de escritura, pero está siendo otro muy distinto.

Empecé con la intención de emprender y presentándome a un concurso de ideas en la Universidad. Me clasifiqué y comencé la parte de formación junto con otros compañeros, que debía ayudarnos a transformar la idea en una empresa, pero lo dejé a medias para aceptar una beca en París que también había obtenido en paralelo. Unos años después hice un máster en el que una buena parte de las clases nos animaban a emprender, lo complementé con algunos cursos online sobre la materia y también he llegado a asociarme, esta vez a Alcorcón Emprende.

¿Cuál es la diferencia fundamental? Básicamente, que escritor lo soy y emprendedor sólo me gustaría. Escritor lo soy desde aquella vez en preescolar, sin ni siquiera saber escribir, que la profesora nos planteó hacer un dibujo en un folio y después los niños podíamos ir a su mesa para que ella escribiera algo a modo de título o dedicatoria, ya que nosotros aún no sabíamos trazar palabras. Yo, por supuesto, le dicté el microcuento que representaba mi dibujo. Y era algo así como "todas las naves se dirigían a la gran batalla". El dibujo era sólo un fotograma de todo lo que había imaginado, porque había creado una ficción y pinté el momento de equilibrio inestable, de tensión, que consideré que mejor podría hacer imaginar los antecedentes y lo que pasaría después, siendo consciente del concepto de rhythmos de alguna manera infantil. Y, desde entonces, no he dejado de escribir y de plantear ficciones. Sí, lo he acompañado con cursos, con premios literarios, con asociarme con otros escritores o con hacer blogs, con cientos de satélites, pero mi planeta es y siempre ha sido escribir, crear ficción.

Sin embargo, en eso de emprender he dedicado más tiempo a los satélites que al planeta, orbito continuamente alrededor del emprendimiento sin acabar de dar el salto. Mucha intención y poca acción.

Por eso me ha maravillado asistir el pasado viernes 12 de junio al evento “4 retos de transformación del sector editorial”, o #4RTSE, organizado por la iniciativa EmprendeLibro. Más de diez emprendedores geniunos, verdaderos planetas Júpiter, Marte, Venus o Saturno, incluso la propia Tierra y algún exoplaneta, presentaron sus proyectos. Fue una gozada sentarme con algunos de ellos en torno a la misma mesa y lanzar una lluvia de ideas sobre modelos de negocio en el sector de la publicación digital.

No pude evitar sentir un afecto inmediato por las personas y los proyectos que se presentaron en la jornada. Quedaré atento a las iniciativas de Editorial Aluvión, Blue Planet Tales, Ciberia Project, El mago de las palabras, Inspector Cómic, Invasión Editorial, La Grieta, Levook, Palabras Ludo, Where is Shakespeare?, Editolandia o Bulilanga. Espero de verdad que prosperen, tienen mucho que aportarnos a todos.

La experiencia del viernes en el #4RTSE fue una avalancha de energía. Me rodeaban todas esas personas consagradas a proyectos editoriales, con una componente digital destacable y un gran entusiasmo, muy buenas ideas y muchas ganas de llevarlas adelante. Fue maravilloso hablar con ellos, con toda naturalidad, de muchos de los conceptos que desarrollo en Diludia: hiperficción, transmedia, literatura paramétrica, nuevas formas de crear y consumir ficción, etcétera. Resultó una experiencia de lo más agradable saber que la nube de ideas que me ronda en eso de mezclar literatura e Internet también es la obsesión de otras personas, ¡no estoy solo, ni mucho menos! Pero, a la vez, la jornada me causó una extraña sensación: el raro en el evento de EmprendeLibro era yo. Sin duda. Un satélite entre planetas. Ni siquiera estaba en EmprendeLibro como escritor o como miembro de la junta directiva de Alcorcón Emprende, sino como un "profesional de la gestión de la I+D+i", lo que me relegaba a asteroide, cometa o planetoide, como mucho.

Inmerso en el ecosistema solar de EmprendeLibro sentí quería desarrollar mis ideas de proyetos de literatura, ficción e internet mucho más que limitarme a la consultoría de innovación. ¿Por qué si no iba a mantenerme despierto de madrugada para teclear artículos para Diludia? ¿Por que si intercambiaba manuscritos en papel antes de que todos tuviéramos email? ¿O por qué si no me enrolé en Verbo Azul hace más de quince años? ¿O por qué si no me embarqué también en Alcorcón Emprende? ¿Por qué si no, maldita sea, llevo escribiendo desde que tengo memoria y creaba ya de niño programas de ordenador que ponían literatura en colores o diseñaba aventuras conversacionales?

 

Fotografía: tomada de Pixabay del autor AzDude bajo licencia CC0 de dominio público.

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