¿Con qué escribes?

Seguramente vosotros también os sorprendisteis cuando se hizo público que George R. R. Martin, autor de éxito con “Canción de Hielo y Fuego”, escribe en un viejo ordenador que corre nada menos que el veterano sistema operativo MS-DOS y usa el procesador de textos WordStar 4.0.

Era lo que había a principios de los años noventa, cuando empezó a escribir su saga. Seguramente Martin se sienta cómodo con ese equipo tan antiguo, por hábito y quizá también porque muchas de las funcionalidades adicionales de los procesadores de texto modernos tienen más que ver con el trabajo de editor que con el de escritor. Otro punto a favor es la falta de distracciones: se trata de un ordenador dedicado a la escritura, no tiene ni siquiera conexión a internet. Por eso no me parece tan rara la elección de este autor.

Navegando por distintas webs de wloggers, uno rápidamente llega a la conclusión de que los escritores de hoy en día valoran enormemente los entornos sin distracciones que favorecen la concentración, un software dedicado a la creación literaria, monitor y teclado cómodos y, según el caso, la portabilidad. En general, hay ciertas coincidencias con Martin. Realmente algunos comentan que desconectan internet cuando escriben, y no he visto a ninguno que hable de la necesidad de tener un procesador último modelo.

Durante los últimos meses, he probado distintas opciones y configuraciones hasta llegar a mi equipo de escritura actual. Y, sí, como otros autores y como Martin, no necesito ni mucho menos un último modelo. ¿Cuál es entonces mi equipo de escritura?

Tengo dos ordenadores. Un portátil de 2006 y un sobremesa de la misma época. Ambos pueden considerarse obsoletos pero siguen teniendo potencia más que suficiente para mover las principales aplicaciones que se necesitan para escribir.

El portátil es un Toshiba Satellite A100-121 que compré para mi estancia en París en el curso 2006-2007. Mi primer portátil. Además de que le tengo un cariño especial, aunque las “tripas” se le hayan quedado anticuadas me sigue encantando el tacto de su teclado y la textura de su pantalla. Es tremendamente cómodo. El otro es un viejo ordenador de torre que cayó en mis manos el pasado mes de diciembre 2015, un veterano ya jubilado que adopté encantado en casa.

Ambos son de la época de esplendor del maravilloso sistema operativo Windows XP. Aunque muchos teléfonos móviles de los que vemos en las tiendas hoy en día son más potentes que cualquiera de ellos, son talmente funcionales y dan un buen rendimiento: perfectos para convertirlos en ordenadores de escritura. Me gusta la pantalla gigante y el teclado extendido del sobremesa, pero también la opción de llevarlo a cualquier parte del portátil. Así que los he configurado a medida teniendo en cuenta también que debo poder trabajar en cualquiera de ellos sin perder la continuidad. ¿Cómo lo he hecho?

Lo primero de todo, instalé como sistema operativo Linux Mint. Vale, Windows XP me encanta, pero desde que no tiene soporte oficial ya no me atrae. Dentro del laberinto de opciones de Linux, elegí Mint (17.2 para el portátil, 17.3 para el sobremesa). Esta distribución de Linux reconoce todos los periféricos inmediatamente, es elegante, robusta y hace que todo marche asombrosamente ágil. Como software de escritura, he instalado Writer (en realidad, toda la suite LibreOffice) para propósito general y Scrivener 1.9 para creación literaria en particular. Los chicos de Literature and Latte, la compañía que desarrolla Scrivener, han sido tremendamente generosos al poner a libre disposición para Linux su versión más actual, aunque no entra dentro de sus líneas comerciales (que van por Mac y Windows). Completo el software con Dropbox, que en la práctica es lo que me permite mantener la continuidad del trabajo indistintamente desde el portátil o el sobremesa, y otros programas como Pinta y Gimp para edición de imágenes, un lector de eBooks y algunas otras aplicaciones básicas. Y ya está. Es una configuración ligerita, sin videojuegos, sin descargas masivas de internet, sin potentes programas de diseño gráfico ni el trajín de una oficina, y eso se nota en la fluidez con la que funcionan.

En su conjunto es un entorno estupendo para escribir y para mantener este blog. Sí, utilizando máquinas obsoletas que ya no tienen valor alguno en el mercado y que en otras manos tendrían muchas papeletas de ir a la basura, pero que están totalmente en forma y a la última.

¿Y tú? ¿Cuál es tu equipo de escritura?

 

Imagenes: (1) ¿máquina de escribir o tablet? tomado de unsanelygreat bajo licencia CC BY-NC-SA 4.0 (2) mi portátil de escritura, imagen propia y (3) captura de pantalla de mi ordenador con Scrivener abierto por el proyecto en el que trabajo ahora

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