Mis juegos de ordenador

Amstrad CPC-464, imagen tomada de Wikipedia del autor Bill Bertram bajo licencia CC BY-SA 2.5

De niño programaba juegos de ordenador, escritos en el lenguaje BASIC de mi Amstrad CPC-464, una de las máquinas más populares de los 80 y 90. Hice juegos muy variados, incluyendo un simulador de tenis y otro de fútbol, pero también un matamarcianos clásico, uno en el que tu personaje luchaba contra la mafia armado con tan solo un cuchillo, otro de apuestas en carreras de caballos, de rescate tras un naufragio o de una misión en avión. Todo esto parece muy espectacular, pero la realidad no pasaba de mostrar unos efectos de sonido simples, unos gráficos que consistían en poco más que "letras" moviéndose por la pantalla (en realidad, caracteres redefinidos que permitían configurar ciertas formas, pero en un solo color y siempre en pantallas en modo texto, no dominaba el entorno gráfico) y una jugabilidad que dependía más de la imaginación del jugador que de las características reales del juego.

Estos programas tenían algunos logros que me costó resolver sin ayuda, como la función de guardar las mejores puntuaciones de las partidas y que el jugador pudiera poner su nombre, y otros elementos que adaptaba de, por ejemplo, los manuales de usuario o los libros de programación que encontraba en la biblioteca pública. Me gustaban especialmente los de Tim Hartnell (portada de uno de los libros que más me cautivaron, con este aprendí, por ejemplo, qué era Eliza). Pero mis programas seguían siendo muy rudimentarios. El juego de fútbol enfrentaba dos jugadores contra otros dos (nada de once contra once), la pelota se movía en diagonales rebotando en las paredes del campo o en alguno de los jugadores, por lo que las opciones de juego se limitaban a hacer rebotar la pelota lejos de la portería propia y hacia la contraria. El inspector que luchaba contra la mafia tenía un cuerpo formado por un emoticono de carita sonriente en la parte superior y una letra griega omega a modo de piernas en la inferior, su cuchillo no era más que un signo de guión que aparecía a la derecha o a la izquierda del muñeco (según hacia donde se estuviera moviendo) cuando el jugador pulsaba la tecla de luchar, y así todos.

Pero, donde el BASIC del CPC-464 resultaba más natural y mucho menos limitado que en los juegos con pretensiones de "arcade", era en los juegos conversacionales. Desarrollé al menos cuatro aventuras basadas en texto. Para mí era algo de lo más natural: sabía programar en BASIC hasta cierta complejidad, escribía cuentos, devoraba libros de Elige tu propia aventura, me encantaba la fantasía y empezaba a descubrir los juegos de rol. Con todas esas armas, me lancé a crear programas que superaban en complejidad los libros de Elige tu propia aventura: permitían crear y desarrollar un personaje, conseguir tesoros, armas y dinero, y simulaba luchas contra diferentes criaturas malignas que era divertidísimo diseñar. También permitían guardar la partida en cassette y otras sofisticaciones. Recuerdo uno que titulé tal cual Aventura en la Tierra Media, donde el mundo era un tablero de 10x10 casillas (¡uy! casi digo "matriz" en vez de tablero... sí, llamadme friki). Cada casilla contaba con una descripción del entorno, en un par de renglones. Puse montañas en el norte, bosques que ocupaban varias casillas, costa, etc. Uno podía moverse al norte, al sur, al este o al oeste. El mapa era cíclico (si llegabas al extremo norte, aparecías de nuevo en el sur, y lo mismo de este a oeste) de forma que resultaba infinito de recorrer. En cada asalto, podía surgir o no un enemigo.

Mis cintas de programas y juegos que aún conservo

Este y otros juegos conversacionales los creé entre 1991 y 1993 principalmente. ¿Por qué los recuerdo ahora?

