El laberinto

Portada de "El laberinto"

 

Una de las novedades literarias que he tenido en 2015 ha sido conocer la asociación de librojuegos y ficción interactiva Dédalo. Me hice socio, claro, y ahora soy uno de ellos.

¿Ahora?

Sí, aunque en realidad ya me había hecho socio, de alguna manera, el 27 de octubre de 1990.

Con once añitos redacté mi primer librojuego,“El laberinto”, a la imagen y semejanza de los libros de “Elige tu propia aventura” de los que he hablado ya algunas veces en Diludia.

He aprovechado que estas navidades pasé por casa de mis padres para rebuscar entre mis viejos papelotes y rescatar “El laberinto”. Es todo artesano. Todo todo. Está hecho con folios A4 plegado en formato cuadernillo que queda con tamaño A5 a modo de libro y escrito a máquina. Son 14 pliegos, el más exterior hace de portada y contraportada pero sólo se conserva la portada. Los otros 13 juntan 52 páginas, 48 de ellos son de contenido, es decir, es un librojuego con 48 secciones. El resto está en blanco o lo usé para datos y resumen de estadísticas: 22 dibujos, 18 historias o finales posibles, y un genial “terminado el día 27 de octubre de 1990” que, si no lo hubiera especificado, no podría decir ahora con exactitud cuántos años tenía cuando lo escribí. Los dibujos son hechos directamente sobre el original con lápiz y coloreados con pinturas de palo. ¡Ilustraciones a color! En esto superaba a los de “Elige tu propia aventura”.

Dibujos en páginas internas de "El laberinto"

 

Curiosamente, este formato es idéntico al que utilicé hace sólo unos meses para "El príncipe poeta". Este cuento infantil está escrito a mano en vez de a máquina, tiene cubiertas de cartulina y grapas, pero es el mismo concepto. También es el mismo concepto de los "Cuadernillos de Alcorcón" de Verbo Azul, colección en la que tengo dos número publicados.

La portada de "El laberinto", por eso de diferenciarla, tenía el lápiz repasado con rotulador. Está escrito con la máquina de escribir mecánica que por aquella época teníamos en casa. Una Olympia AEG Traveller de Luxe. Recuerdo que tenía que meter en el rodillo cada folio A4 ya doblado en tamaño A5, y saber qué página tocaba en cada caso. Esto no era trivial para un niño de 11 años, porque al plegar los 14 folios el orden de las páginas no es consecutivo. Tampoco era trivial generar un árbol de decisión, ese esquema que relaciona las secciones con los caminos que llegan o salen de ellas, o asegurarme de que todo el libro era explorable y no quedaba ninguna historia por cerrar. La encuadernación me la hizo mi madre. La grapadora no era suficientemente grande como para llegar al centro del cuadernillo. Ella me lo cosió con hilo grueso y ahí sigue sosteniendo las páginas.

Hilo de encuadernación visible en las páginas centrales de "El laberinto"

 

Por lo demás... los dibujos son solo regulares, secundarios porque tenían como función rellenar huecos blancos y nunca incluí uno a página completa; el texto tiene faltas de ortografía, repetición de palabras y una textura que constantemente recuerda que detrás hay un autor niño. La temática puede ser una de las más simples de concebir, ¿qué mejor escenario para tomar decisiones que un laberinto por explorar? Es además muy similar a “La cueva del tiempo” de Edward Packard, el primer número de “Elige tu propia aventura”, con sus viajes en el tiempo incluidos.

No tanto como para jugar a buscar las 7 diferencias, pero hay muchos parecidos

 

