El NaNoWriMo 2015 y los trenes

Creo que fue en diciembre de 2014 cuando descubrí que existía el NaNoWriMo, “National Novel Writing Month” o mes nacional de la escritura de novelas. Se trata de un reto literario: escribir una novela de al menos 50.000 palabras en un mes, en particular, durante el mes de noviembre. El encanto está en que, gracias a internet, existe un lugar común donde todos los escritores que asumen el reto pueden interactuar y dejar constancia de su progreso en el mismo. Así, el reto personal transciende a lo social y consigue un gran atractivo. Pero este artículo no es para hablar de NaNoWriMo: la web oficial es estupenda y son muchos los Wloggers en lengua castellana que ya han contado con todo detalle en qué consiste e incluso sus experiencias personales. Este artículo trata sobre trenes, los que se dejan pasar y los que no.

Llevo con la idea de una novela dando vueltas en la cabeza desde 2013. Cuando descubrí la existencia de NaNoWriMo, o “Nano”, en diciembre del año pasado, me dije que tenía aún once meses, hasta noviembre de 2015, para pensarla, crear la trama, los personajes, etc, y así empezar con la redacción del primer borrador precisamente el 1 de noviembre de 2015. Poner una fecha en el horizonte funcionó, porque aquella idea dejó de ser una mera temática sobre la que fantasear para empezar a concretarse en los elementos de una novela: mi protagonista se llama Enrique y es profesor de matemáticas, viene marcado por algo desde su niñez (por supuesto, ese “algo” lo tengo también muy definido); su vida se cruza con Yutunaith, un ser transcendental, y la fantasía entra como un torrente en la vida cotidiana de Enrique y en su entorno.

Desde este verano, el curso por fascículos de “El placer de escribir” me está sirviendo también para ir definiendo las piezas y pensando en cómo colocarlas.
Hoy, 1 de noviembre de 2015, he tecleado unas cuantas palabras. Sí, oficialmente comienzo a redactar el manuscrito de Yutunaith. Ha sido una sensación brutal. ¿Cuánto tiempo hacía que no escribía una novela? Dieciséis años. Dieciséis años en los que no he dejado de tener actividad literaria, pero que la he centrado más en géneros breves, poesía y cuento. Así que he saboreado cada palabra de esa introducción, eso que tenía en la cabeza desde 2013 y que ha sido un verdadero placer teclear.

Y, sin embargo, el NaNoWriMo 2015 quizá sea un tren que dejar pasar más que un tren en el que montarse. No tengo prisa con Yutunaith, y, aunque la definición de los elementos de esta novela son suficientes para empezar a redactar, no he definido todos, ni tampoco he cursado aún todas las lecciones clave de “El placer de escribir” que me gustaría aplicar. Pero, sobre todo, tengo otras tareas en paralelo. Sí, puede que redacte algún trozo, aquellos capítulos y escenas que tengo en la cabeza de una forma más nítida. Puede que redacte estas partes como ocio, para tener de nuevo esta sensación maravillosa que acabo de experimentar al escribir, en ratitos sueltos. Pero el compromiso de 50.000 palabras en un mes es un tren demasiado rápido y voy ya montado en varios, en muchos. Diludia es otro de esos trenes y probablemente también baje su velocidad.

Os invito a visitar la web de NaNoWriMo y, si os animáis, ¡corred a crear vuestra novela, que esto acaba de empezar! Yo dejaré a Yutunaith en la dimensión de lo placentero, sin convertirla en obligación, y agradeciendo ella y al NaNoWriMo 2015 haberme sacado de ese “limbo” de parón de escritura de novelas que ha durado 16 años.