Porque esta semana he estado leyendo, jugando, El destino de Ámbar, un librojuego en formato app para móvil de Ecnaris Games. Me ha encantado. Presenta una creación de personaje sencilla, una trama bastante inmediata, muy bien ambientada y atractiva, y le lanza a uno a la aventura. El soporte principal es el texto, pero las ilustraciones y, sobre todo, los efectos de sonido crean una atmósfera genial. La aventura propone numerosas elecciones, incluidas las de qué comprar o qué habilidades incrementar al subir de nivel. Las peleas son también vistosas, en un sistema por asaltos. Pero la base es clarísimamente el texto: esta app, sobre todo, nos cuenta una historia, con nosotros como protagonistas.

El Destino de Ámbar posado en mi teclado... más de veinte años después de la creación de aquellas cassettes de la foto anterior

Para una reseña sobre El Destino de Ámbar, recomiendo visitar la web de librojuegos.org. Además de la reseña, encontrarás otras entradas sobre esta app, muy recomendables si te interesa el tema.

Todo esto tiene sentido en conjunto. Cuando era pequeño, para mí escribir y programar eran actividades muy cercanas, muy parecidas. En ambas había creatividad, esfuerzo y mucha diversión. Por eso ahora, ya de mayor, me encanta hablar con escritores, editores, desarrolladores de apps o programadores. Actividades como entrevistar a Chris Klimas, participar en la asociación de ficción interactiva Dédalo o leer librojuegos me trae de vuelta todo aquel mundo mágico de niño, de programas y cuentos, vuelvo a mis juegos de ordenador y a toda esa fantasía, cuando ciencias y letras eran lo mismo. Lo mejor es que puedo comprobar que ese mundo mágico sigue existiendo y hay muchas personas interesantes que lo alimentan.

¡Juguemos!

 

Cómo llegar a los 100 posts y seguir con ganas de más blog

Con motivo del cambio de 2015 a 2016, publiqué el típico post de balance del año anterior y propósitos literarios para el nuevo. En aquella entrada, confesaba que esta web de Diludia aún tenía varias mejoras por implementar, que me había enfocado en el contenido y no tanto en hacer una web más vistosa o funcional. Vale, reconozco que lo mío no es la estética ni el diseño, y lo tengo tan asumido que ni siquiera me planteé propósitos en ese sentido: para 2016 incluí sólo objetivos muy pegados a la escritura, lo principal y más importante de todo.

Sin embargo, no puedo evitar cacharrear de vez en cuando y meterme en las tripas de esta web. Esa manía friki se ha juntado con que este mismo artículo que tocaba redactar sería el número 100 que publico en Diludia (sentíos libres de proyectar  confeti, palmaditas en la espalda o aplausos imaginarios). Y, ¿es buena idea hacer algo especial para celebrar el post número 100? ¿qué puedo contar? Se me ocurrió dar un repaso a las temáticas que más han aparecido en el blog en función de las etiquetas o tags. Es, además, un ejercicio sorpresa también para mí, porque normalmente incluyo las etiquetas tal cual, según el run run del artículo que acabo de escribir, y sin tener en en cuenta una lógica de etiquetado coherente a lo largo de todo el blog (sí, categorizar el contenido es una de mis asignaturas pendientes, los gurús y mentores del blogging se estarán llevando las manos a la cabeza). Así que he creado una lista de tags que podéis ver en el lateral izquierdo de la web (o abajo si lees en versión móvil) y que se actualizará automáticamente con cada nueva entrada o actualización. Lo que me he encontrado, a día de hoy, lo copio a continuación, esto además no cambiará sino que se quedará aquí fijo. Ahí va el listado, que descubro por sorpresa a la vez que vosotros:

Si es la primera vez que te acercas a Diludia, o si te preguntas de qué trata exactamente este blog, creo que esta colección de etiquetas es de bastante ayuda.

Reina el cuento del mes, una de las secciones que más satisfacciones me ha dado en Diludia. La idea de publicar un cuento cada mes de un autor invitado funcionó durante muchos meses, pero finalmente vi que se me agotaban las colaboraciones más naturales y lo convertí en "cuentos invitados", colaboraciones ya no ligadas a una periodicidad mensual. Lo detallé en este artículo.

