Arquetipos de mundos de ficción

 

 Imaginar es algo más o menos así

 

Te propongo un reto: vamos a imaginar mundos de ficción.

Primero, piensa en un mundo de fantasía medieval. Puedes coger un papel y anotar las características y elementos que se te ocurran: personajes, objetos, criaturas, acontecimientos, paisajes… lo que tú quieras. Dedícale unos minutos.

¿Qué has obtenido? Seguramente hayas apuntado cosas como magia o dragones o imaginado batallas épicas, armas legendarias, héroes o luchas entre el bien y el mal. Estoy convencido de que, si este ejercicio lo hacemos con cientos de personas, encontraremos muchas coincidencias en las respuestas porque compartimos un determinado corpus común de elementos relacionados con la fantasía medieval, fruto de nuestro propio conocimiento de la Historia que hemos aprendido desde el colegio, películas, libros y grandes referencias como las leyendas y adaptaciones del rey Arturo, El Señor de los Anillos, Canción de Hielo y Fuego u otras muchas. Podríamos decir que esta serie de factores comunes que crean la idea de fantasía medieval en la consciencia colectiva conforman un arquetipo.

Los arquetipos de mundos de ficción son muy útiles porque permiten que un lector entre en contexto con apenas unas frases. Si digo lo siguiente:

Guario era un mago de agua. Tras las Guerras Medias quedó sin poder y, en el último momento, no pudo defender al hijo del rey, que murió en el ataque final.

El lector empezará a construir en su cabeza todo un mundo de ficción, en este caso de épica medieval, donde ubicar el texto leído. Por supuesto, esperará que el escritor profundice en detalles que le permitan descubrir todo ese mundo, pero de momento el lector ya nos ha preparado un lienzo enorme sobre el que pintar.  Además, un lector activo estará dispuesto a completar cualquier espacio en blanco con pinceladas de su propia cosecha. En realidad, esto ocurre así no sólo en literatura, incluso no sólo con la ficción: los cerebros humanos están diseñados para construir una realidad continua y sin fisuras a partir de muy poquita información.

Podemos repetir el ejercicio con otro enunciado: piensa en un universo de aventuras espaciales, o en vampiros que se desenvuelven en nuestro mundo actual o, simplemente, piensa en el mundo de los cuentos de hadas. Cada uno de estos ejercicios de imaginación te llevará, probablemente, a un arquetipo de mundo de ficción.

El caso de los cuentos de hadas es particularmente interesante. Todos asumimos de alguna manera que se ubican en una época legendaria, no tecnológica, donde caben carros, molinos, ruecas, espadas, aldeas, norias o castillos pero no rascacielos, aviones, coches o pistolas. Asumimos que hay príncipes y princesas, leñadores, alfareros, costureras, comerciantes, soldados y caballeros, pero no consultores, ejecutivos, presidentes del Gobierno, abogados o turistas. Asumimos que hay una lucha latente entre el bien y el mal, que hay hadas, brujas y magia, que los animales pueden hablar e incluso ser protagonistas. Y, lo más asombroso de todo, para que el lector sepa todo esto sólo necesitamos transmitirle tres palabras: érase una vez.

Imagen de cuento de hadas

 

Fenomenal, los escritores podemos poner en contexto y transmitir una cantidad de información grandísima a nuestros lectores con pocas palabras: érase una vez, la tripulación de la nave se preparó para saltar al hiperespacio, o hubo un mago que sobrevivió a las Guerras Medias. Disponemos de grandes lienzos, esos arquetipos de mundos de ficción, unos estupendos aliados para atrapar a los lectores.

El verdadero trabajo del escritor viene ahora, tras optar (consciente o inconscientemente) por un arquetipo, toca completarlo, poblarlo de detalles y de personalidad, convertirlo en algo original y diferente para que sea atractivo. ¿Cómo hacerlo? Hay varios trucos.

Por ejemplo, utilizar como eje principal una dualidad alternativa a la de la clásica lucha entre el bien y el mal, describir algunos elementos determinados con gran nivel de detalle (inventar una lengua propia para alguna de las culturas que desarrolles, inventar recetas o bebidas…) o destacar alguna característica realmente extraña (como un planeta cúbico).

De las dualidades alternativas hemos hablado ya en Diludia (aquí), y sin duda seguiremos tratando el tema de cómo llegar a un mundo de ficción original partiendo de un arquetipo en futuras entradas.

 

Y tú, ¿qué técnicas y trucos propones como escritor?, ¿cuáles has detectado como lector?

 

Imágenes de dominio público con licencia CC0, tomadas de Pixabay

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