Lecturas pendientes

 

En mayo y lo que va del mes de junio he tenido un parón de lectura. Ahora estoy reiniciando esta actividad y me encuentro con varios títulos que me apetecen mucho, lecturas pendientes que darán de sí seguramente más allá del verano y que harán que mi reto en Goodreads de terminar 16 libros en 2016 se pueda quedar corto.

Tal cual, sin más, os presento mi lista de próximas lecturas, limitada a diez títulos y expuestas sin orden concreto:

  1. Lo que nunca haría una amazona, de Loren Fernández. Lo descargué de Amazon en cuanto me enteré de que Loren había sacado un libro nuevo. Tras haber disfrutado muchísimo con su anterior obra, El hijo del héroe, y haber compartido con ella hace muchos años un curso de creación literaria, comprenderéis que para mí es irresistible cualquier novedad de esta autora.
  2. Hierro fatuo, de Ana Katzen. Me enganchó con la primera parte, Cazador y presa, y con su blog. Tengo mucha curiosidad por descubrir cómo continúa la historia de Sarket.
  3. Traición en el Gran Consejo, de Miguel Ángel Alonso Pulido. La ciencia ficción es un género en el que aún no me he metido en profundidad, sólo he leído algunos libros sueltos de los clásicos. Confío en este autor para engancharme. La cosmonave perdida me abrió el apetito.
  4. Andrea y los masticadores, de Eduardo Martínez-Abarca. Tuve la ocasión de asistir el pasado mes de mayo a la presentación de este libro en la librería La sombra de Madrid. Y no sólo eso, también disfruté del privilegio de tomar un café previo con el autor, con la editora en The Black House Editorial, y con el también escritor y amigo Jacobo Feijóo. Una compañía estupenda, verdaderos genios que me trataron como su igual, imaginaos qué rato tan agradable.
  5. La fábula de la palabra perdida, de Jacobo Feijóo. También editado en The Black House, una historia de la que conozco las primeras páginas y estoy deseando devorar.
  6. La margen incierta, de Fernando Lafuente Clavero. Un libro de cuentos. Los que seguís Diludia ya sabéis que el cuento, como género, me encanta, y cada vez me veo a mí mismo reivindicar con más fuerza la literatura breve como un pilar esencial en la literatura, incluso en estos años que vivimos bajo el reinado de la novela (un reinado estupendo, desde luego, pero que a veces eclipsa otros géneros)
  7. Stardust, de Neil Gaiman. La película es tan deliciosa que podría compararse con La princesa prometida, así que, ¿cómo no sentirse tentado por el libro?
  8. Libro del buen amor, de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita. Podría decir que lo quiero leer por placer, o que lo debo leer porque es parte importante del Grado en Lengua y Literatura Españolas que estoy estudiando, y en ambos casos diría la verdad. Además, es uno de esos títulos que recuerdan la época del colegio, y abordarlos en serio es una gozada.
  9. La casa de hojas, de Mark Z. Danielewsky. Un regalo, un best seller que destaca por su originalidad y por una edición poco convencional. Me encanta recibir regalos así, porque significa que hay quien me ve original y poco convencional.
  10. Palabralogía, de Virgilio Ortega. También un regalo, una aproximación a las palabras muy cercana a lo que estoy estudiando en el Grado, y a la vez muy amena. Otro libro redondo de esta lista, encuentro un montón de motivos para leerlo.

La lista es variada. Un clásico medieval, tres autopublicados, tres de editoriales independientes, dos best sellers y un libro de no ficción. En temáticas, encuentro fantasía, ciencia ficción, infantil-juvenil… Incluso en formato tengo variedad: unos los leeré en papel, otros en el móvil o en el lector de tinta electrónica. Creo que mis trayectos en metro no serán nada aburridos.

¿Conoces alguno de estos diez libros? ¿Me recomendarías otros? ¿Qué diez libros tienes tú en tu lista de lecturas pendientes?

