Balance 2015, brújula 2016

El año 2015 termina. Ha pasado rápido y el tiempo se me ha escurrido entre las manos. La llegada de la Navidad me ha cogido casi desprevenido, como a medio vestir con sólo los calcetines y los calzoncillos puestos, con varios proyectos en marcha. He sacado adelante bastante trabajo literario, pero sabe a poco sobre todo porque me enfrento al cambio de año con muchas cosas sin terminar. Solo cuatro cuentos cortos (algunos, como el último, extremadamente corto, un micro de alrededor de 200 palabras) es un balance escaso de obras concluidas. Pero, ¿y la actividad real? Eso, mucho mejor: he podido colaborar en algunas acciones de Verbo Azul, y en particular, en los números 19 y 20 de “La hoja azul en blanco”, me he iniciado en el haiku, he vuelto a experimentar esa maravillosa sensación de estar escribiendo una novela, he llevado adelante la web de Diludia, he visitado las ferias del libro de Londres, Frankfurt y Liber en Madrid, he descubierto la asociación Dédalo de Ficción Interactiva, me he asomado al NaNoWriMo, a algunas experiencias transmedia y, a la vez, a la literatura castellana más antigua, he aprendido a usar Scrivener y he dado por fin con un entorno de escritura para mi ordenador con el que me siento cómodo, he cacharreado con Twine, he aprendido sobre las tripas del formato ePUB, he conocido varios wloggers y autores gracias a Diludia y al “cuento del mes”, he podido charlar sobre libros y ficción con muchas personas interesantes… y puede que me deje aún cosas sin mencionar. Pero quizá lo más importante ha sido identificar la literatura como mi centro de gravedad, ese agujero negro hacia donde se precipitan todas las materias que me orbitan, lo que estira y espaguetiza cada idea y cada concepto mientras lo engulle. En resumen: soy escritor.

Quiero retomar en este último artículo del año los propósitos literarios que me hice para 2015 y evaluar si los he cumplido. Hacer balance es la parte fácil, no hay más que contrastar esos propósitos con la realidad. Pero también quiero hacer el ejercicio difícil, el de plantear nuevos objetivos para 2016, y hacerlo a modo de programa electoral (o de como deberían ser), en esa estrecha zona de intersección entre utopía y realismo.

¡Vamos con ello! Recupero los propósitos de 2015:

 

52 artículos nuevos para el blog de Diludia. Es decir, un artículo por semana. Contando este, he publicado 51. El fin de semana del 19 de septiembre no publiqué nada. Fallé y esa es la razón por la que he sacado un artículo menos de lo previsto. A pesar de ese tropezón, considero el objetivo cumplido. Además, aprendí algunas cosas la semana que dejé Diludia en blanco. Lo primero, que hay mil razones por las que esto puede pasar pero, por suerte, no por falta de ideas, ¡cada vez tengo más cosas que contar! Lo segundo que aprendí es que internet no se derrumba por una cosa así, ni siquiera Diludia... No es agradable como blogger dejar pasar una semana en blanco, desde luego, pero creo que es mejor publicar con menos frecuencia que hacerlo forzado. En definitiva detrás de Diludia sólo hay una persona, no una máquina o una empresa.

Mejoras en la web. He realizado algunas, como una reestructuración de la barra lateral izquierda que incluye algunas pequeñas novedades como el “artículo aleatorio”, los enlaces a Verbo Azul y Dédalo o los anuncios (sí, estoy probando si pueden ayudarme a pagar el hosting y el registro de dominio) u otras cosas no visibles como algunas medidas antispam (incluso una web tan simplona como ésta sufre ataques, ¿os lo podéis creer?), pero sigo con otras mejoras pendientes, como la agenda de eventos o una opción de navegar por etiquetas o temáticas. Lo cierto es que he priorizado el contenido y he dedicado poco tiempo a los otros aspectos de la web. Diría que este es un propósito cumplido solo a medias.

Estudio metódico de escritura. Con esto me refería al curso "El placer de escribir". Lo empecé este verano y he ido contando mis avances en Diludia, cada vez que completaba el estudio de 5 entregas. Ahora mismo estoy con los números 16 a 20. He cubierto el 25%. También tengo que decir que estoy llevando el curso a conciencia, mucho más allá de leer los fascículos, hago también resúmenes y esquemas, escribo los textos propuestos a modo de deberes y a menudo completo algunos conceptos con ideas propias.

Iniciación al haiku. Me he iniciado, sin duda… pero con un resultado que no me esperaba hace un año. He aprendido las nociones suficientes del haiku como para darme cuenta de que mi planteamiento inicial, basado casi exclusivamente en los aspectos formales del esquema 5-7-5, era una auténtica aberración. Mi relación con el haiku es ahora difícil (lo cuento aquí). Aún así, considero el objetivo cumplido.

