Diluditeca: "La Cosmonave Perdida"

 

 Portada del libro tal cual me la muestra el lector de ePUB

Hoy traigo, por primera vez, ciencia ficción a la Diluditeca. “La Cosmonave Perdida”, de Miguel Ángel Alonso Pulido, cuenta con algunos de los principales ingredientes del género: naves espaciales, armas láser y no solo humanos. Se trata de una novela ágil, construida sobre un mundo de ficción que se intuye muy sólido pero del que no se da más información de la necesaria, y con una excelente gestión de la intriga. El resultado es un libro agradable de leer, adictivo y dos veces bueno, por lo breve.

La novela trata sobre la aparición de una inquietante cosmonave. El motor principal de la trama es precisamente la resolución del misterio y, sin embargo, lo que engancha al lector no es tanto el avance de la trama principal como la continua tensión a la que están sometidos los personajes en cada escena. Se trata de un texto casi cinematográfico, de aventuras y de acción constante que hace de “La Cosmonave Perdida” un libro muy entretenido de leer.

Aunque en un primer plano tenemos a los protagonistas resolviendo situaciones complicadas, la novela permite al lector asomarse ligeramente a un mundo futurista con una compleja organización política. Sin duda el Gran Consejo que gobierna la galaxia es un lugar apropiado para intrigas y grandes planteamientos. Suena el eco de una guerra pasada y se intuye un gran conflicto por venir. Pero “La Cosmonave Perdida” no profundiza en nada de eso, se mantiene fiel al ritmo trepidante de la escena concreta que nos cuenta en cada momento. ¡Bien! ¿cuántas veces hemos tenido que leer cientos de páginas antes de llegar a la verdadera acción? Si quieres saborear lentamente un menú degustación, puedes optar por muchas buenas sagas que te satisfarán, pero si quieres tomarte un café solo muy cargado de un trago, “La Cosmonave Perdida” es lo tuyo.

Empieza in media res y, así, nos presenta al protagonista directamente en acción. No nos interesa la infancia de Chaka Gutionov ni su historia, el autor lo mete en apuros y hace que se desenvuelva. Ya está, tenemos un personaje definido. Y así con el resto del reparto, caracterizaciones muy hábiles y personajes interesantes, entre los que me gustaría destacar el aracnoide Tenok Pol. Todos quedan trazados con pocas líneas y, sobre todo, a través de diálogos muy bien elaborados. Y esta es otra contribución a que la novela parezca tan cinematográfica: abundan los diálogos pero no son gratuitos, siempre hacen avanzar la trama.

Otra característica destacable de “La Cosmonave Perdida” es la forma en la que se resuelve el equilibrio entre ciencia y ficción. Aunque no diría que se trata de ciencia ficción de la más dura, es evidente que hay un gran trabajo en la descripción de la tecnología y en mantener una coherencia con la ciencia que conocemos. Sí, tiene una textura que recuerda a Star Wars, pero en el caso de “La Cosmonave Perdida” la ciencia y la tecnología son elementos de peso. Siendo claros: uno puede basar la historia de Star Wars en un futuro con naves espaciales, en la Edad Media, el salvaje oeste o casi en cualquier escenario. Pero la novela de Miguel Ángel Alonso Pulido le da a la tecnología un papel más relevante que el de simple decorado y lo aprovecha para generar tensión: la radiación va en aumento y eso inyecta urgencia, la gravedad es diferente que en la Tierra y eso influye en cómo se mueven y qué pueden hacer o no los personajes, etc. Pero, y aquí está la clave del equilibrio, el autor no se pierde en explicaciones científicas innecesarias. Algunas da, sí, pero aportan coherencia sin llegar a cortar el ritmo de la novela. Es decir, no para la película para proyectar un documental, tenemos película todo el rato. Conseguir este equilibrio no es sencillo, y para mí es uno de los grandes méritos de “La Cosmonave Perdida”.

Y todo esto en una novela de debut, la primera novela publicada de Miguel Ángel Alonso Pulido, y está llena de puntos a favor. Desde luego, algún aspecto a  mejorar encontraremos si sacamos la lupa. Pero no cabe duda de que, al igual que ocurrió en mi anterior reseña sobre “Cazador y presa”, estamos ante un ejemplo más del excelente trabajo de la nueva generación wlogger. Sí, el autor mantiene su propio blog de escritor, con series de artículos realmente interesantes y un enfoque de escritor-editor-empresario que merece la pena seguir. En su web encontraréis, además, una sinopsis que de verdad os cuente de qué va la novela (creo que en esta reseña he hablado de muchas cosas, pero no tanto de la sinopsis).

