Biblioteca dedicada

 

 

Hay muchas formas de ordenar una librería. Por grupos de libros del mismo tamaño, por temáticas, por autor, orden alfabético, etc. La librería de mi salón tiene varios espacios curiosos. Uno está ocupado por una enciclopedia universal de veinte volúmenes editada a principios de los ochenta, que me acompañó en decenas de trabajos durante el colegio y el instituto y que me traje de casa de mis padres. Una zona de libros para bebés en la parte más baja para que los pueda alcanzar mi hijo. Otra con los ejemplares de mi colección de “Elige tu propia aventura” de la que ya os he hablado y de la que tengo novedades que comentaré en próximas entradas. Una balda recoge la colección de “Los Cinco” de Enid Blyton que han entrado en casa a golpe de kiosco tras su última reedición de RBA. Y otras partes de la librería contienen grupos de libros heterogéneos. Hoy quiero hacer zoom sobre unos libros muy especiales que, hace unos días, decidí colocar juntos.

¿Qué tienen en común?

Hay poesía, novela, cuento y teatro, son de distintos autores y editoriales, con diferentes tamaños, colores y tipos de encuadernación. Pero todos comparten una característica común muy atractiva. Están dedicados, y la dedicatoria la firma nada menos que el propio autor. Y, más interesante aún, se trata de libros de autores que conozco, algunos además son mis amigos desde hace mucho tiempo, de Verbo Azul o de su entorno como Ana Garrido, Juan José Alcolea, Ana Bella López Biedma o Juana Pinés; otros son antiguos compañeros de cursos de escritura como Loren Fernández. Hay curiosidades como autores tan cercanos entre ellos como que son hermanos, Alberto García y Javier García, y sin embargo sus libros son del todo diferentes. Y, por supuesto, esta particular colección también empieza a poblarse con libros de los que considero mis compañeros de esta primera generación Wlogger, como Juan Miguel Lorite o Goizeder Lamariano.

 

 

Son autores con diferentes trayectorias. No son realmente famosos, aunque algunos acumulen una producción premiada en varias ocasiones y de enorme calidad como para merecerlo. Pero todos significan algo para mí y estoy enormemente agradecido por sus dedicatorias.

Espero hacer crecer mi biblioteca dedicada. La experiencia de lectura de estos libros es fascinante, llena de matices, muy distinta a la que puede ofrecer un best seller o un autor de otro tiempo a quien no conoceremos ni siquiera por televisión. Se disfruta cada página, entusiasma cada acierto, giro, escena o estrofa brillante. Además de la gran alegría de ver autores afines que han creado publicaciones de calidad, leer estos libros alimenta al escritor que llevo dentro, me anima, me muestra un horizonte alcanzable, un siguiente paso mucho más abordable que el lejano autor consagrado mientras que, por otro lado, me carga de humildad: me hacen más consciente del trabajo que lleva la escritura.

 

 

Estoy conociendo nuevos autores y espero descubrir otros compañeros de viaje literario, ya sea personalmente, a través de la magia digital, en locuras como el Nanowrimo o en grupos a los que me he icorporado hace poco como Dédalo.

Si tienes un escritor en tu entorno, amigo, conocido o simplemente sigues el blog de un autor, ¡aprovecha y crea tu propia biblioteca dedicada!

Mi balda especial de la librería del salón está esperando vuestros libros. 

 

Imágenes: (1) ejemplo de librería bien poblada y colorida, tomada de Flickr del autor David Orban bajo licencia CC BY 2.0; (2) y (3) fotografías propias, prosa y teatro primero y poesía después.

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