X-Men, Metallica y el vals de Orion


Este fin de semana fui al cine a ver X Men: Apocalipsis. Uno siempre espera ver imágenes y bandas sonoras espectaculares en este tipo de películas. Pero esta fue incluso más allá y me sorprendió con una escena en la que atronaba The four horsemen de la banda americana Metallica. La canción no estaba en la película simplemente por temas mediáticos o comerciales, sino que cumplía una función en la ficción: reforzaba los mensajes evidentes de la película con menciones expresas a los cuatro jinetes del apocalipsis, la idea de matar a todo el mundo (típico de superhéroes, desde luego) y la ambientación ochentera -la canción es del álbum Kill'em All, de 1983-.

Casualidad o no, hacía tiempo que me rondaba hablar de Metallica en Diludia. No tanto de la banda en general o del binomio heavy-literatura (que también tiene su aquél), sino por algo muy concreto y particular.

Coincidió que estaba trabajando en un brevísimo cuento sobre un planteamiento o metodología que me propuso Juan Miguel Lorite. Un cuento de menos de diez líneas para un ejercicio literario, un experimento entre amigos escritores. La escena más potente que me vino a la mente para dar vida al cuento fue una pareja de novios bailando un vals… después de muertos. No sé si esta idea surgió como consecuencia de escuchar la canción o si la idea surgió primero pero se redondeó al escucharla. Pero el resultado, en cualquier caso, fue que música y creación literaria funcionaron bien juntas. ¿Qué canción era esta? Orion, también de Metallica, de su álbum Master of Puppets. Se trata de un tema instrumental que, en el minuto 3:58, entra en un momento de calma que rompe con la pauta general y, durante cosa de dos minutos, guitarras, bajo y batería entonan algo así como un vals heavy. La portada de un cementerio de Master of Puppets quizá hacía evidente el resto: el vals para mis enamorados más allá de la muerte no sería un vals al uso, uno clásico, de orquesta. No. Tendría que ser el de Metallica, más oscuro, marginal, con ese punto enigmático y esa discordancia de una melodía que parece no cuadrar con los instrumentos que la interpretan pero que queda misteriosamente bello. Creo que aquel día y los siguientes escuché Orion más de veinte veces. Sí, me obsesiono con la música hasta saturarla cuando ocurre algo así, y que una canción sintonice tan bien con una ficción en pleno proceso de creación es sin duda una casualidad que merece la pena explotar.

Todos tenemos nuestra propia biblioteca de canciones, grupos y melodías atadas a distintos recuerdos y sensaciones personales, algunas de forma muy profunda. Los escritores, además, imaginamos sin parar escenas, unas se plasmarán en obras y otras se morirán y serán descartadas antes de salir de nuestro conectoma. Una escena sin fuerza difícilmente se traducirá en un texto. Por eso, ligar una canción o un fragmento a una escena nos puede valer para inyectarle pasión. Desde luego, no será necesario que la música aparezca ni se mencione en la escena definitiva, yo sólo mencioné la palabra "vals" pero no indiqué nada más, cada lector que se imagine el suyo. El mío estaba claro, un vals entonado por guitarras eléctricas y bailado por personajes que bien pudieran haber sido mezcla de universos Tim Burton con Sin City, o Mathias Malzieu con La ley de la calle. Y para eso los violines no pegaban.

Con todo esto no quiero decir que me esté parando a pensar en una banda sonora para cada escena que escriba, ni pretendo elevar el ejemplo a categoría de consejo para escritores o mucho menos a técnica de escritura. Simplemente a veces ocurre, y entonces uno disfruta de verdad escribiendo.

Diludisfera: confesiones de un escritor

Portada de la web de Miguel Ángel Alonso Pulido, visitada hoy mismo

Miguel Ángel Alonso Pulido es escritor y blogger, es decir, un wlogger en toda regla. Hace unas semanas leí y reseñé su libro La cosmonave perdida, pero ya seguía a este autor desde hacía meses a través de su web.