 

Imagen: trozo tomado de uno de los documentos disponibles en el grupo español de NaNoWriMo, para su difusión este año

El placer de escribir (11-15)

 

Sigo trabajando detenidamente, fascículo a fascículo, el curso “El placer de escribir”. Como sabéis, mi estudio va más allá de la mera lectura de cada entrega: incluye un primer vistazo rápido y a continuación una lectura detenida. Después, tomo un cuaderno y dibujo esquemas, escribo resúmenes y anoto reflexiones propias que añaden mi punto de vista y, en ocasiones, amplían lo aprendido. Para todo esto, suelo realizar una nueva lectura de partes seleccionadas del fascículo. Además, por supuesto, cumplo con las actividades propuestas a modo de deberes: este es uno de los puntos más interesantes porque lo hago con la novela que estoy ideando en mente, aplico los ejercicios sobre algo concreto y así voy creando fichas de personajes, ensayando distintos tipos de narrador o probando ideas sobre una misma historia.  Aunque los textos que escriban seguramente no formen parte de la novela definitiva, su construcción me ayuda a estar en contexto y a perfilar la trama. Como última actividad, cada cinco lecciones escribo un artículo en Diludia comentando la experiencia de realización de este curso. Hoy traigo los comentarios correspondientes a las lecciones 11 a 15.

El curso continúa inmerso de lleno en los conceptos principales de la narración. Lo agradezco. Intuyo que esta etapa del curso tiene más complejidad que otras por venir, y  a estas alturas uno ya se ha hecho a la idea de que escribir es un verdadero trabajo. Muy satisfactorio, sí, pero un trabajo en el que cuentan mucho tanto la dedicación como la técnica, el uso consciente de los distintos recursos y herramientas, y que la inspiración no es por sí sola suficiente como motor para una novela. Los fascículos estudiados en este bloque son:

11. Describir en 3D: construir un escenario verosímil
12. La caracterización: conoce a tus personajes como a ti mismo
13. Los personajes: cómo hacer que seduzcan
14. Viajando en el tiempo: de historia a trama
15. Buscando problemas: el conflicto narrativo

Simplificando, el fascículo 11 se centra en el escenario, el 12 y el 13 en los personajes y el 14 y el 15 en la trama. En realidad, uno no puede hablar de escenario o de trama sin hacerlo también de los personajes, por lo que nunca se pierde de vista la globalidad aunque se ponga el foco principal en uno u otro aspecto.

Del fascículo 11 me quedo con unos esquemas de fases de la descripción, tipos de descripción y funciones de los lugares o espacios que considero de lo más práctico. Es una lección con mucho encanto, pero que además permite resumir en esquemas muy claritos el contenido. Estoy seguro de que utilizaré mi cuaderno más de una vez en el futuro, para escribir.

Los fascículos 12 y 13 están entrechamente relacionados entre sí. El 12 trata primero de cómo crear un personaje (digamos, el trabajo del escritor hacia dentro) y a continuación enseña cómo presentarlo al lector o caracterizarlo (del escritor hacia afuera). Si un personaje fuera un iceberg, crear el personaje sería su gran parte sumergida mientras que su caracterización sería la punta visible. El fascículo 13, por su parte, habla de cómo hacer que el iceberg sea bonito, no sólo bonito, atrayente, y cómo hacer a partir de arquetipos que nuestro personaje sea original y tangible. Además, enseña que a los personajes hay que ponerlos apuntando hacia un lugar concreto, deben tener un objetivo.

Del objetivo de un personaje y las trabas que encuentra para conseguirlo se habla en profundidad el fascículo 15, quedando muy hiladas entre sí. Me encantó la alternancia de conflictos internos y externos como motor de la trama. El capítulo 14 había sentado previamente las bases para la creación de una trama, además de haber expuesto las principales técnicas para ordenar la información más allá del natural orden cronológico.

El fascículo 16 promete completar aún más el asunto de la trama y, como digo, estoy encantado de que el curso se meta tan de lleno en el meollo de cómo escribir una novela.