Aparecen también en esta nube de tags las secciones de Diluditeca, sobre reseñas literarias, y Diludisfera, sobre reseñas de blogs que inicié hace poco. Son dos apartados de Diludia que me gustan mucho y que seguiré desarrollando poco a poco. Es probable que también reúna las hipótesis literarias en una sección propia, que me parecen muy divertidas (además de ejercicios interesantes).

Esta nube de tags contiene una serie de nombres propios: Juan Miguel Lorite, Raúl Yebra, Goizeder Lamariano, Alberto García Gómez, Ana Garrido, Ana Katzen, Juan José Alcolea, Vicente Haya, Paola Santagostino y Laura Gallego. Todos escritores que he tenido el gusto de leer. Algunos, además, son amigos.

Verbo Azul y la revista de La Hoja Azul en Blanco aparecen también destacados, y es que son dos de mis principales pilares en esto de la literatura.

La nube la completan un montón de conceptos muy interesantes: elige tu propia aventura, que incluso desde antes de ingresar en la asociación Dédalo de ficción interactiva aparece apliamente en Diludia (¡claro! ¡si me crié con esos libros!); también el concepto de Universo de Ficción y ciertos géneros como los haikus o los microrrelatos y, sobre todo, los cuentos. Sí, la etiqueta "novela" todavía no ha asomado, y la de "cuentos" seguirá creciendo sin duda.

Variedad. Para mí esa ha sido la clave para llegar a los cien posts. Y me refiero a llegar cuerdo y fresco, abordando cada nuevo artículo con ganas e ilusión y sin convertir el mantenimiento con vida del blog en una tortura o esclavitud. Variedad y una clara filosofía de "no pasa nada por no publicar una semana".  Aunque todos giran en torno a la literatura, algunos lo hacen desde un punto de vista de escritor, otros como lector, crítico, fan curioso que se hace preguntas, blogger o internauta, incluso a veces me aventuro a dar consejos sobre escritura. ¡Y no olvidemos los cuentos de autores invitados! Aportan variedad, sin duda. Otra clave para mí es que, en realidad, muchos de los artículos son reflexiones reales que me rondan, que lo hacían antes de comenzar el blog y aparecen nuevas. No puedo evitar preguntarme si, por ejemplo, es cierto que se escribe con más verbos y menos adjetivos desde que hay televisión, o cómo continuar un cuento que tengo ideado a medias, o qué pasó con la cibra y la cubra si ya existen la cabra, la cebra o la cobra, o qué me ha parecido el último libro que he leído, o muchas cosas de las que aún no he hablado y tendré que soltar algún día, como lo interesantes que resultan los grimorios, para qué puede convenir usar heterónimos, cómo construir una ficción interactiva y convertirla fácilmente en una app para móvil, la experiencia de ganar el NaNoWriMo (tengo que ganarlo antes, claro), si los wloggers se podrán caracterizar por un canon literario propio, o muchas otras. Son temas en los que pensar que no puedo evitar, que jugaré a darles vueltas tenga o no tenga un blog. Tener que aterrizarlos en artículos para Diludia me ayuda a ordenar los pensamientos, racionalizarlos y obtener conclusiones útiles. Probablemente no siempre consiga transformar un ovillo de pensamiento enmarañado en un hilo rectito y fácil de seguir, así que perdonad si hay artículos raros, ya sabéis por qué.

En conclusión, aquí dejo la foto de mi nube de tags tras haber escrito 100 artículos en el blog. Hay un buen puñado más que no se muestran por ser etiquetas que sólo he utilizado una vez, pero quien tenga curiosidad puede ver la nube completa en este enlace. Estoy seguro de que esta familia de etiquetas de Diludia evolucionará con el tiempo y puede ser interesante fijarse en cómo lo hace.

