¡Ficcionízate!

 

 

Guario era un mago de agua. Tras las Guerras Medias quedó sin poder y, en el último momento, no pudo defender al hijo del rey, que murió en el ataque final. Aunque Guario fue clave para ganar la guerra, el rey enloquecido de dolor lo culpó de la muerte de su heredero. Guario fue desterrado y condenado a vagar por el desierto. Allí su magia no servía y fue dado por muerto. Cuando estaba al límite de sus fuerzas, el destino puso un oasis en su camino. Allí Guario pudo recuperarse. Hizo acopio de fuerzas para atravesar la segunda mitad del desierto y llegar al otro lado del mundo, hasta la orilla del gran océano. Allí Guario recuperó de nuevo todo su poder.

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La isla de Orialco había desaparecido completamente. Los espías de Lezmeriah sabían que nadie tenía poder suficiente para hacer desaparecer una isla de la noche a la mañana. Por eso convocaron a Cicinea en el Círculo Neutro. Allí, las fuerzas oscuras de Lezmeriah no tenían poder alguno. Tampoco la magia blanca de Cicinea.
–Sabía que vendrías.
Lezmeriah sonrió. Su lucha contra la maga blanca duraba ya milenios. Sabía que Cicinea no confiaría en él, a menos que demostrara su renuncia absoluta a la lucha. Sólo el Círculo Neutro garantizaba esas condiciones.
–El asunto de la isla de Orialco trasciende nuestro entendimiento –intervino Cicinea sin rodeos–, es un poder que llega de otra dimensión inestable. Podría destruirnos por completo de un momento a otro.
–Nuestro mundo se tambalea, sí, pero aún tenemos una oportunidad. Mis espías han averiguado algo, maga blanca. Un portal se abrirá. Durante un instante, conectaremos con la dimensión hostil y podremos penetrar en ella.
–Eso no es posible.
–Sí lo es. El conjuro de transdimensionalidad existe... pero las fuerzas necesarias para dominarlo requiren que trabajemos juntos.  Debemos fusionarnos en un sólo ser capaz de acceder a la dimensión hostil. No sé qué fuerza tendremos allí. Quizá no podamos aniquilar la amenaza, pero intentaremos al menos alejarla.
Cicinea guardó silencio. En aquel momento no necesitaba de sortilegios y poderes: bastaba con fijarse bien para leer la verdad, por primera vez en milenios, en los ojos de Lezmeriah... y también para leer su miedo.
–Cuenta conmigo.

El párrafo de Guario, el mago de agua, corresponde a una ficcionización. El fragmento de Lezmeriah y Cicinea corresponde a otra.

La primera cuenta la historia de una botella que, una vez vacía, ya no sirve. Tras dar un par de vueltas por casa finalmente es arrojada al contenedor de reciclaje de vidrio. A partir de ahí, comenzará un periplo hasta transformarse en una nueva botella y ser de nuevo útil. La historia de Guario el mago de agua no es más que la “ficcionización” de un hecho cotidiano.

La segunda ficcionización trata de un avance médico que puede ayudar en la lucha contra la enfermedad de Alzheimer. En particular, se centra en una persona que está empezando a olvidar algunas cosas pero, gracias a la ciencia, puede quizá no curarse, pero al menos sí retrasar la enfermedad y prolongar su vida autónoma. “Ficcionizando” sobre esto se llega a un fragmento fantástico como el expuesto o a cualquier otro igual de inventivo o fantástico.

Con este artículo quiero animarte a ficcionizarte. A tomar cualquier situación cotidiana, noticia o casualidad que suceda a tu alrededor y saturarla de fantasía sin contemplaciones. Mézclala con dragones, magos, naves espaciales, ejércitos épicos, nuevos planetas y dimensiones, mitologías, ciberpunk, unicornios, vampiros, robots, rayos láser, héroes, dioses y cualquier cosa exagerada y fantástica que se te ocurra. Hazla mucho más grande, mucho más pequeña, cámbiale el color, dale la vuelta... como si fuera plastilina.

 

 

Un plato puede ser un continente, las escaleras automáticas del metro un ascensor espacial, cruzar la calle una misión de máximo peligro… todo vale. Puede que con eso te salga un fragmento de texto cualquiera, que te ayude a componer un microcuento o una obra más extensa, o puede que te estimule como para empezar a construir poco a poco tu propio universo de ficción. Sea lo que sea, será algo positivo. Lo mejor de todo es que uno puede aparentar absoluta normalidad en su vida cotidiana y estar “ficcionando” sin que nadie más lo sepa. Quizá mañana mismo te conviertas en un elemento de las ficciones que estén creando en secreto las personas a tu alrededor cuando vayas al trabajo, al supermercado o conduzcas el coche. Quizá incluso seas tú quien fantasee en mitad de una reunión o mientras montas en bici. Quizás estés creando ficciones ahora mismo mientras aparentas leer un blog.

 

Imágenes: fantasía exagerada en un dragón y café como elemento cotidiano por excelencia. Tomadas de internet, de dominio público.

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