Imagino que no fui el único niño obsesionado en los años 80 y los inicios de los 90 con los libros de “Elige tu propia aventura”. Supongo también que hubo muchos otros chavales que, como yo, se lanzaron a escribir librojuegos. Esta obra la terminé, y tenerla acabada entre las manos era una sensación estupenda. Incluso hoy, ahora mismo, me emociono al hojearlo y releer algunas aventuras. Tras completar “El laberinto”, comencé a continuación otro librojuego de ciencia ficción que se complicó y se quedó inconcluso: más de 160 secciones, si no recuerdo mal, varias historias aún abiertas y algunas de ellas tomando fuerza como para formar una historia independiente. Era muy pequeño, aún faltaban cuatro años para que comenzara mi primer curso de creación literaria en la Universidad Popular de Alcorcón, y ya manejaba razonablemente bien la narración en segunda persona. Recuerdo tardes enteras tecleando con aquella Traveller de Luxe mecánica y apilando folios escritos, por aquel entonces, que los folios en blanco me parecían tan valiosos y preciados como el oro puro. Aquello era todo un trabajo, pero recuerdo ser plenamente feliz persiguiendo, tecla a tecla, a velocidad de dedos infantiles, la traducción a texto de todo lo que iba imaginando. ¡Qué libertad aquella! Escribir librojuegos me permitía crear multitud de caminos, no hacía falta descartar historias contradictorias porque podía plasmar todas y eso era absolutamente delicioso. Lo es todavía.

¿Y vosotros? ¿Escribisteis librojuegos cuando erais niños?

 

Imágenes: fotografías propias

 

Cuentos invitados

 

Una de las cosas más interesantes de Diludia son los cuentos de autores invitados. Recibí la primera colaboración en junio de 2014 y, desde entonces, cada mes he publicado un cuento de un autor colaborador.

En 2016 quiero seguir llenando Diludia de textos invitados, que aportan variedad y vitalidad al blog. Sin embargo, voy a cambiar de modelo: ya no me ceñiré a una colaboración mensual. ¿Por qué? Porque, aunque en la mayoría de ocasiones pedir un cuento para Diludia ha sido un proceso muy natural, otras veces me ha dado la sensación de “perseguir” al autor. Los cuentos invitados responden a un esquema de simbiosis: por un lado mi blog gana en calidad y variedad y, por otro, el escritor invitado gana difusión, lecturas y visitas a su blog personal, web o incluso tienda. Pero el primer domingo de mes que tenía establecido en Diludia para estas publicaciones no tiene por qué encajar con la fecha que más le interese al autor.

Así que ahora el modelo es otro.

En lugar de “el cuento del mes” la sección se llamará “cuentos invitados”.

Además de pedir los datos básicos de nombre del autor, título del cuento y enlaces que desea incluir el autor al pie de la entrada, preguntaré también por la fecha de publicación deseada, si es que hay alguna preferencia.

Seguiré “persiguiendo” autores, pero respondiendo a una llamada más natural y menos condicionada por el calendario.

Espero, además, que nuevos escritores quieran utilizar la sección de “cuentos invitados” para, por ejemplo, hacer coincidir su aparición en Diludia con eventos como el lanzamiento de su blog personal, la apertura de su cuenta en Wattpad, la publicación de un nuevo libro, la realización de una entrevista, etc, y que Diludia sirva de apoyo en la difusión.

Así que ya sabes, ¡espero tus colaboraciones! Si te animas, pincha aquí abre la puerta de Diludia, encantado de recibir invitados, y rellena el formulario para enviarme tu cuento (tienes que estar registrado en Diludia para poder acceder al formulario).

 

Quiero aprovechar también este post para recapitular los cuentos invitados publicados hasta ahora. Hice un recopilatorio con los 12 primeros en un artículo publicado el verano pasado, que completo aquí. Esta vez, menciono las colaboraciones de la más reciente a la más antigua.

 

De niños y trenes, de Santiago Eximeno (diciembre de 2015)
Un cuento oscuro que nos hará mirar a los raíles de una forma diferente. Siempre me ha parecido que los niños como personajes de ficción tienen una fuerza especial. Aquí están tratados a la perfección.

Regreso a U-Phi, de Joseto Romero (noviembre de 2015)
Decidí incluir un texto propio en esta sección. Es interesante leerlo como si lo hubiera escrito otro. Inyecto fantasía directamente en nuestro mundo actual y cotidiano, ¡no siempre las cosas maravillosas tienen que pasar en la Edad Media o en Estados Unidos!

Noticias, de Goizeder Lamariano (octubre de 2015)
Tras disfrutar su libro “Cuentos pacientes”, no pude evitar invitar a Goizeder a participar en esta sección.

Seas mar, de Isabel Garrido (septiembre de 2015)
Armónico, sugerente y cargado de imágenes, un texto que responde más a los esquemas de la poesía que a los del cuento.