Leí la novela en ePUB, y lo configuré con letra blanca sobre fondo negro (el "negativo" de lo habitual). Aparte de que me parece una forma muy agradable de leer, el fondo negro para una novela de ciencia ficción con espacio profundo alrededor es de lo más apropiado.

Ahora que “La Cosmonave Perdida” ha mostrado la puerta a un mundo de ficción con mucho potencial, queda preguntarse cómo habrá decidido Miguel Ángel desarrollarlo en sus siguientes novelas, “Traición en el Gran Consejo” y “Proyecto Armagedón”. Aunque tengo otras lecturas pendientes y la llamada de espadas y dragones es fuerte, seguramente la ciencia ficción y la novelas de este autor se abrirán un hueco de nuevo en la Diluditeca.

Ficción en la era del smartphone

Una tablet para Homer

La mayoría de nosotros llevamos un smartphone o teléfono inteligente en el bolsillo. Estamos tan habituados a ello que cuesta creer que, como tales, sólo existen desde 2007 o 2008. La tecnología avanza muy rápido y nuestra capacidad de adaptarnos a ella también. Pero las adaptaciones en ficción no son tan rápidas. Algunos casos excepcionales como los Simpsons muestran una evolución muy interesante: podemos ver cómo los personajes amarillos pasan de un televisor de rayos catódicos a una pantalla plana panorámica o cómo aparecen paulatinamente consolas, ordenadores portátiles, tabletas y smartphones (un artículo sobre esto puede leerse en este enlace). Pero novelas y cuentos son mucho más estáticos. Corremos el peligro de que historias escritas tan sólo hace diez años hayan quedado anticuadas porque los personajes no tenían smartphone. Estoy ahora mismo revisando algunos cuentos que escribí entre 2001 y 2005 y, aunque por lo general son absolutamente válidos, he encontrado algún pequeño signo de obsolescencia que me ha llamado la atención. Estoy preparando algunos de ellos para editarlos en un libro y me pregunto, ¿son vigentes? ¿puedo incluirlos como cuentos contemporáneos o tendré que presentarlos como textos de la década pasada?

Ya comenté en un artículo anterior que por ejemplo la parte final de “Los Cinco y el tesoro de la isla” podría haberse resuelto de un modo muy diferente si alguno de los niños protagonistas hubieran llevado consigo un móvil. En cualquier caso, un lector puede asumir sin mayor problema que lo que cuente un libro de 1942 se refiere a una época distinta, de cuando nuestros abuelos eran niños o jóvenes, y asumir las diferencias tecnológicas de una forma tan natural a como las asumimos al leer historias ambientadas en la Edad Media cuando el mundo se movía a pie, a caballo o vela, o en la Época Victoriana de la segunda mitad del siglos XIX con máquinas de vapor y una Revolución Industrial dominante. Pero se hace difícil concebir que un cuento de ambientación contemporánea escrito por ejemplo en 2005 o en 2007 esté ya obsoleto. Situaciones como llamar a casa de los padres para hablar con la novia o con un amigo ya no ocurren. Incluso eso de parar a alguien desconocido por la calle para preguntar por una dirección se hace cada vez menos: ¿para qué, si llevamos el mapa puesto? Sí son cotidianas, sin embargo, la mensajería instantánea (entre dos, o entre grupos), los selfies, tener un sport tracker o llevar todo Internet en el bolsillo. Y nuestra vida cotidiana seguirá cambiando.

¿Cómo, entonces, escribir una historia contemporánea para que se mantenga vigente?

Un cuento es más sencillo: en su brevedad, puede centrarse en escenas mucho más independientes de la tecnología. Pero en una novela seguramente tengamos que mostrar a nuestros personajes en infinidad de situaciones cotidianas. Si compra, ¿va a la tienda, lo hace online desde un ordenador o desde un móvil? Si habla con un amigo, ¿quedan a tomar juntos un café o conversan por teléfono, por Skype, por Whatsapp…? Si lee, ¿en papel o en algún dispositivo digital? Y si ponemos a nuestros personajes a ligar, ¿cómo deben hacerlo?