 

Imágenes tomadas de Pixabay bajo licencia de dominio público CC0. (1) Un número 100 que es, entre otras cosas, par, abundante y número de Leyland, y que a simple vista podría ser binario pero aquí significa cien. (2) Nube de evolución a modo de metáfora (simplona, lo reconozco), veremos como evoluciona la nube de tags.

 

Diludisfera: www.anakatzen.com

Si un día viniera un dictador implacable que restringiera Internet y nos limitara a poder vistar nada más que diez blogs, el de Ana Katzen sería uno de los que elegiría. Incluso si sólo pudieran ser cinco, estos "monólogos y delirios de una escritora novel" seguirían en mi lista.

Imagen del blog de Ana Katzen capturada hoy mismo

Hace poco hablé de "Cazador y presa" en la Diluditeca, la primera novela de la saga "Los moradores del cielo" de Ana Katzen. Descubrí esta novela gracias a su web, y estoy convencido de que seguir su blog hizo que la disfrutara aún más. Tengo la suerte de estar en contacto con un buen grupo de escritores, amigos de Verbo Azul o de otros ámbitos, y es una gozada leer las obras de autores a los que conocemos personalmente. Un blog, cuando está bien hecho, es un canal estupendo para conocer a un autor y llegar a conectar de una forma tan potente como la personal. El blog de Ana Katzen es de este tipo. Los artículos están escritos en un estilo propio muy cercano que rápidamente crea un vínculo con la autora, muchos tienen un punto divertido y, a la vez,presentan información de calidad y muy útil en temáticas ligadas con la escritura. Por eso la lectura de "Cazador y presa" tuvo para mí ese punto especial de leer el texto de alguien conocido. Además, se trata de un blog muy vivo: todos los artículos reciben comentarios y uno intuye que hay toda una comunidad de seguidores detrás.

Para mí, hay otro factor adicional que hace de www.anakatzen.com una web literaria de lo más interesante: la autora está en pleno desarrollo de su trilogía "Los moradores del cielo". El primer volumen, "Cazador y presa", lleva tiempo a la venta y tiene cierto recorrido. El segundo, "Hierro fatuo", vio la luz a finales de enero de 2016 por lo que puede considerarse aún una novedad. Y queda un tercer libro por venir. Esto significa que Ana nos puede hablar en su blog de un amplio espectro de temas y acercarnos tanto su experiencia en autopublicación como en promoción y en la propia escritura. Y eso es lo que hace. Comparte generosamente lo que aprende y, además, nos muestra que se toma muy en serio su labor como escritora. Es, sin duda, una wlogger en toda regla.

Aunque es un blog en el que uno puede perderse sin miedo porque todos los posts son interesantes, también permite la lectura por temáticas. Destacan algunas series de artículos que me han resultado especialmente útiles. Podemos encontrarlos organizados por categorías. Mis recomendaciones personales son las siguientes:

  • Scrivener. Hace ya un par de años inicié una búsqueda de software específicamente dedicado a escritura creativa. Aunque cada autor tenía sus preferencias, Scrivener era una constante. Ana es experta y describe su uso a modo de tutorial, tan práctico como el que viene de serie con Scrivener, pero mucho más ameno.
  • Errores de escritores. Serie de artículos dedicados a descubrir los errores que más frecuentemente cometemos los escritores y, atención, consejos sobre cómo evitarlos. Absolutamente recomendable.
  • Planificación literaria. Cómo planificar una novela. No, no es ponerse escribir y ya está (o no siempre...)
  • Reseñas. Igual que Diludia tiene su Diluditeca, Ana tiene su espacio de reseñas de libros dentro del blog. Me parecen de especial interés estas reseñas, ya que se nota el punto de vista no sólo de lectora, sino también de escritora.
  • Obras publicadas. Por supuesto, incluye una sección dedicada a sus dos novelas publicadas, desde la que se puede acceder a las sinopsis.

La sección de "mis novelas" tiene claramente hueco para el tercer libro de la saga. Ya sabéis, ¡si deja de actualizar su blog unas semanas es que está escribiendo a tope para añadir otra portada!