Náufragos, de Helkion (agosto de 2015)
El mundo no ha cambiado. Un cuento con la mitología como marco ficcional. Atentos a la prosa, en algún momento el texto se convierte en película.

El Premio, de  Juan Miguel Lorite (julio de 2015)
Un cuento con muchos pliegues, al menos, con uno más de lo que creas que puedes encontrar. Del libro “Breves notas de una eternidad descubierta”, una verdadera joya.

Aguatierra, de Alberto García Gómez (junio 2015)
Original como su autor. Siendo amigos desde hace tantos años, sólo puedo decir de este cuento que es Alberto en estado puro.

El móvil, de Carlos Maza Gómez (mayo 2015)
Un precioso cuento publicado el día de la madre, con una madre como protagonista. He conocido a Carlos Maza a través de su obra publicada en Bubok. Tras leer algunos de sus textos, no pude eviar pedirle una colaboración para Diludia, quería que mis lectores supieran de él. Os recomiendo consultar sus libros publicados aquí.

Soneto premiado, de Eva Barro (abril 2015)
Si resultas galardonado en un concurso literario, querrías ir a la entrega de premios, ¿verdad? Compañera de Verbo Azul, Eva es una narradora y persona excepcional. La única manera de mejorar este cuento sería añadiéndole su voz al texto, dulce, redonda.

Carta de amor a George Orwell, de Josune Murgoitio (marzo 2015)
Seguramente después de leer esta carta os apetezca dedicar unos minutos más a repasar la biografía y la obra de George Orwell en la Wikipedia. Comparto con Josune las páginas del número cero de la revista de cultura Astrolabium, una aventura editorial de la que tuve la suerte de ser partícipe en sus primeros pasos. Sin embargo, no nos conocimos (también por internet) hasta que le pedí esta colaboración. Desde entonces, además, sigo su blog.

En la semipenumbra, de Encarna Martínez Oliveras (febrero 2015)
Un texto delicado, una reflexión de esas en las que merece la pena detenerse de vez en cuando para coger perspectiva de la vida. Si te apetece tomar un respiro y mirar alrededor, este es tu cuento. En los últimos meses, soy miembro de Verbo Azul "por email", ya que me resulta casi imposible desplazarme a las reuniones periódicas de la asociación. Pero internet nos acerca tanto como queramos, y con Encarna la colaboración ha sido tremendamente cercana.

Ratas, de Ludmila S. González Dalmau (enero 2015)
Imaginemos un mundo Exterior, donde habitan los humanos, y un mundo Subterráneo, hogar de las ratas. Desde que descubrí los "Foros de Fantasía Épica", me asombré de la calidad de los escritos de los miembros de aquella comunidad. Recibí una magistral lección de modestia cuando me presenté a uno de los retos que periódicamente organiza el foro y obtuve una estupenda última posición. Me llevé muchos consejos y aprendí mucho, y, sobre todo, leí obras maravillosas de los compañeros. La estética de "Ratas" me encantó, y Ludmila accedió a prestarme su cuento para Diludia.

Las tejedoras de Olivenza, de Félix Hernández (diciembre 2014)
Un cuento muy especial, premio del concurso “Se buscan protagonistas, 2014” que organizamos desde Verbo Azul y Alcorcón Emprende, que consiguió conjugar a la perfección la calidad literaria con la temática de emprendimiento, ¡todo un reto! Aunque conociendo a Félix, no resulta tan sorpendente que adecuara tan bien escritura y emprendimiento, son dos de sus pasiones.

Lo de actuar esta noche, lo hago por Juan, de Elena Montoro (noviembre 2014)
¿Qué piensan los actores antes de salir al escenario? Puedes introducirte, a través de este cuento, en la cabeza de una actriz. Aida me descubrió esta escritora, un verdadero placer.

La princesa, de Juan José Alcolea (octubre 2014)
Un cuento con una forma escondida. ¿Te animas a buscarla? Juanjo es uno de mis pilares en literatura, tanto en Verbo Azul como en lo personal, un amigo poeta que también me ha visto crecer, literalmente.