La de Miguel Ángel es, probablemente, una de las webs de autor autopublicado más efectivas que conozco. Contiene información sobre su obra y su biografía literaria que deja muy claro qué obras ha publicado y dónde comprarlas. Además de estas secciones, que se agradece de verdad que sean tan claras, su web contiene un blog: “Confesiones de un escritor”. Y este blog tiene un valor especial. Miguel Ángel nos cuenta en él con todo detalle cómo está desarrollando su carrera de escritor. Su sinceridad hace que algunos artículos resulten ásperos. Si leemos a Miguel Ángel solo de pasada podemos llevarnos la impresión de que es un obsesionado con el control, la productividad, el número de palabras escritas y las cifras de ventas. Pero, en realidad, lo que tenemos delante es un autor al desnudo, sin edulcorar, muy consciente de su trabajo y que además nos ofrece así, gratis y de sopetón, información valiosísima de su experiencia como escritor autopublicado.

“Confesiones de un escritor” es diferente porque aborda tres facetas: escritura, edición y empresa. Miguel Ángel es escritor, pero también editor que corrige y cuida su obra, y empresario que diseña su producto, lo pone a la venta y lo promociona. Estas facetas menos románticas de la autopublicación están ahí. A todos los autores nos gusta la componente creativa, la de escribir, pero Miguel Ángel recuerda constantemente que, si optas por la autopublicación, deberás realizar mucho trabajo adicional a la propia escritura. Este choque con la realidad, tan sencillo y evidente como fácil de ignorar por los soñadores, es lo que hace del blog de Miguel Ángel un lugar menos amable que otros, pero inmensamente útil.

¿Que es un obsesionado del número de palabras escritas? Al fin y al cabo es un indicador muy bueno de la productividad y si en su blog aparece tanto este concepto es porque en realidad resulta útil para tomar conciencia del trabajo propio, de su cantidad y evolución. Hay mucha más obsesión por el número de palabras, y mucho más vacía, en el NaNoWriMo, y sin embargo no deja de ser un reto mágico y muy literario. Para Miguel Ángel, el número de palabras es como para un atleta sus marcas, o para una fábrica su producción.

¿Que es un obsesionado de las ventas? Miguel Ángel tiene muy claro que quiere vivir de la escritura y sabe ponerse el gorro de empresario, esa parte menos dulce que la escritura pero que es necesaria. Ofrece nada más y nada menos que datos transparentes de lo que vende y en qué plataformas, una información que prácticamente ningún otro escritor, autopublicado o no, destapa. Y, además, Miguel Ángel lo hace mes a mes puntualmente, analiza sus cifras y mide su evolución en balances mensuales que son especialmente jugosos desde esnero de 2016. Este ejercicio, hasta donde yo sé, es la contribución más generosa que nadie haya hecho a la comunidad wlogger hispana. ¿Qué precio le pongo a mi libro? ¿Cuánto puedo aspirar a vender? "Confesiones de un escritor" ayudará mucho a centrar todas estas preguntas que a cualquiera nos pueden asaltar.

¿Que se dedica a mil cosas además de escribir? Precisamente por eso Miguel Ángel valora sobre todo el tiempo, el tiempo para escribir, porque es absolutamente consciente de todo el trabajo adicional que hace falta para autopublicarse y para el resto de cosas de la vida. De nuevo su gran generosidad aparece aquí: Miguel Ángel está empeñado en ahorrarnos tiempo a todos los demás ofreciendo gratis las conclusiones de su experiencia a través de una serie de tutoriales que explican en detalle cómo autopublicar tu libro. ¿Qué software utilizar para escribir? ¿Cómo hago una portada? ¿Dónde autopublico mi libro? Miguel Ángel responde a estas y otras muchas cuestiones a través de artículos muy prácticos.