Además de las técnicas narrativas, cada fascículo incluye secciones de estilo y técnicas para la creatividad. En el estilo, comentar que me está ayudando a retomar conciencia de ciertos recursos que ya conocía, y también a solucionar problemas concretos como por ejemplo a combatir mi tendencia al leísmo. En cuanto a técnicas para la creatividad, según se van presentando en cada fascículo voy llegando a una conclusión: no creo que me encuentre con bloqueos a la escritura por falta de ideas, ni creo que me bloquee a mitad de redacción. Sin embargo, sí temo bloqueos en la fase de preparación, de cómo transformar las ideas en una buena trama con sentido. Por eso las técnicas de la lección 14 me han parecido especialmente útiles, de cómo alternar con cierta rapidez el funcionamiento de los hemisferios derecho e izquierdo del cerebro: primero el izquierdo, imagina cosas, después el derecho, aterrízalas, y así sucesivamente, para lograr convertir una maraña de buenas ideas en un hilo nítido.

Ciclos. Alternancias entre hemisferio derecho e izquierdo del cerebro, o entre conflictos internos y externos, o entre descripciones activas y pasivas,  entre obstáculos y periodos de calma, entre contar y mostrar escenas. Otro de los conceptos globales que estoy aprendiendo en este curso es la alternancia como técnica casi universal.

 

Imágenes: (1) Mi avance, tres cuartos del primero de los tres tomos de "El placer de escribir". Fotografía propia. (2) Ciclo, concepto común a muchas de las técnicas literarias y trucos de escritura que estoy aprendiendo. Tomada de Pixabay bajo licencia CC0 de dominio público.

8 cafés en Frankfurt

He pasado el jueves 15 y el viernes 16 de octubre en la feria del libro de Frankfurt. En el propio avión de vuelta a Madrid, agotado, empecé a pensar en algunos números que pueden hacer una idea de lo que para mí ha sido esta feria: 2 días y 1 noche que han sido 44 horas fuera de casa (6 de dormir y 38 despierto), 2 aviones, 8 trenes para 4 trayectos, 3 taxis, 8 cafés, cero salchichas y cero pretzels (¡incomprensible!), 8 tarjetas nuevas de contactos… y así podría mencionar algunas cifras más. Sin embargo, el número que más me ha venido a la cabeza es infinito.

La feria del libro de Frankfurt parece infinita, inabarcable por mucho que uno maximice las horas que permanece despierto. Parece infinita también la cantidad de libros que pueden llegar a verse en un único paseo, cientos de volúmenes alineados a lo largo de innumerables stands. Y de nuevo infinita en la cantidad de cosas que ocurren en paralelo y que uno debe renunciar a ver. En definitiva, he encontrado unas dimensiones que casi producen mareos. Por eso no he podido evitar recordar el cuento “Infinito” de Raúl Yebra.

Realmente, mi experiencia en este viaje se ha restringido casi exclusivamente a lo profesional, un evento sobre tecnología en el marco de la feria del libro de Frankfurt, y sólo me permití un paseo contemplativo en la última hora y pico antes de abandonar la feria para ir al aeropuerto, el viernes ya avanzada la tarde. Tras un expresso en el stand de Italia y la última conversación de trabajo, me dirigí a la “isla” de editoriales independientes. Sí, una isla, así es como se llamaban las zonas este año, en honor al invitado especial, Indonesia, con sus más de 17.000 islas (vaya, otro número). Encontré en un rincón agradable entre los stands con sillas, un señor que debía ser un autor hablando y apenas 8 ó 9 personas sentadas escuchándole. En alemán. Había salido de mi burbuja de reuniones en inglés y me encontré de lleno con que en Frankfurt, aún siendo una feria internacional, predomina muy de largo el alemán sobre cualquier otro idioma. No iba a poder entender nada así que me dirigí a otros lugares. De camino encontré un set con una vieja máquina de escribir y un Apple Macintosh que parecía más antiguo aún, y no pude evitar una sonrisa y una foto.