Fluidos, de José Jesús García Rueda (septiembre 2014)
Un cuento sensual, onírico y tan acuático que no hay duda que es literatura líquida. Es, además, el primer cuento del mes en alcanzar las 1.000 lecturas. ¡He aprendido tantas cosas de José Jesús! Hemos dedicado cientos de horas a investigar sobre Universos de Ficción y seguimos conectados en actividades de escritura, como la colaboración entre su blog "A voz en cuento" y Verbo Azul que todos disfrutamos.

Juegos, de Ana Garrido (agosto 2014)
Una fotografía artística, poética, que capta una imagen estupenda del mundo de los niños. Poeta de Verbo Azul y cómplice creativa desde que tenía 15 años, en plena adolescencia. Hemos compartido innumerables letras y muchas horas de clases de creación literaria de Consuelo Cerejido.

La niña de cabellos dorados, de Aida Millán (julio 2014)
Una madre observa a su hija jugar en la playa. Un cuento breve, perfectamente redondeado con un final sobresaliente. Llevamos unos años intercambiado críticas y creaciones literarias, para mí la presencia de Aida en "el cuento del mes" es imprescindible.

Infinito, de Raúl Yebra (junio 2014)
Nuestro mundo no es el único, hay misterios más allá de entendimiento de los humanos e incluso de los elevados. Este cuento, aun en su brevedad, deja ver un Universo de Ficción de fantasía lleno de posibilidades. Quise inaugurar la sección con Raúl, con quien llevo compartiendo textos alrededor de 23 años, y el escritor de quien con más expectación espero novedades.

 

Imagen: puerta de cuento de Diludia, que se abrirá para los invitados que queráis colaborar con vuestros textos. Tomada de Pixabay bajo licencia CC0 de dominio público

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Balance 2015, brújula 2016

El año 2015 termina. Ha pasado rápido y el tiempo se me ha escurrido entre las manos. La llegada de la Navidad me ha cogido casi desprevenido, como a medio vestir con sólo los calcetines y los calzoncillos puestos, con varios proyectos en marcha. He sacado adelante bastante trabajo literario, pero sabe a poco sobre todo porque me enfrento al cambio de año con muchas cosas sin terminar. Solo cuatro cuentos cortos (algunos, como el último, extremadamente corto, un micro de alrededor de 200 palabras) es un balance escaso de obras concluidas. Pero, ¿y la actividad real? Eso, mucho mejor: he podido colaborar en algunas acciones de Verbo Azul, y en particular, en los números 19 y 20 de “La hoja azul en blanco”, me he iniciado en el haiku, he vuelto a experimentar esa maravillosa sensación de estar escribiendo una novela, he llevado adelante la web de Diludia, he visitado las ferias del libro de Londres, Frankfurt y Liber en Madrid, he descubierto la asociación Dédalo de Ficción Interactiva, me he asomado al NaNoWriMo, a algunas experiencias transmedia y, a la vez, a la literatura castellana más antigua, he aprendido a usar Scrivener y he dado por fin con un entorno de escritura para mi ordenador con el que me siento cómodo, he cacharreado con Twine, he aprendido sobre las tripas del formato ePUB, he conocido varios wloggers y autores gracias a Diludia y al “cuento del mes”, he podido charlar sobre libros y ficción con muchas personas interesantes… y puede que me deje aún cosas sin mencionar. Pero quizá lo más importante ha sido identificar la literatura como mi centro de gravedad, ese agujero negro hacia donde se precipitan todas las materias que me orbitan, lo que estira y espaguetiza cada idea y cada concepto mientras lo engulle. En resumen: soy escritor.

Quiero retomar en este último artículo del año los propósitos literarios que me hice para 2015 y evaluar si los he cumplido. Hacer balance es la parte fácil, no hay más que contrastar esos propósitos con la realidad. Pero también quiero hacer el ejercicio difícil, el de plantear nuevos objetivos para 2016, y hacerlo a modo de programa electoral (o de como deberían ser), en esa estrecha zona de intersección entre utopía y realismo.