Aparte de estas consideraciones, no está de más incluir alguna marca de tiempo para ubicar a los lectores y hacerles entender el contexto. Referencias a acontecimientos deportivos, políticos, de gran trascendencia o pequeños detalles pueden ayudar. Por ejemplo, el año 2006 se ubica en la época pre-smartohone y hay infinidad de referencias que podemos utilizar: la selección Española de baloncesto ganó su primer mundial, Saddam Hussein fue ejecutado, se inauguró la T4 de Barajas, el Óscar de Hollywood a la mejor película se lo llevó “Los Infiltrados” de Scorsese, etc. Para este trabajo de referencia, la Wikipedia es tremendamente útil, con sus artículos dedicados a resúmenes anuales.

La roja campeona en 2006

No deja de ser curioso que uno sea capaz de leer “El poema del Cid”, con mil años de antigüedad, y lo sienta con plena vigencia, mientras que un cuento de 2005 puede dar cierta sensación de obsolescencia.

Diluditeca: "Cazador y presa"

Portada de "Cazador y presa", tomada del blog de Ana Katzen

Una pistola. Una pistola en una novela de fantasía. La vemos en la portada de “Cazador y presa” y, aunque aparece de forma discreta, acaparó inmediatamente mi atención, más incluso que la espada. Y unas gafas. La portada ya nos dice sin dejar lugar a dudas que no estamos ante una obra de fantasía al uso ni basada en un mundo medieval. Lo confieso: me encantan las espadas, las batallas con cargas de caballería, los castillos y todos esos elementos tan clásicos. Pero también me gusta la variedad y la busco tanto fuera de la fantasía, con lecturas de géneros muy diferentes, como dentro. “Cazador y presa” es una novela que precisamente enriquece la fantasía por su ambientación en un mundo con pistolas, girobuses, aeroplanos, ferrocarriles y otros artefactos propios de una primera mitad del siglo XX. Esta ambientación le confiere a “Cazador y presa” una textura especial, diferente, y muy adecuada para los que nos gusta salir de lo medieval de vez en cuando.

Pero la originalidad de “Cazador y presa” no acaba ahí. Es un mundo con magia, y la magia merece una explicación en toda obra de ficción: ¿de dónde viene? ¿quién la produce? ¿cómo se controla y manipula? Una génesis mágica especialmente brillante la podemos encontrar en la trilogía “Príncipe de nada” de R. Scott Bakker, donde en algún momento se dice algo así como que “la filosofía transforma la realidad en palabras y la magia transforma las palabras en realidad”, identificando así la hechicería como dual a la filosofía en un tándem que cobra sentido. En “Cazador y presa”, la magia tiene que ver con las almas, con el encaje entre alma y cuerpo y con lo que ocurre con las almas tras la muerte.

Esta utilización del alma como concepto canalizador de la magia y la fantasía es buena elección, me ha gustado cómo articula el sentido de la historia, de la lógica del universo de ficción planteado por Ana Katzen. Pero “Cazador y presa” no es una novela ni gótica ni espiritual, es un libro de aventuras y fantasía. La trama engancha y fluye a través de una prosa cuidada y efectiva.

“Cazador y presa” es el primer volumen de la trilogía “Los moradores del cielo”. El segundo libro, “Hierro fatuo”, ha salido a la luz hace tan solo unos días. La autora, además de brillante, es una escritora valiente, honesta y generosa. Generosa porque pone “Cazador y presa” a disposición de los lectores de forma gratuita en distintas plataformas (Amazon, Kobo, etc); honesta porque cuenta con toda sinceridad detalles relacionados con la obra en su blog, y valiente porque ha publicado la novela en Wattpad, expuesta a cientos de críticas y comentarios, y en la plataforma donde yo la he leído.

Es una lectura de interés, muy recomendable para los amantes del género y que refleja perfectamente la fuerza y vitalidad de la fantasía en español. Es también una muestra excelente de lo que es capaz de hacer la nueva generación de wloggers, de su orginalidad, oficio y profesionalidad desde la primera publicación. Para lo demás, para conocer a Sarket, Selene, Ënor y el resto de personajes, recomiendo sumergirse directamente en los 30 capítulos de este libro. “Cazador y presa” ocupa ya su lugar en esta Diluditeca, y vamos haciendo sitio para el resto de la saga “Los moradores del cielo”.