En mi periplo de alrededor de una hora, también me dejé caer por la zona dedicada a e-books y autoplublicación, pero era ya viernes a última hora y me encontré el escenario dedicado a esto absolutamente vacío. También hice un intento por visitar la zona de libro antiguo, pero por motivos de seguridad había que dejar en los roperos abrigo, bolsos, etc. No iba demasiado sobrado ya de tiempo y tampoco confiaba en encontrar nada parecido a un manuscrito Voynich, así que descarté ese paseo.

Cómo no, uno se inspira en este tipo de lugares y, aunque la actividad es mucha, también tuve momentos en solitario y viví situaciones que, por qué no, podrían perfectamente convertirse en cuentos con algo de imaginación y trabajo adicional.

Bajarme en una estación de fin de trayecto, helada y oscura entrada ya la noche, ver que el próximo tren sería muy tarde y decidir buscar un taxi, dirigirme al único lugar con luz alrededor, un bar, donde me hicieron el favor de llamar a un taxi para mi y, al rato, completar en coche el trayecto hasta un hotel incluso más hundido aún en la oscuridad, acompañado de un conductor también extranjero y de aspecto feroz, llegar a la puerta del hotel, un establecimiento familiar, y encontrar que la recepción está vacía, el matrimonio que lo regenta hace ya horas que se fue a dormir.

Ser detenido en el aeropuerto por una señora que me pregunta si vengo precisamente de la feria del libro, que si podía darle mi entrada ya que yo salía de Frankfurt y no la necesitaría más, para poder entrar ella gratis al día siguiente.

También podría utilizar el café a modo de McGuffin, cada uno de esos 8 cafés ha sido absolutamente distinto de los demás. Quién sabe, igual alguno de estos elementos y situaciones acaban un día metidos, debidamente camuflados con ficción, dentro de un cuento.

 

Imágenes: (1) Vista con vías y edificios desde una de las salidas de la feria. (2) Artefactos vetustos. (3) Área de autopublicación vacía. Fotografías propias.

Peluqueros y taxistas

 

Una chica de un pueblo de Ciudad Real decide venir a vivir a Madrid. A su familia no le parece bien, pero ella sabe que en el pueblo sólo tiene dos opciones: seguir viviendo con sus padres o casarse. En la capital, sin embargo, le esperan otras opciones.

Un chófer tiene el encargo habitual de llevar a ciertos empresarios al estadio Santiago Bernabéu. Se dirigen a palcos privados en los que cerrarán algunos negocios. Además de ver un partido del Real Madrid en el estadio, serán agasajados con otros lujos, y también con prostitutas en un hotel de cinco estrellas. –Todos firman –piensa el chófer–, todos los que aceptan las prostitutas luego firman.

En las películas no impresionan, pero en la realidad uno se queda paralizado, sin saber que hacer, sin atreverse a tocarla ni siquiera. Una pistola. Ahí, olvidada quizá. ¿De quién sería?¿Por qué aquél objeto se había cruzado en mi camino?

Debería haber estudiado. Sus padres, tras interminables años de sacrificios, podían permitirse pagarle los estudios. Pero sin embargo él lo dejó todo por venir a España.

Felisa regentaba un bar en Madrid, sede de una de las principales peñas atléticas que de vez en cuando recibía la visita de un jugador. De joven, mucho antes de que aparecieran las primeras canas, trabajó en un hotel haciendo camas y limpiando habitaciones. Un buen hotel, sí, cerca de Las Ventas y en el que se solían alojar los toreros más famosos. ¿Que me quede con unos? Los futbolistas de hoy. Sin ninguna duda. Los jugadores siempre tienen un detalle para los peñistas, y también para los que estamos detrás de la barra. Los toreros de entonces ni siquiera te miraban a la cara.

Una vez llevé a la Duquesa de Alba. Sí, sí, ahí mismo, donde está sentado usted ahora. Oh, sí, hablamos. Una señora muy amable y muy generosa. Mucho mejor de lo que puede parecer en televisión, de verdad.