¡Vamos con ello! Recupero los propósitos de 2015:

 

52 artículos nuevos para el blog de Diludia. Es decir, un artículo por semana. Contando este, he publicado 51. El fin de semana del 19 de septiembre no publiqué nada. Fallé y esa es la razón por la que he sacado un artículo menos de lo previsto. A pesar de ese tropezón, considero el objetivo cumplido. Además, aprendí algunas cosas la semana que dejé Diludia en blanco. Lo primero, que hay mil razones por las que esto puede pasar pero, por suerte, no por falta de ideas, ¡cada vez tengo más cosas que contar! Lo segundo que aprendí es que internet no se derrumba por una cosa así, ni siquiera Diludia... No es agradable como blogger dejar pasar una semana en blanco, desde luego, pero creo que es mejor publicar con menos frecuencia que hacerlo forzado. En definitiva detrás de Diludia sólo hay una persona, no una máquina o una empresa.

Mejoras en la web. He realizado algunas, como una reestructuración de la barra lateral izquierda que incluye algunas pequeñas novedades como el “artículo aleatorio”, los enlaces a Verbo Azul y Dédalo o los anuncios (sí, estoy probando si pueden ayudarme a pagar el hosting y el registro de dominio) u otras cosas no visibles como algunas medidas antispam (incluso una web tan simplona como ésta sufre ataques, ¿os lo podéis creer?), pero sigo con otras mejoras pendientes, como la agenda de eventos o una opción de navegar por etiquetas o temáticas. Lo cierto es que he priorizado el contenido y he dedicado poco tiempo a los otros aspectos de la web. Diría que este es un propósito cumplido solo a medias.

Estudio metódico de escritura. Con esto me refería al curso "El placer de escribir". Lo empecé este verano y he ido contando mis avances en Diludia, cada vez que completaba el estudio de 5 entregas. Ahora mismo estoy con los números 16 a 20. He cubierto el 25%. También tengo que decir que estoy llevando el curso a conciencia, mucho más allá de leer los fascículos, hago también resúmenes y esquemas, escribo los textos propuestos a modo de deberes y a menudo completo algunos conceptos con ideas propias.

Iniciación al haiku. Me he iniciado, sin duda… pero con un resultado que no me esperaba hace un año. He aprendido las nociones suficientes del haiku como para darme cuenta de que mi planteamiento inicial, basado casi exclusivamente en los aspectos formales del esquema 5-7-5, era una auténtica aberración. Mi relación con el haiku es ahora difícil (lo cuento aquí). Aún así, considero el objetivo cumplido.

Borrador de la novela. La excusa del NaNoWriMo me valió para comenzar el borrador, para poner juntas todas esas notas que he ido tomando a lo largo de los últimos años y aterrizarlas. Tuve un par de momentos realmente mágicos tecleando, en los que era un escritor, un novelista, un gigante. También tuve otros ratos en los que tomé conciencia de los agujeros que aún presenta mi trama y me sentí más pequeño: necesitaría realmente muchas horas para completar el borrador, incluso con la ayuda de Scrivener la tarea era grande. No pude con ello. Propósito no conseguido.

 

Recuento final: de 5 propósitos planteados para 2015 considero que he cumplido con solvencia 2, otros 2 se me quedaron a medias y 1, aunque al menos lo abordé, se quedó como derrota total. En globa, una calificación de pichí pichá.

¿Qué espero para 2016? ¡Cuidado! Tengo muchas más ganas de emprender proyectos literarios que tiempo para hacerlos. Por eso quiero enfocarme en cosas muy concretas. Es duro descartar, y de verdad que voy a dejar al margen cosas muy atractivas, pero para 2016 prefiero abordar menos cosas y llevarlas hasta el final que empezar mil y dejarlas a medias: quiero que las próximas Navidades me encuentren vestido. Ahí va la propuesta para un nuevo año literario:

 

40 artículos. Publicar al menos 40 artículos en Diludia: continuar con uno a la semana como norma general, pero permitir alguna en blanco si es necesario. Seguramente acabe publicando alrededor de 50 porque me encanta redactar el post semanal, pero también quiero naturalidad. Si un fin de semana no puede ser, ¡ya sé que internet no explota!

6 cuentos. Escribir al menos 6 nuevos cuentos: el formato cuento, además de que me encanta, se adapta bien a mi realidad. He aprendido a generarlos en paralelo a mi vida cotidiana, moldearlos y evolucionarlos en cualquier momento y situación, para rematarlos cuando encuentro un par de horas en las que puedo concentrarme en casa frente al teclado. Una vez fríos, varios días después, un cuento puede necesitar alguna corrección y ya está listo. Pero quiero darle a este propósito un carácter más original: cada cuento nuevo que escriba deberá tener también su propio “writing-of”. Es algo que ya estoy haciendo, pero de forma desordenada, y quiero así incluir este proceso en mi ciclo de trabajo habitual de escribir un cuento.