Vale, "Confesiones de un escritor" es un blog a tener en cuenta, pero, ¿qué tal escribe realmente Miguel Ángel? Esta misma pregunta me la hice yo al poco de descubrir su web y seguir un buen número de sus artículos, y me propuse obtener la respuesta por mí mismo y de la mejor manera posible: leyendo algo de Miguel Ángel. Te recomiendo que hagas lo mismo. Yo compré La cosmonave perdida (ahora puede conseguirse gratis) y la leí. Se trata de una primera obra y la impresión es buena (hice una reseña en la Diluditeca), y además estoy convencido de que Miguel Ángel ha seguido progresando sin parar en su calidad como escritor de ficción. Su compromiso con la calidad de sus obras es público y abierto a través de su web, y la energía y capacidad de trabajo que transmite hacen de él un escritor a tener en cuenta en el panorama de la ciencia ficción, su especialidad.

Si quieres un blog de escritor práctico, orientado a autopublicación, con información útil y sin edulcorar, no dudes en suscribirte a estas "Confesiones de un escritor".

¡Diludia cumple dos años!

¡Hoy Diludia cumple dos años!

El 23 de abril de 2014 abrí Diludia al mundo y dos años y más de cien artículos después, aquí sigue.

Es curioso cómo he simplificado la idea inicial. Al principio, pensaba en Diluda como un portal web sobre literatura, sobre ficción, con una comunidad de unsuarios, foros y distintas secciones y funcionalidades. Hoy por hoy, ha adelgazado hasta una web de autor, de wlogger, y creo que estoy cada vez más encontrando el foco que realmente quiero.

Diludia no es un blog de reseñas de libros, aunque sí hay una sección, la Diluditeca, dedicada a ello.

Diludia no enseña metódicamente cómo escribir o cómo publicar, aunque comente de vez en cuando trucos o proponga técnicas.

Diludia no es una web dedicada a textos de ficción, propios o de invitados, aunque sí que haya lugar para la literatura a través de cuentos invitados de otros autores y algunos escritos propios.

Diludia no es una web de enlaces o recomendaciones de blogs u otros sitios, aunque la Diludisfera es una sección que trata precisamente eso.

Tampoco es como lo pensé hace dos años.

Diludia es una web de escritor, que incluye todos estos elementos de reseñas, consejos para escritores, publicación de textos o navegación por otros blogs. Sí que considero propias y características de Diludia las hipótesis literarias y la compartición del proceso de escritura, esas peticiones de ayuda que de tanto en tanto lanzo en un artículo cuando me atasco con un cuento u otro trabajo.

Es también un laboratorio. Aquí estoy aprendiendo a gestionar una web, a redactar artículos, a pensar sobre las secciones, la usabilidad y cómo conseguir que los lectores tengáis una buena experiencia. Es también un medio perfecto para conocer otros autores en la red. Tengo, de eso estoy seguro, mucho que mejorar y que seguir aprendiendo, y probablemente afine aún más el objetivo que realmente me interese y Diludia sea, dentro de un año, algo mucho más definido.

Llevar un blog es un trabajo que requiere esfuerzo, pero que resulta también muy gratificante. Y lo hago, sobre todo, para ti. ¿Qué te parece? ¿Te gusta? ¿Cómo mejorarías Diludia o qué te gustaría que hiciera? ¿Qué artículos te parecieron horribles? ¿Y cuáles maravillosos?

Te espero en los comentarios ;)

 

Diluditeca: "Mujeres"

 

En la presentación de Mujeres, muy bien acompañado

En la Diluditeca he comentado novelas y libros de todo tipo: recopilatorios de cuentos, teatro, infantil, ciencia ficción, fantasía, literatura medieval y hasta ficción interactiva. Hoy, por primera vez, traigo poesía.
Se trata de Mujeres, un libro de Juan José Alcolea publicado por la editorial Lastura en su colección Alcalima, especializada en poesía.

