El laberinto

Portada de "El laberinto"

 

Una de las novedades literarias que he tenido en 2015 ha sido conocer la asociación de librojuegos y ficción interactiva Dédalo. Me hice socio, claro, y ahora soy uno de ellos.

¿Ahora?

Sí, aunque en realidad ya me había hecho socio, de alguna manera, el 27 de octubre de 1990.

Con once añitos redacté mi primer librojuego,“El laberinto”, a la imagen y semejanza de los libros de “Elige tu propia aventura” de los que he hablado ya algunas veces en Diludia.

He aprovechado que estas navidades pasé por casa de mis padres para rebuscar entre mis viejos papelotes y rescatar “El laberinto”. Es todo artesano. Todo todo. Está hecho con folios A4 plegado en formato cuadernillo que queda con tamaño A5 a modo de libro y escrito a máquina. Son 14 pliegos, el más exterior hace de portada y contraportada pero sólo se conserva la portada. Los otros 13 juntan 52 páginas, 48 de ellos son de contenido, es decir, es un librojuego con 48 secciones. El resto está en blanco o lo usé para datos y resumen de estadísticas: 22 dibujos, 18 historias o finales posibles, y un genial “terminado el día 27 de octubre de 1990” que, si no lo hubiera especificado, no podría decir ahora con exactitud cuántos años tenía cuando lo escribí. Los dibujos son hechos directamente sobre el original con lápiz y coloreados con pinturas de palo. ¡Ilustraciones a color! En esto superaba a los de “Elige tu propia aventura”.

Dibujos en páginas internas de "El laberinto"

 

Curiosamente, este formato es idéntico al que utilicé hace sólo unos meses para "El príncipe poeta". Este cuento infantil está escrito a mano en vez de a máquina, tiene cubiertas de cartulina y grapas, pero es el mismo concepto. También es el mismo concepto de los "Cuadernillos de Alcorcón" de Verbo Azul, colección en la que tengo dos número publicados.

La portada de "El laberinto", por eso de diferenciarla, tenía el lápiz repasado con rotulador. Está escrito con la máquina de escribir mecánica que por aquella época teníamos en casa. Una Olympia AEG Traveller de Luxe. Recuerdo que tenía que meter en el rodillo cada folio A4 ya doblado en tamaño A5, y saber qué página tocaba en cada caso. Esto no era trivial para un niño de 11 años, porque al plegar los 14 folios el orden de las páginas no es consecutivo. Tampoco era trivial generar un árbol de decisión, ese esquema que relaciona las secciones con los caminos que llegan o salen de ellas, o asegurarme de que todo el libro era explorable y no quedaba ninguna historia por cerrar. La encuadernación me la hizo mi madre. La grapadora no era suficientemente grande como para llegar al centro del cuadernillo. Ella me lo cosió con hilo grueso y ahí sigue sosteniendo las páginas.

Hilo de encuadernación visible en las páginas centrales de "El laberinto"

 

Por lo demás... los dibujos son solo regulares, secundarios porque tenían como función rellenar huecos blancos y nunca incluí uno a página completa; el texto tiene faltas de ortografía, repetición de palabras y una textura que constantemente recuerda que detrás hay un autor niño. La temática puede ser una de las más simples de concebir, ¿qué mejor escenario para tomar decisiones que un laberinto por explorar? Es además muy similar a “La cueva del tiempo” de Edward Packard, el primer número de “Elige tu propia aventura”, con sus viajes en el tiempo incluidos.

No tanto como para jugar a buscar las 7 diferencias, pero hay muchos parecidos

 

Imagino que no fui el único niño obsesionado en los años 80 y los inicios de los 90 con los libros de “Elige tu propia aventura”. Supongo también que hubo muchos otros chavales que, como yo, se lanzaron a escribir librojuegos. Esta obra la terminé, y tenerla acabada entre las manos era una sensación estupenda. Incluso hoy, ahora mismo, me emociono al hojearlo y releer algunas aventuras. Tras completar “El laberinto”, comencé a continuación otro librojuego de ciencia ficción que se complicó y se quedó inconcluso: más de 160 secciones, si no recuerdo mal, varias historias aún abiertas y algunas de ellas tomando fuerza como para formar una historia independiente. Era muy pequeño, aún faltaban cuatro años para que comenzara mi primer curso de creación literaria en la Universidad Popular de Alcorcón, y ya manejaba razonablemente bien la narración en segunda persona. Recuerdo tardes enteras tecleando con aquella Traveller de Luxe mecánica y apilando folios escritos, por aquel entonces, que los folios en blanco me parecían tan valiosos y preciados como el oro puro. Aquello era todo un trabajo, pero recuerdo ser plenamente feliz persiguiendo, tecla a tecla, a velocidad de dedos infantiles, la traducción a texto de todo lo que iba imaginando. ¡Qué libertad aquella! Escribir librojuegos me permitía crear multitud de caminos, no hacía falta descartar historias contradictorias porque podía plasmar todas y eso era absolutamente delicioso. Lo es todavía.

¿Y vosotros? ¿Escribisteis librojuegos cuando erais niños?

 

Imágenes: fotografías propias

 

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