Puedes encontrar más información sobre Ana Katzen y su obra en su blog de escritora que, por el interés de su contenido, prometo incorporar próximamente a la Diludisfera.

Diludisfera: www.lauragallego.com

Pantallazo de mi ordenador visitando www.lauragallego.com hoy, el día que incluyo esta web en la Diludisfera

Laura Gellego es una de las escritoras de referencia en el panorama actual de las letras.  Es conocida por un buen número de libros, incluido las célebres “Memorias de Idhún” que, con su éxito comercial, demostraron que la fantasía juvenil está realmente viva y que pueden encontrarse grandes obras del género en español, sin tener que acudir siempre a la producción anglosajona. Destacan también sus obras dirigidas a público infantil y puede considerarse prácticamente un caso excepcional: su obra cubre con muy buena nota las tres facetas de calidad, cantidad y éxito comercial, una carambola al alcance de muy pocos.

Pero no es eso lo que quiero destacar de esta autora. La verdadera razón para traerla a la Diludisfera es lo que podemos encontrar en www.lauragallego.com. La web de Laura Gallego es personal. Ella misma escribe y responde en los foros. Se nota su presencia de una forma muy fuerte. La web tendrá sin duda otras personas detrás para realizar actualizaciones, tareas técnicas y de márquetin. Pero es esencialmente Laura quien la habita y, más que sentir la frialdad de una web oficial, uno se encuentra tan a gusto como en el acogedor sitio de un wlogger cuando navega por ella. Cada uno tendrá una opinión de la web de Laura Gallego y sus secciones favoritas. Yo quiero destacar dos apartados que me parecen maravillosos.

El primero, es la respuesta que nos da Laura a la pregunta ¿qué hay que hacer para ser escritor?.  Puede encontrarse en la sección de preguntas frecuentes, bajo el epígrafe “Para los que quieren escribir” (en este enlace). Recomiendo leerlo. Yo lo he hecho decenas de veces, y aún continúo releyéndolo de cuando en cuando. Es un texto sencillo, explicado con cercanía y habilidad, válido para personas de cualquier edad. Pero esa sencillez no le quita nada de rotundidad a sus mensajes. No es un mero consejo superficial para adolescentes aspirantes a escritores, es la esencia de lo que realmente significa ser escritor, explicado tan fácil, tan hermoso y tan crudo como es, sin necesidad de acudir a un máster repleto de técnicas y pócimas literarias ni de esperar a las conclusiones de un erudito comité de gurús. La verdad está ahí recogida de forma clara y entendible para todo el mundo.

El segundo apartado de la web de Laura Gallego que quiero destacar es el de Zodiaccía, un mundo diferente (en este enlace) . ¿Y qué es esto? Nada menos que una sección donde puedes encontrar la primera novela de la autora, escrita de niña, entre los 11 y los 14 años. Laura la ofrece de forma abierta y gratuita para disfrute de sus fans pero, sobre todo, como magistral ejemplificación de lo que cuenta en “¿qué hay que hacer para ser escritor?” Por supuesto, hay que escribir, y ser consciente de que la primera novela seguramente no sea brillante. “Zodiaccía” no es una obra maestra, no es una novela que pueda pasar el filtro de una editorial, aunque no deja de ser sorprendente la calidad que tiene para haber sido escrita por una niña. Pero la mejor enseñanza que obtenemos de “Zodiaccía” no es comprobar que la primera obra, incluso de una autora tan brillante como Laura Gallego, es una novela inmadura. No. Os recomiendo leer “Zodiaccía” y comprobar cómo la autora niña de 11 años del comienzo de la novela evoluciona, crece de forma espectacular. Veréis cómo la historia va tomando consistencia, ganando en madurez, manejando elementos de intriga, etc, hasta conseguir una segunda parte del libro, la que supongo es de la niña de 14 años, bastante lograda. Mejor que mi novela “Las aventuras de Kai”, que escribí con 19.

La web de Laura Gallego, seas o no fan de esta autora, contiene estas y otras joyas que os he querido traer a través de la Diludisfera. Espero que la disfrutéis tanto como yo.

¿Con qué escribes?

Seguramente vosotros también os sorprendisteis cuando se hizo público que George R. R. Martin, autor de éxito con “Canción de Hielo y Fuego”, escribe en un viejo ordenador que corre nada menos que el veterano sistema operativo MS-DOS y usa el procesador de textos WordStar 4.0.