Además de las secciones, me gustaría destacar aquí algunos artículos individuales que me han encantado ya sea por su sentido del humor, su contenido revelador, su practicidad, etc. Aunque insisto, lo mejor es perderse por este blog y extraer vuestra propia lista de artículos favoritos:

Este blog funciona además como conector. He descubierto algunos buenos autores y libros a partir de él. Por ejemplo, ahora mismo estoy leyendo el libro de relatos "Lectores aéreos" de Gabriella Campbell porque Ana me ha llevado hasta esta autora y su obra.

Incluso aunque lo tuyo no sea la literatura, si te interesa el blogging y quieres ver un ejemplo de cosas bien hechas, te recomiendo esta web. Si eres lector empedernido, amante en general de la literatura y, sobre todo, si eres escritor, entonces sencillamente no te lo puedes perder: abre ya mismo una nueva ventana en tu navegador.

 

Divergente, insurgente, leal y la escritura creativa

 

Tráiler de Leal

Ayer se estrenó en España la película Leal, basada en la exitosa serie de libros de la autora estadounidense Veronica Roth. Esta misma tarde iré al cine a ver la película, después de descubrir Divergente por televisión y de haber visto también en cine Insurgente. Tengo altas expectativas puestas en la tercera película de la saga, que espero que se cumplan y, aunque el universo de ficción de Veronica Roth no es el que más me ha cautivado (ya sabéis, me gustan más las espadas), puedo considerarme hasta cierto punto un fan.

Pero la entrada de hoy no pretende hablar de las películas. Tampoco del argumento de los libros o del mundo creado por la autora. Quiero hablar de la biografía de Veronica Roth, y de un asunto concreto muy particular.

¿Quién es Veronica Roth? Esta es la pregunta que me hice cuando descubrí la saga Divergente, hará aproximadamente un año. Era la época en la que se estrenó la segunda película de la saga, emitieron la primera por televisión y tomé conciencia de esta serie de la que hasta entonces sólo había oído cosas sueltas y visto pilas de libros en las tiendas de los aeropuertos en mis viajes. La curiosidad me llevó, por supuesto, a Wikipedia para informarme de quién era la autora de aquel universo de ficción tan atractivo y tan exitoso. Veronica Roth. Una veinteañera natural de Chicago. Y aquí llegó mi gran sorpresa: licenciada en "Escritura creativa" por la Universidad de Northwestern.

Imagen de la Universidad de Northwestern que presenta Wikipedia. Tomada de Wikimedia Commons del autor Rdsmith4

¡Licenciada en escritura creativa! ¡Vaya! Así que en Estados Unidos tienen carreras universitarias dedicadas a formar escritores.

No me extraña que un país así sea tan próspero. Será un país con mil defectos y con una lista demasaido larga de injusticias, pero no puede negarse que sabe gestionar el talento de sus ciudadanos. Por esto creo que son la primera potencia. Lo digo en serio. Y no sólo porque alguien pueda cursar escritura creativa en la Universidad, claro, sino por lo que significa realmente: ese país permite que uno se especialice en cualquier cosa, permite desarrollar las pasiones y habilidades en cualquier ámbito, por peculiar que sea, y por eso tiene expertos mundiales en todo. Imaginaos que un adolescente en España demuestra cierta habilidad para la escritura creativa durante su etapa de instituto y, cuando se plantea acceder a la Universidad, dice: "Quiero estudiar la carrera para ser escritor". En primer lugar, sus padres seguramente le recomienden estudiar otra cosa con más futuro, algo que tenga mejores salidas y que le permita encontrar un trabajo en una buena empresa. Si tiene unos padres un poco divergentes, quizá no vean tan mal la iniciativa de su hijo, pero se encontrarán con el problema de que en España no hay grados específicos de escritura creativa. Sí hay talleres, cursillos, cursos, másters y una gran oferta en el ámbito de la educación privada, pero nada que conduzca a un título de grado reconocido por nuestras instituciones. Uno puede optar a títulos de ingeniero, médico, arquitecto, economista o abogado, puede estudiar filología o bellas artes, pero no puede optar, en España, al título de escritor creativo. Me temo que ni siquiera como especialidad de los estudios que ofrecen nuestras facultades de filología, y sospecho que habría muchos profesores encantados de que sí los hubiera.

