El placer de escribir (11-15)

 

Sigo trabajando detenidamente, fascículo a fascículo, el curso “El placer de escribir”. Como sabéis, mi estudio va más allá de la mera lectura de cada entrega: incluye un primer vistazo rápido y a continuación una lectura detenida. Después, tomo un cuaderno y dibujo esquemas, escribo resúmenes y anoto reflexiones propias que añaden mi punto de vista y, en ocasiones, amplían lo aprendido. Para todo esto, suelo realizar una nueva lectura de partes seleccionadas del fascículo. Además, por supuesto, cumplo con las actividades propuestas a modo de deberes: este es uno de los puntos más interesantes porque lo hago con la novela que estoy ideando en mente, aplico los ejercicios sobre algo concreto y así voy creando fichas de personajes, ensayando distintos tipos de narrador o probando ideas sobre una misma historia.  Aunque los textos que escriban seguramente no formen parte de la novela definitiva, su construcción me ayuda a estar en contexto y a perfilar la trama. Como última actividad, cada cinco lecciones escribo un artículo en Diludia comentando la experiencia de realización de este curso. Hoy traigo los comentarios correspondientes a las lecciones 11 a 15.

El curso continúa inmerso de lleno en los conceptos principales de la narración. Lo agradezco. Intuyo que esta etapa del curso tiene más complejidad que otras por venir, y  a estas alturas uno ya se ha hecho a la idea de que escribir es un verdadero trabajo. Muy satisfactorio, sí, pero un trabajo en el que cuentan mucho tanto la dedicación como la técnica, el uso consciente de los distintos recursos y herramientas, y que la inspiración no es por sí sola suficiente como motor para una novela. Los fascículos estudiados en este bloque son:

11. Describir en 3D: construir un escenario verosímil
12. La caracterización: conoce a tus personajes como a ti mismo
13. Los personajes: cómo hacer que seduzcan
14. Viajando en el tiempo: de historia a trama
15. Buscando problemas: el conflicto narrativo

Simplificando, el fascículo 11 se centra en el escenario, el 12 y el 13 en los personajes y el 14 y el 15 en la trama. En realidad, uno no puede hablar de escenario o de trama sin hacerlo también de los personajes, por lo que nunca se pierde de vista la globalidad aunque se ponga el foco principal en uno u otro aspecto.

Del fascículo 11 me quedo con unos esquemas de fases de la descripción, tipos de descripción y funciones de los lugares o espacios que considero de lo más práctico. Es una lección con mucho encanto, pero que además permite resumir en esquemas muy claritos el contenido. Estoy seguro de que utilizaré mi cuaderno más de una vez en el futuro, para escribir.

Los fascículos 12 y 13 están entrechamente relacionados entre sí. El 12 trata primero de cómo crear un personaje (digamos, el trabajo del escritor hacia dentro) y a continuación enseña cómo presentarlo al lector o caracterizarlo (del escritor hacia afuera). Si un personaje fuera un iceberg, crear el personaje sería su gran parte sumergida mientras que su caracterización sería la punta visible. El fascículo 13, por su parte, habla de cómo hacer que el iceberg sea bonito, no sólo bonito, atrayente, y cómo hacer a partir de arquetipos que nuestro personaje sea original y tangible. Además, enseña que a los personajes hay que ponerlos apuntando hacia un lugar concreto, deben tener un objetivo.

Del objetivo de un personaje y las trabas que encuentra para conseguirlo se habla en profundidad el fascículo 15, quedando muy hiladas entre sí. Me encantó la alternancia de conflictos internos y externos como motor de la trama. El capítulo 14 había sentado previamente las bases para la creación de una trama, además de haber expuesto las principales técnicas para ordenar la información más allá del natural orden cronológico.

El fascículo 16 promete completar aún más el asunto de la trama y, como digo, estoy encantado de que el curso se meta tan de lleno en el meollo de cómo escribir una novela.

Además de las técnicas narrativas, cada fascículo incluye secciones de estilo y técnicas para la creatividad. En el estilo, comentar que me está ayudando a retomar conciencia de ciertos recursos que ya conocía, y también a solucionar problemas concretos como por ejemplo a combatir mi tendencia al leísmo. En cuanto a técnicas para la creatividad, según se van presentando en cada fascículo voy llegando a una conclusión: no creo que me encuentre con bloqueos a la escritura por falta de ideas, ni creo que me bloquee a mitad de redacción. Sin embargo, sí temo bloqueos en la fase de preparación, de cómo transformar las ideas en una buena trama con sentido. Por eso las técnicas de la lección 14 me han parecido especialmente útiles, de cómo alternar con cierta rapidez el funcionamiento de los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro: primero el izquierdo, imagina cosas, después el derecho, aterrízalas, y así sucesivamente, para lograr convertir una maraña de buenas ideas en un hilo nítido.

Ciclos. Alternancias entre hemisferio derecho e izquierdo del cerebro, o entre conflictos internos y externos, o entre descripciones activas y pasivas,  entre obstáculos y periodos de calma, entre contar y mostrar escenas. Otro de los conceptos globales que estoy aprendiendo en este curso es la alternancia como técnica casi universal.

 

Imágenes: (1) Mi avance, tres cuartos del primero de los tres tomos de "El placer de escribir". Fotografía propia. (2) Ciclo, concepto común a muchas de las técnicas literarias y trucos de escritura que estoy aprendiendo. Tomada de Pixabay bajo licencia CC0 de dominio público.

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