Borrador de la novela. La excusa del NaNoWriMo me valió para comenzar el borrador, para poner juntas todas esas notas que he ido tomando a lo largo de los últimos años y aterrizarlas. Tuve un par de momentos realmente mágicos tecleando, en los que era un escritor, un novelista, un gigante. También tuve otros ratos en los que tomé conciencia de los agujeros que aún presenta mi trama y me sentí más pequeño: necesitaría realmente muchas horas para completar el borrador, incluso con la ayuda de Scrivener la tarea era grande. No pude con ello. Propósito no conseguido.

 

Recuento final: de 5 propósitos planteados para 2015 considero que he cumplido con solvencia 2, otros 2 se me quedaron a medias y 1, aunque al menos lo abordé, se quedó como derrota total. En globa, una calificación de pichí pichá.

¿Qué espero para 2016? ¡Cuidado! Tengo muchas más ganas de emprender proyectos literarios que tiempo para hacerlos. Por eso quiero enfocarme en cosas muy concretas. Es duro descartar, y de verdad que voy a dejar al margen cosas muy atractivas, pero para 2016 prefiero abordar menos cosas y llevarlas hasta el final que empezar mil y dejarlas a medias: quiero que las próximas Navidades me encuentren vestido. Ahí va la propuesta para un nuevo año literario:

 

40 artículos. Publicar al menos 40 artículos en Diludia: continuar con uno a la semana como norma general, pero permitir alguna en blanco si es necesario. Seguramente acabe publicando alrededor de 50 porque me encanta redactar el post semanal, pero también quiero naturalidad. Si un fin de semana no puede ser, ¡ya sé que internet no explota!

6 cuentos. Escribir al menos 6 nuevos cuentos: el formato cuento, además de que me encanta, se adapta bien a mi realidad. He aprendido a generarlos en paralelo a mi vida cotidiana, moldearlos y evolucionarlos en cualquier momento y situación, para rematarlos cuando encuentro un par de horas en las que puedo concentrarme en casa frente al teclado. Una vez fríos, varios días después, un cuento puede necesitar alguna corrección y ya está listo. Pero quiero darle a este propósito un carácter más original: cada cuento nuevo que escriba deberá tener también su propio “writing-of”. Es algo que ya estoy haciendo, pero de forma desordenada, y quiero así incluir este proceso en mi ciclo de trabajo habitual de escribir un cuento.

4 concursos. Presentarme al menos a 4 concursos literarios. Son divertidos, tienen una fecha límite que incita a escribir y ayudan a disipar la pereza. A veces, obligan a crear sobre una temática que a priori no apetece pero luego se disfruta mucho y resulta ser todo un descubrimiento. Los premios, aunque no es sencillo conseguirlos, y más allá de su tamaño o cuantía, contribuyen al currículum literario y son estupendas herramientas para conocer otros escritores.

1 publicación. Publicar un libro de cuentos: tengo material suficiente y hace tiempo que lo estoy planeando. Un libro de cuentos requiere cierta coherencia, un hilo conductor. Si se tratara sólo de juntar texto tras texto ya lo habría solucionado. Mi objetivo es publicar un buen libro, con cuentos que mantengan cierta relación, que se guiñen entre sí algunas palabras, y que puedan definirme lo mejor posible como escritor. ¿Por qué algo tan cuidado? Porque hoy por hoy, aparte de material suelto, no tengo nada publicado en librerías ni en web y será una obra que funcione a modo de carta de presentación.

Completar el curso “el placer de escribir”, al menos hasta la entrega 40. No tengo prisa, pero quiero mantener la dinámica que llevo de tomar apuntes propios, redactar textos a modo de deberes, etc: es la mejor forma de sacarle verdadero provecho al curso.Atender las colaboraciones, tanto las generales en Verbo Azul y Dédalo como con otros escritores en particular. Se aprende mucho y esto de escribir ya es bastante solitario.

 

Con esto me conformo. Podría incluir objetivos sobre otras muchas cosas, como un número de libros a leer, o añadir propósitos sobre Diludia (mejoras en la web, objetivos de suscriptores o de visitas, etc). Podría también colocar entre los propósitos cualquiera de los proyectos que me apetece tanto llevar a cabo (la novela, ficciones explorativas con Twine, hacer una ficción interactiva sobre Beowulf de la que ya tengo esquemitas, probar de nuevo el NaNoWriMo, desarrollar unas ideas de literatura infantil, de literatura colaborativa, etc). Pero no quiero dispersarme y marcar estas prioridades me ayudará: este post es, además del último artículo de este año, una brújula para no perderme en 2016.

¡Felices fiestas!

 

Imágen: brújula sobre un papel vetusto y unas líneas de texto, tomada de internet como libre distribución.

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