Si aspiras a escritor, puedes ir a estudiar a Estados Unidos. Puedes también estudiar sin parar y escribir sin parar desde tu propia casa, que los títulos que más importan para un escritor son los títulos de sus obras, no los que te firme el Rey y cuelgues en un marco en tu despacho. Opciones y trayectorias hay muchas. La mejor escuela es quizá la lectura, la práctica diaria y la de buscarse un contexto literario en la vida, como pertenecer a asociaciones, tener amigos que escriban o seguir blogs y foros. Pero la formación específica es, para mí, algo esencial e imprescindible.

Yo fui cinco años a los cursos de creación literaria de la Universidad Popular de Alcorcón, durante los años noventa, cuando era un adolescente. El objetivo de aquellos cursos era realmente aprender a ser escritor, tenían parte de teoría y, por supuesto, parte de práctica. Muchos de mis textos no han sido más que ejercicios para aquellos cursos que se quedaron como entrenamiento, como aprendizaje, que eran imperfectos y aspiraban solo a ser corregidos, no a ser publicados. Estoy ahora, como sabéis los que seguís este blog, realizando el curso por fascículos de El placer de escribir.

Y también me he matriculado en Lengua y Literatura Españolas por la UNED.

Es cierto que este grado (llamémoslo Lyle para acortar su nombre) no conduce a un título de escritura creativa, pero puede que sea la titulación universitaria más parecida a algo así en nuestro país. Además, contempla en la enumeración de sus ocho principales salidas profesionales la de "escritura creativa tanto en el ámbito literario como en el de los medios de comunicación". Así que, efectivamente, el grado de Lyle mantiene cierta orientación a la formación de escritores. Aunque sus objetivos sean mucho más amplios y generalistas que la titulación de escritura creativa de la Universidad de Northwestern en Illinois y no se enfoque exclusivamente en la formación de escritores, el grado de Lengua y Literatura Españolas de la UNED parece muy interesante. Acabo de empezarlo en realidad, en septiembre de 2015, y me he planteado un ritmo extremadamente lento. Además de disfrutar de las asignaturas y de aprender, quiero sacarles todo el jugo que puedan contener aplicable a la escritura creativa. Este es mi planteamiento. Extraño y pausado, pero no tengo ninguna urgencia. Ya completé mis estudios de Ingeniería de Telecomunicación donde aprendí muchísimo, relamente "teleco" me gustó aunque fue muy duro, y es con ese título con el que me gano la vida en mi trabajo. Pero ahora toca otra cosa. Estudiar Lengua y Literatura Españolas por placer, con el doble objetivo de disfrutar y de aplicar lo aprendido a convertirme en escritor.

Con esto me pongo en cuanto acabe de escribir este artículo el Diludia

Creo que Diludia es un buen lugar para compartir lo que voy aprendiendo con este enfoque, lo que voy extrayendo del grado de Lyle para la escritura creativa, así que prometo dedicar algún artículo precisamente a esto, a contaros mi experiencia. También me valdrá, por qué no, para reflexionar, con buenos fundamentos, sobre qué debería realmente contener un grado de escritura creativa en España.

Arquetipos de mundos de ficción

 

 Imaginar es algo más o menos así

 

Te propongo un reto: vamos a imaginar mundos de ficción.

Primero, piensa en un mundo de fantasía medieval. Puedes coger un papel y anotar las características y elementos que se te ocurran: personajes, objetos, criaturas, acontecimientos, paisajes… lo que tú quieras. Dedícale unos minutos.

