De acampada creativa

La banda de metal finlandesa Nightwish nació en 1996 durante una noche de acampada. Este tipo de noches al aire libre, rodeado de naturaleza y oscuridad, invitan también a compartir viejas historias, leyendas o cuentos de todo tipo. ¿Qué mejor escenario que la noche, las estrellas y el cri-cri de unos grillos para sumergirse en la fantasía?

Este mes de julio estoy de acampada. Una acampada creativa y dedicada precisamente a la literatura: el Camp Nanowrimo. Por supuesto, es una acampada virtual que ocurre en internet, una especie de retiro para escribir, aunque sea un retiro efímero de solo unos minutos al día. En el Camp Nanowrimo, uno se aísla de la realidad cotidiana junto con unos compañeros de acampada también escritores. Así, incluso una tarea solitaria como sacar adelante novelas o cuentos adquiere una componente social muy agradable.

Uno de mis objetivos literarios para 2016 es editar un libro de cuentos. Lo he comentado varias veces en Diludia y estoy muy contento con la selección que estoy haciendo y con los nuevos textos que estoy creando. Necesito completar aún una parte de este libro, y ese es el reto que me he planteado para julio en el Camp Nanowrimo. Lo bueno del Camp es que la mecánica es flexible: aunque se basa, igual que el Nanowrimo original de noviembre, en alcanzar un número determinado de palabras en el plazo de un mes, el Camp permite que cada uno defina su objetivo, que puede ser diferente de las 50.000 de referencia. El Camp es mucho más adaptable a los objetivos de cada uno y estoy convencido de que tendré mejores resultados que con mi anterior intento en el Nanowrimo el pasado noviembre: entonces no pude con el reto, pero comenzar con la novela Yutunaith fue prender una mecha que no para de arder, sigo puliendo los detalles de esa novela y más temprano que tarde tendré las piezas para abordar el puzzle.

Estoy de acampada literaria y tengo por delante un reto atractivo para el mes de julio, modesto en palabras pero ambicioso en calidad: ¡está en juego publicar un libro! He elgido el Camp para hacer este reto más pantente pero, ¿realmente es necesario inscribirse en una iniciativa de este tipo para escribir? Desde luego que no. Mi compromiso editorial y mi fecha de entrega están ahí, esa es la única realidad. Lo interesante de este tipo de retos, tanto del Nanowrimo original como del Camp, es que ludifican y socializan la labor del escritor. Esto ayuda mucho, sin duda, y motiva. Contribuye a que uno se enganche a su propia creación literaria y hace la tarea mucho más agradable gracias a la complicidad de los compañeros escritores que también han asumido el reto, que de vez en cuando preguntan qué tal, cuentan sus avances o dan ánimos.

El escudo símbolo del Nanowrimo no puede ser más acertado: una taza de café, un portátil, un par de bolígrafos y una pila de papeles. Manos al teclado, hay trabajo por delante –muy agradable, eso sí, que la creación literaria es todo un vicio– y a escribir. Lo esencial nunca cambia: un libro como objetivo a conseguir, un teclado, un ordenador y un ratito robado a deshoras a las tareas y obligaciones cotidianas para sumergirse en la ficción propia.  Como banda sonora, a elegir: el silencio, los grillos nocturnos o quizás la música de Nightwish.

Comentarios

Imagen de Francisco Tapia

Tiempo de reflexión y de muchísimo trabajo. En eso consiste el arte de juntar letras y que parezca que dicen algo interesante. ¡Ah, me olvidaba! ¡También el café es importante! Espero que tengas una jornada productiva.

¡Un saludo!

Imagen de Joseto Romero

Gracias, Francisco. En eso estamos. ¡Un abrazo!

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