Aunque es la primera vez que traigo una obra en verso a la Diluditeca, no es la primera vez que traigo a su autor a Diludia. A finales de 2014 Juanjo me prestó un texto, “La princesa”, para la sección de “El cuento del mes”.

Juanjo es una pieza clave en mi vida literaria. Lo conocí en el ámbito de la Casa de la Cultura de Alcorcón cuando yo aún era un adolescente al que le gustaba escribir y él comenzaba a destacar con fuerza como poeta, avalado por algunos premios notables. Más tarde, a principios de este milenio, coincidimos en Verbo Azul y no hemos dejado de hacer cosas juntos, como trabajar en la revista literaria “La hoja azul en blanco”, compartir caseta también con otros compañeros en algunas ediciones de la Feria del Libro de Alcorcón, preparar recitales (aunque yo he estado más veces como espectador que encima del escenario o detrás de la organización), o grabar juntos para el especial de poesía que hizo “A voz en cuento” con Verbo Azul.

El doce de marzo recibí un email de Juanjo: en un mes, el doce de abril, publicaba su nuevo libro, y me proponía que yo lo presentara junto a él.

Por supuesto, le dije que sí.

La poesía es un género que leo poco comparado con otro tipo de libros, lo reconozco, pero es también un género que disfruto mucho. Si dibujara mi dieta literaria personal en un esquema de pirámide alimenticia, para mí la poesía serían los dulces, situados en la cúspide: un placer a tomar en poca cantidad. Y a tomar por todo lo alto: la poesía me encanta en forma de recital, lo que puede equivaler a salir a tomar un postre dulce a un restaurante con estrellas Michelín.

La lectura de Mujeres ha sido diferente no sólo porque la poesía esté en minoría entre mis libros y eso le dé un carácter singular, sino también porque es el poemario de un amigo y porque iba a crear un vínculo especial con este libro al estar encargado de su presentación.

El libro es un homenaje a cinco mujeres muy importantes en la vida de Juanjo y en su obra como poeta. Mujeres a la vez artistas y musas que yo también tengo la suerte de conocer, cómplices literarias de primera magnitud, con las que he compartido y comparto buenos momentos a través sobre todo de Verbo Azul. El poemario en su conjunto es excelente. No en vano, fue el ganador del XIX Certamen de Poesía “Ciudad de Arahal” 2015, y la edición presentada en Lastura ha sido revisada y ampliada. Mujeres no solo cumple con creces con la calidad esperada en una colección de poesía tan bien elaborada, sino que desborda en originalidad, profundidad y generosidad.

Además de mi lectura silenciosa, atendí desde un lugar privilegiado a la lectura en vivo que incluyó la presentación del pasado doce de abril. Abrí el evento con una intervención que, tengo que decir, disfruté preparando y creo que el público también disfrutó. He hablado muchas veces en público, desde que tuve un accésit en un premio con unos 18 años y me tocó leer con cierto punto de nervios en la ceremonia de entrega de premios, hasta en decenas de ocasiones ya por motivo de trabajo, con audiencias muy variadas. La presentación del libro de Juanjo ha sido, sin duda, una de las veces que más a gusto me he encontrado detrás de un micrófono, además de bien acompañado, con Lidia, la editora, a un lado, y con el propio Juanjo al otro. La lectura de poemas posterior, planteada como un diálogo entre un Juanjo autor y algunas de las mujeres homenajeadas fue mágico.

Ahora Mujeres es parte de la Diluditeca y de mi biblioteca dedicada, los libros más especiales de mis estanterías. Pero incluso destaca más aún: es el libro de un amigo, el que presenté con él, el dedicado a cinco mujeres cercanas también para mí, el que he disfrutado tanto leyendo y escuchando, y al que, seguro, volveré de vez en cuando.

 ¡No podía faltar mi pose habitual de Diluditeca!

 

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