¿Qué has obtenido? Seguramente hayas apuntado cosas como magia o dragones o imaginado batallas épicas, armas legendarias, héroes o luchas entre el bien y el mal. Estoy convencido de que, si este ejercicio lo hacemos con cientos de personas, encontraremos muchas coincidencias en las respuestas porque compartimos un determinado corpus común de elementos relacionados con la fantasía medieval, fruto de nuestro propio conocimiento de la Historia que hemos aprendido desde el colegio, películas, libros y grandes referencias como las leyendas y adaptaciones del rey Arturo, El Señor de los Anillos, Canción de Hielo y Fuego u otras muchas. Podríamos decir que esta serie de factores comunes que crean la idea de fantasía medieval en la consciencia colectiva conforman un arquetipo.

Los arquetipos de mundos de ficción son muy útiles porque permiten que un lector entre en contexto con apenas unas frases. Si digo lo siguiente:

Guario era un mago de agua. Tras las Guerras Medias quedó sin poder y, en el último momento, no pudo defender al hijo del rey, que murió en el ataque final.

El lector empezará a construir en su cabeza todo un mundo de ficción, en este caso de épica medieval, donde ubicar el texto leído. Por supuesto, esperará que el escritor profundice en detalles que le permitan descubrir todo ese mundo, pero de momento el lector ya nos ha preparado un lienzo enorme sobre el que pintar.  Además, un lector activo estará dispuesto a completar cualquier espacio en blanco con pinceladas de su propia cosecha. En realidad, esto ocurre así no sólo en literatura, incluso no sólo con la ficción: los cerebros humanos están diseñados para construir una realidad continua y sin fisuras a partir de muy poquita información.

Podemos repetir el ejercicio con otro enunciado: piensa en un universo de aventuras espaciales, o en vampiros que se desenvuelven en nuestro mundo actual o, simplemente, piensa en el mundo de los cuentos de hadas. Cada uno de estos ejercicios de imaginación te llevará, probablemente, a un arquetipo de mundo de ficción.

El caso de los cuentos de hadas es particularmente interesante. Todos asumimos de alguna manera que se ubican en una época legendaria, no tecnológica, donde caben carros, molinos, ruecas, espadas, aldeas, norias o castillos pero no rascacielos, aviones, coches o pistolas. Asumimos que hay príncipes y princesas, leñadores, alfareros, costureras, comerciantes, soldados y caballeros, pero no consultores, ejecutivos, presidentes del Gobierno, abogados o turistas. Asumimos que hay una lucha latente entre el bien y el mal, que hay hadas, brujas y magia, que los animales pueden hablar e incluso ser protagonistas. Y, lo más asombroso de todo, para que el lector sepa todo esto sólo necesitamos transmitirle tres palabras: érase una vez.

Imagen de cuento de hadas

 

Fenomenal, los escritores podemos poner en contexto y transmitir una cantidad de información grandísima a nuestros lectores con pocas palabras: érase una vez, la tripulación de la nave se preparó para saltar al hiperespacio, o hubo un mago que sobrevivió a las Guerras Medias. Disponemos de grandes lienzos, esos arquetipos de mundos de ficción, unos estupendos aliados para atrapar a los lectores.

El verdadero trabajo del escritor viene ahora, tras optar (consciente o inconscientemente) por un arquetipo, toca completarlo, poblarlo de detalles y de personalidad, convertirlo en algo original y diferente para que sea atractivo. ¿Cómo hacerlo? Hay varios trucos.

Por ejemplo, utilizar como eje principal una dualidad alternativa a la de la clásica lucha entre el bien y el mal, describir algunos elementos determinados con gran nivel de detalle (inventar una lengua propia para alguna de las culturas que desarrolles, inventar recetas o bebidas…) o destacar alguna característica realmente extraña (como un planeta cúbico).

De las dualidades alternativas hemos hablado ya en Diludia (aquí), y sin duda seguiremos tratando el tema de cómo llegar a un mundo de ficción original partiendo de un arquetipo en futuras entradas.

 

Y tú, ¿qué técnicas y trucos propones como escritor?, ¿cuáles has detectado como lector?

 

Imágenes de dominio público con licencia CC0, tomadas de Pixabay

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