¿No conoces el fútbol gaélico? Es un deporte muy interesante, aquí tiene más afición incluso que el fútbol. Todos los años se organiza una competición entre Irlanda y Australia a dos partidos, uno de fútbol gaélico y otro de rugby. Sí, se parecen bastante. El taxista pasó a detallarme las reglas de aquel deporte. Estaba en Dublín, cuna de grandes escritores, a los que incluso tiene dedicado un museo. Y, de nuevo, me encuentro con que el taxista me habla de fútbol… por lo menos esta vez es diferente.

Sí, es Saratoga, una de sus canciones antiguas, hace más de diez años que fue single. En esta emisora, y a estas horas, pinchan canciones de todo tipo, no sólo las de moda. Sí, yo también he pasado muchas noches en el Excalibur o en el Hebe. ¡Qué tiempos! Iron Maiden viene de gira.

Supe que aquél no era mi sitio en el preciso instante en el que me pidieron opinión sobre el antes y el después de la cirugía estética de Belén Esteban. Como me daba absolutamente lo mismo, me limité a hacer coincidir mi recién adquirida opinión con la de la peluquera, en contra del punto de vista de la otra clienta. Me pareció mucho más sensato darle la razón a la persona que manejaba unas tijeras sobre mi cabeza. Podría haber sido peor, la revista estaba plagada de noticias de la Casa Real.

Paramos primero en su hotel y me despedí de él. Una pena, la conversación me había venido bien para no pensar en la endiablada velocidad de aquel taxi, en noche cerrada y por aquellas calles de Varsovia, tan desconocidas para mí. Por suerte, el resto del trayecto desde su hotel hasta el mío consistía en un zigzagueante callejeo que impedía ir rápido. Por fin llegamos. El taxista se bajó servicial y, cuando abrió el maletero, vi aquella maleta. Roja como la mía, pequeña como la mía, pero que no era la mía, y que podría contener un buen puñado de informes confidenciales.

 

Algunos de estos párrafos son fieles, otros son inventados, y otros tienen elementos reales e imaginados juntos. Están extraídas principalmente de taxis y peluquerías, una de ellas es de hoy mismo. Y es que taxistas y peluqueros son buenos interlocutores, conocen cientos de historias, incluso las suyas propias, y las comparten. Estas historias pueden moldearse, exagerarse, retorcerse y convertir en ficción. No necesariamente deben derivar en una novela o un cuento, algunas sí pueden hacerlo, otras sin embargo serán más apropiadas para crear un personaje o ambientar una escena. Todas son aprovechables y, si son flojas, prueba a introducir algún elemento agresivo o fantástico: una pistola, cocaína, una enfermedad o un muerto, sexo, un cocodrilo, un hechizo, un dragón o un superpoder.

Si eres escritor, aprovecha esos minutos en los que no se puede hacer mucho más que hablar para escuchar con el detector de ficciones activo. Si eres peluquero o taxista, por favor, sigue contándonos tus anécdotas, tu vida o tus opiniones. Quién sabe, pueden acabar formando parte de una novela algún día.

 

Imágenes: (1) "Das letzte Taxi", tomada de flickr del usuario Emanuele, bajo licencia CC BY-SA 2.0 y (2) peluquería tomada de pixabay bajo licencia CC0 de dominio público 

Noticias

 

Por fin se habían marchado y le habían dejado solo. Ya era hora. Qué pelmas. Que si cajas de bombones, que si ramos de flores, que si libros. Estaba harto. De ellos y de sus regalos. Pero, sobre todo, de su compasión. No lo soportaba. Odiaba sus sonrisas, sus abrazos, sus palabras de ánimo. Sabía que todo era mentira. Eran unos malditos mentirosos, unos hipócritas, unos falsos. Sabía que no les importaba una mierda. Sólo venían a verle para sentirse mejor con ellos mismos. Para hacer su buena acción del mes, de la semana o del día. Sí, por lo visto esos asquerosos necesitaban hacer buenas acciones muy a menudo. Demasiado. Pero estaba seguro de que nada más salir de la habitación, mientras caminaban por el pasillo, antes incluso de llegar al ascensor, ya se habían olvidado de él.