4 concursos. Presentarme al menos a 4 concursos literarios. Son divertidos, tienen una fecha límite que incita a escribir y ayudan a disipar la pereza. A veces, obligan a crear sobre una temática que a priori no apetece pero luego se disfruta mucho y resulta ser todo un descubrimiento. Los premios, aunque no es sencillo conseguirlos, y más allá de su tamaño o cuantía, contribuyen al currículum literario y son estupendas herramientas para conocer otros escritores.

1 publicación. Publicar un libro de cuentos: tengo material suficiente y hace tiempo que lo estoy planeando. Un libro de cuentos requiere cierta coherencia, un hilo conductor. Si se tratara sólo de juntar texto tras texto ya lo habría solucionado. Mi objetivo es publicar un buen libro, con cuentos que mantengan cierta relación, que se guiñen entre sí algunas palabras, y que puedan definirme lo mejor posible como escritor. ¿Por qué algo tan cuidado? Porque hoy por hoy, aparte de material suelto, no tengo nada publicado en librerías ni en web y será una obra que funcione a modo de carta de presentación.

Completar el curso “el placer de escribir”, al menos hasta la entrega 40. No tengo prisa, pero quiero mantener la dinámica que llevo de tomar apuntes propios, redactar textos a modo de deberes, etc: es la mejor forma de sacarle verdadero provecho al curso.Atender las colaboraciones, tanto las generales en Verbo Azul y Dédalo como con otros escritores en particular. Se aprende mucho y esto de escribir ya es bastante solitario.

 

Con esto me conformo. Podría incluir objetivos sobre otras muchas cosas, como un número de libros a leer, o añadir propósitos sobre Diludia (mejoras en la web, objetivos de suscriptores o de visitas, etc). Podría también colocar entre los propósitos cualquiera de los proyectos que me apetece tanto llevar a cabo (la novela, ficciones explorativas con Twine, hacer una ficción interactiva sobre Beowulf de la que ya tengo esquemitas, probar de nuevo el NaNoWriMo, desarrollar unas ideas de literatura infantil, de literatura colaborativa, etc). Pero no quiero dispersarme y marcar estas prioridades me ayudará: este post es, además del último artículo de este año, una brújula para no perderme en 2016.

¡Felices fiestas!

 

Imágen: brújula sobre un papel vetusto y unas líneas de texto, tomada de internet como libre distribución.

¡Ficcionízate!

 

 

Guario era un mago de agua. Tras las Guerras Medias quedó sin poder y, en el último momento, no pudo defender al hijo del rey, que murió en el ataque final. Aunque Guario fue clave para ganar la guerra, el rey enloquecido de dolor lo culpó de la muerte de su heredero. Guario fue desterrado y condenado a vagar por el desierto. Allí su magia no servía y fue dado por muerto. Cuando estaba al límite de sus fuerzas, el destino puso un oasis en su camino. Allí Guario pudo recuperarse. Hizo acopio de fuerzas para atravesar la segunda mitad del desierto y llegar al otro lado del mundo, hasta la orilla del gran océano. Allí Guario recuperó de nuevo todo su poder.

-o-

La isla de Orialco había desaparecido completamente. Los espías de Lezmeriah sabían que nadie tenía poder suficiente para hacer desaparecer una isla de la noche a la mañana. Por eso convocaron a Cicinea en el Círculo Neutro. Allí, las fuerzas oscuras de Lezmeriah no tenían poder alguno. Tampoco la magia blanca de Cicinea.
–Sabía que vendrías.
Lezmeriah sonrió. Su lucha contra la maga blanca duraba ya milenios. Sabía que Cicinea no confiaría en él, a menos que demostrara su renuncia absoluta a la lucha. Sólo el Círculo Neutro garantizaba esas condiciones.
–El asunto de la isla de Orialco trasciende nuestro entendimiento –intervino Cicinea sin rodeos–, es un poder que llega de otra dimensión inestable. Podría destruirnos por completo de un momento a otro.
–Nuestro mundo se tambalea, sí, pero aún tenemos una oportunidad. Mis espías han averiguado algo, maga blanca. Un portal se abrirá. Durante un instante, conectaremos con la dimensión hostil y podremos penetrar en ella.
–Eso no es posible.
–Sí lo es. El conjuro de transdimensionalidad existe... pero las fuerzas necesarias para dominarlo requiren que trabajemos juntos.  Debemos fusionarnos en un sólo ser capaz de acceder a la dimensión hostil. No sé qué fuerza tendremos allí. Quizá no podamos aniquilar la amenaza, pero intentaremos al menos alejarla.
Cicinea guardó silencio. En aquel momento no necesitaba de sortilegios y poderes: bastaba con fijarse bien para leer la verdad, por primera vez en milenios, en los ojos de Lezmeriah... y también para leer su miedo.
–Cuenta conmigo.