Era lo que había a principios de los años noventa, cuando empezó a escribir su saga. Seguramente Martin se sienta cómodo con ese equipo tan antiguo, por hábito y quizá también porque muchas de las funcionalidades adicionales de los procesadores de texto modernos tienen más que ver con el trabajo de editor que con el de escritor. Otro punto a favor es la falta de distracciones: se trata de un ordenador dedicado a la escritura, no tiene ni siquiera conexión a internet. Por eso no me parece tan rara la elección de este autor.

Navegando por distintas webs de wloggers, uno rápidamente llega a la conclusión de que los escritores de hoy en día valoran enormemente los entornos sin distracciones que favorecen la concentración, un software dedicado a la creación literaria, monitor y teclado cómodos y, según el caso, la portabilidad. En general, hay ciertas coincidencias con Martin. Realmente algunos comentan que desconectan internet cuando escriben, y no he visto a ninguno que hable de la necesidad de tener un procesador último modelo.

Durante los últimos meses, he probado distintas opciones y configuraciones hasta llegar a mi equipo de escritura actual. Y, sí, como otros autores y como Martin, no necesito ni mucho menos un último modelo. ¿Cuál es entonces mi equipo de escritura?

Tengo dos ordenadores. Un portátil de 2006 y un sobremesa de la misma época. Ambos pueden considerarse obsoletos pero siguen teniendo potencia más que suficiente para mover las principales aplicaciones que se necesitan para escribir.

El portátil es un Toshiba Satellite A100-121 que compré para mi estancia en París en el curso 2006-2007. Mi primer portátil. Además de que le tengo un cariño especial, aunque las “tripas” se le hayan quedado anticuadas me sigue encantando el tacto de su teclado y la textura de su pantalla. Es tremendamente cómodo. El otro es un viejo ordenador de torre que cayó en mis manos el pasado mes de diciembre 2015, un veterano ya jubilado que adopté encantado en casa.

Ambos son de la época de esplendor del maravilloso sistema operativo Windows XP. Aunque muchos teléfonos móviles de los que vemos en las tiendas hoy en día son más potentes que cualquiera de ellos, son talmente funcionales y dan un buen rendimiento: perfectos para convertirlos en ordenadores de escritura. Me gusta la pantalla gigante y el teclado extendido del sobremesa, pero también la opción de llevarlo a cualquier parte del portátil. Así que los he configurado a medida teniendo en cuenta también que debo poder trabajar en cualquiera de ellos sin perder la continuidad. ¿Cómo lo he hecho?

Lo primero de todo, instalé como sistema operativo Linux Mint. Vale, Windows XP me encanta, pero desde que no tiene soporte oficial ya no me atrae. Dentro del laberinto de opciones de Linux, elegí Mint (17.2 para el portátil, 17.3 para el sobremesa). Esta distribución de Linux reconoce todos los periféricos inmediatamente, es elegante, robusta y hace que todo marche asombrosamente ágil. Como software de escritura, he instalado Writer (en realidad, toda la suite LibreOffice) para propósito general y Scrivener 1.9 para creación literaria en particular. Los chicos de Literature and Latte, la compañía que desarrolla Scrivener, han sido tremendamente generosos al poner a libre disposición para Linux su versión más actual, aunque no entra dentro de sus líneas comerciales (que van por Mac y Windows). Completo el software con Dropbox, que en la práctica es lo que me permite mantener la continuidad del trabajo indistintamente desde el portátil o el sobremesa, y otros programas como Pinta y Gimp para edición de imágenes, un lector de eBooks y algunas otras aplicaciones básicas. Y ya está. Es una configuración ligerita, sin videojuegos, sin descargas masivas de internet, sin potentes programas de diseño gráfico ni el trajín de una oficina, y eso se nota en la fluidez con la que funcionan.

En su conjunto es un entorno estupendo para escribir y para mantener este blog. Sí, utilizando máquinas obsoletas que ya no tienen valor alguno en el mercado y que en otras manos tendrían muchas papeletas de ir a la basura, pero que están totalmente en forma y a la última.

¿Y tú? ¿Cuál es tu equipo de escritura?

 

Imagenes: (1) ¿máquina de escribir o tablet? tomado de unsanelygreat bajo licencia CC BY-NC-SA 4.0 (2) mi portátil de escritura, imagen propia y (3) captura de pantalla de mi ordenador con Scrivener abierto por el proyecto en el que trabajo ahora

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