Mejor así, pensó Gonzalo. Que se vayan y me dejen tranquilo. No los necesito, ni a ellos ni a sus absurdos regalos. No necesito sus llamadas, sus visitas ni, mucho menos, su compañía. Cuándo entenderán que yo lo único que quiero es que me dejen tranquilo, para poder ver la tele y estar a gusto, aquí solo en la habitación, a mi aire. Coño, no es tan difícil de entender. Bastante me han jodido en estos 58 años como para que ahora me amarguen también lo poco que me queda.

Gonzalo no era tonto. Sabía que el cáncer de hígado que tenía iba a acabar con él. No sabía cuándo, pero eso no cambiaba nada. Se iba a morir cualquier día de estos y punto. No había que darle más vueltas. El cáncer iba a conseguir lo que el alcohol, el tabaco y su familia no habían logrado. Acabar con él. Mandarlo al otro barrio. Nunca le había gustado perder. Pero tampoco le gustaba dar pena. Sólo quería vivir tranquilo. Nada más. Tampoco pedía tanto.

Cogió el mando y encendió la tele. El telediario. Siempre con las noticias. Qué coñazo. No jodas. Han matado a Bin Laden. Por fin. Por fin se han cargado a ese maldito terrorista.  Ya era hora joder, les ha costado diez años. No era tan difícil lanzar un pepinazo para descuartizar a ese puto terrorista.

Mientras Gonzalo pensaba en Bin Laden, ella avanzaba por el pasillo hacia su habitación. Miró el número. La 273. Sacó el papel que llevaba en el bolsillo. Sí, era ahí.  Antes de entrar, pegó la oreja a la puerta para escuchar. No sabía muy bien por qué, pero le encantaba hacerlo. Escuchar lo que decían o lo que pensaban instantes antes. Le divertía mucho. Sobre todo en casos como este. Era genial ver cómo alguien pasaba de la alegría, la euforia o el entusiasmo al miedo, el horror y el pánico en tan sólo unos segundos. Era matemático. En cuanto le veían se les cambiaba la cara. Se les salían los ojos, se quedaban blancos, paralizados. No fallaba. Siempre igual. Y cada vez le gustaba más.

Abrió la puerta despacio, sin hacer ruido, y entró. Miró a Gonzalo. Estaba tan concentrado celebrando la muerte de Bin Laden que ni siquiera se había dado cuenta de su llegada. Mejor así, pensó. Cuanto más se sorprenden, más se asustan. Es mucho más divertido. Por fin la vio, cuando ya estaba a su lado, junto a la cama. Miró todos los aparatos a los que estaba conectado. En un momento comenzarían a pitar como locos. Le dio la mano.

 

Todo sucedió en un segundo. Como siempre. Le encantaba hacerlo así. Rápido y limpio. Un trabajo bien hecho. Gonzalo sólo tuvo tiempo de mirarle a los ojos, ni siquiera fue capaz de abrir la boca. Su último pensamiento la hizo reír. Este tío es gilipollas, pensó. Bueno, él y muchos otros. Casi todos. Ahora va el tío y le pregunta que qué coño hacía ella ahí si hace un momento estaba en Pakistán, cargándose al maldito Bin Laden. Ni que viajase en avión. Millones de años dedicándose a eso y todavía no habían entendido su trabajo. Estaría jodida si tuviese que viajar en avión, con todo el trabajo que tiene todos los días. Para ella no hay vacaciones, ni festivos, ni fines de semana. 365 días al año, 24 horas al día. Siempre había sido así. Y seguiría siéndolo. Aunque ellos no lo entendiesen. Eso era lo de menos.

 

"Cuento del mes" correspondiente a octubre de 2015 de la autora invitada Goizeder Lamariano, de su libro "Cuentos pacientes".

Te recomendamos visitar su blog literario en http://cuentatelavida.blogspot.com.es. También puedes seguir a Goizeder a través de facebook y twitter (@goilamariano).

 

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