El párrafo de Guario, el mago de agua, corresponde a una ficcionización. El fragmento de Lezmeriah y Cicinea corresponde a otra.

La primera cuenta la historia de una botella que, una vez vacía, ya no sirve. Tras dar un par de vueltas por casa finalmente es arrojada al contenedor de reciclaje de vidrio. A partir de ahí, comenzará un periplo hasta transformarse en una nueva botella y ser de nuevo útil. La historia de Guario el mago de agua no es más que la “ficcionización” de un hecho cotidiano.

La segunda ficcionización trata de un avance médico que puede ayudar en la lucha contra la enfermedad de Alzheimer. En particular, se centra en una persona que está empezando a olvidar algunas cosas pero, gracias a la ciencia, puede quizá no curarse, pero al menos sí retrasar la enfermedad y prolongar su vida autónoma. “Ficcionizando” sobre esto se llega a un fragmento fantástico como el expuesto o a cualquier otro igual de inventivo o fantástico.

Con este artículo quiero animarte a ficcionizarte. A tomar cualquier situación cotidiana, noticia o casualidad que suceda a tu alrededor y saturarla de fantasía sin contemplaciones. Mézclala con dragones, magos, naves espaciales, ejércitos épicos, nuevos planetas y dimensiones, mitologías, ciberpunk, unicornios, vampiros, robots, rayos láser, héroes, dioses y cualquier cosa exagerada y fantástica que se te ocurra. Hazla mucho más grande, mucho más pequeña, cámbiale el color, dale la vuelta... como si fuera plastilina.

 

 

Un plato puede ser un continente, las escaleras automáticas del metro un ascensor espacial, cruzar la calle una misión de máximo peligro… todo vale. Puede que con eso te salga un fragmento de texto cualquiera, que te ayude a componer un microcuento o una obra más extensa, o puede que te estimule como para empezar a construir poco a poco tu propio universo de ficción. Sea lo que sea, será algo positivo. Lo mejor de todo es que uno puede aparentar absoluta normalidad en su vida cotidiana y estar “ficcionando” sin que nadie más lo sepa. Quizá mañana mismo te conviertas en un elemento de las ficciones que estén creando en secreto las personas a tu alrededor cuando vayas al trabajo, al supermercado o conduzcas el coche. Quizá incluso seas tú quien fantasee en mitad de una reunión o mientras montas en bici. Quizás estés creando ficciones ahora mismo mientras aparentas leer un blog.

 

Imágenes: fantasía exagerada en un dragón y café como elemento cotidiano por excelencia. Tomadas de internet, de dominio público.

Iniciación al haiku (2)

 

Había una vez en el bosque de Caù una niña llamada Kotusei que cada mañana al salir el sol iba a buscar las Vancoras para la comida. Pero una mañana, más temprano de lo habitual, se encontró con la vieja Wonara, que le dijo: “¿A qué hora canta la abubilla?” La niña se quedó paralizada de miedo y no respondió. Y la Wonara la hizo pedacitos y se la comió.

El texto anterior es extraño. Se trata de un cuento tradicional de Gabón. Lo he extraído del libro “Cómo contar un cuento e inventarse cientos” de Paola Santagostino, que he comentado varias veces en Diludia. Paola dedica uno de los apartados de su libro a explicar qué cuentos no deben contarse a un niño. Uno de los tipos a evitar son los cuentos que resultan demasiado lejanos para el niño, los que vienen de una cultura totalmente diferente, porque no los entenderá y su imaginación lo interpretará a saber de qué manera. Este ejemplo seguro que es totalmente claro para un niño de Gabón, pero para un occidental no es comprensible en absoluto.

Una de las realidades contra las que me he estrellado durante mi iniciación al haiku ha sido precisamente la de enfrentarme a una cultura tan diferente como la japonesa. No son pocos los haikus que requieren un cierto conocimiento de la cultura, la tradición o naturaleza del país oriental para entenderlos. Por suerte, mi libro guía en este viaje, “Aware” de Vicente Haya, recopila un buen número de haikus seleccionados y comentados, incluyendo cuando es necesario las indicaciones sobre la cultura japonesa suficientes como para disfrutar el poema. Por ejemplo:

 

Un solo lazo de papel votivo

en una rama seca

movida por el viento

 

Este haiku de Tsuji Mitshuhiro es comentado con detalle en “Aware” en su capítulo (o lección) número 19. Leído de primeras, no me dijo demasiado, igual que no me dicen nada conceptos como la Wonara o si hay que madrugar más o menos para buscar las Vancoras. Pero cuando Vicente Haya me explicó a continuación qué es el papel votivo, qué significa, para qué y cómo se usa, entonces no sólo entendí el haiku, sino que lo disfruté y lo aprecié de verdad. 

Desde luego, hay otros muchos haikus que no necesitan nada más de lo que sabe cualquiera ya de niño para entenderlo plenamente, como este de Kataoka Yumiko incluido también en “Aware” en su primera lección:

 

Las hormigas

suben por una hoja de hierba...

y en seguida bajan

 

Mi iniciación al haiku ha sido muy fructífera en lo que respecta a lo aprendido, pero también me ha llevado a abandonar el proyecto que comencé con el año 2015. Consistía en crear cada semana un nuevo haiku basado en una fotografía. Seguí ademante con aquello durante 12 semanas, con la ayuda de Aida Millán y Javier Vendrell que me proporcionaban las fotografías correspondientes. La idea inicial era componer 52 haikus sobre 52 imágenes, uno por cada semana del año 2015.

Pero el proyecto que ya comenté en Diludia (aquí) así planteado no tenía ni pies ni cabeza.

Un haiku inspirado en una imagen no es que esté prohibido, pero no es precisamente una base habitual. Un haiku por semana es una pauta que nada tiene que ver con la filosofía que hay detrás de la composición de este tipo de poemas. Pero quizá lo más estridente de todo era el hecho de explorar una fotografía en busca de una inspiración para el haiku semanal. Para un cuento u otro tipo de creación la metodología quizá sí resulte atractiva, pero un haiku no se crea de esta manera. Surge de un asombro y el poeta o, mejor, el haijin, no busca este asombro conscientemente. El proceso tiene que ver más con permanecer atento y abierto, sensible para captar esos momentos de asombro de los que la  naturaleza está plagada, pero desde luego un haiku no es algo que pueda acecharse o que pueda ser cazado, forzado o ni siquiera buscado.

Por eso lo dejé en la semana 12. Fue un buen ejercicio para aprender a componer en el formato de 17 sílaboas, 5-7-5, desde luego, pero haikus no eran. Por otro lado, sí que creo haber compuesto ya fuera de este reto varios haikus realmente sinceros y provocados por un “aware” o momento de asombro real.

Y aquí llega el segundo topetazo con la realidad.

Me da la sensación de que tengo la sensibilidad de un iceberg. ¿Cuatro o cinco verdaderos haikus en un año? Sí, parece que en vez de ojos para captar la realidad llevo puestos rayos láser que se enfocan en una única cosa cada vez y dejo pasar el resto de la realidad sin prestarle la más mínima atención. Es difícil fascinarse por algo como el camino que siguen las hormigas si uno no se fija en que hay hormigas en el suelo del parque.

Este 2015 he descubierto un género, el haiku, fascinante y quizá no del todo clasificable como poesía. Me conformo con eso, y con escribir uno de vez en cuando, aunque necesite un Titanic que se me estrelle en mi cara de iceberg para tener un “aware”.

 

Imágenes: (1) monte Fuji, (2) iceberg, tomadas de Pixabay bajo licencia CC0 de dominio público

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