Ana Garrido

Biblioteca dedicada

 

 

Hay muchas formas de ordenar una librería. Por grupos de libros del mismo tamaño, por temáticas, por autor, orden alfabético, etc. La librería de mi salón tiene varios espacios curiosos. Uno está ocupado por una enciclopedia universal de veinte volúmenes editada a principios de los ochenta, que me acompañó en decenas de trabajos durante el colegio y el instituto y que me traje de casa de mis padres. Una zona de libros para bebés en la parte más baja para que los pueda alcanzar mi hijo. Otra con los ejemplares de mi colección de “Elige tu propia aventura” de la que ya os he hablado y de la que tengo novedades que comentaré en próximas entradas. Una balda recoge la colección de “Los Cinco” de Enid Blyton que han entrado en casa a golpe de kiosco tras su última reedición de RBA. Y otras partes de la librería contienen grupos de libros heterogéneos. Hoy quiero hacer zoom sobre unos libros muy especiales que, hace unos días, decidí colocar juntos.

¿Qué tienen en común?

Juegos

Les gustaba jugar a las palabras. Cada noche, mientras su madre recogía los restos de la cena, Juan y Carmen retomaban el juego donde lo habían dejado el día anterior. Mesa, silla, albaricoque... cualquier cosa desataba su imaginación y desencadenaba una historia. Las más de las veces era Juan el que se ocupaba de darle forma, pero a veces Carmen se sentaba en el columpio del fondo, muy seria en su papel de hermana mayor, y entonces podía pasar cualquier cosa, un ogro devorado por criaturas minúsculas o un bosque lleno de naranjas azules.

El verano estaba siendo suave, nada de agujeros de sol al fondo del estanque, nada de paredes de lagartijas. Después de cenar, los niños se miraron nerviosos ensayando una sonrisa cómplice.

- ¿Ahora? - dijo Juan señalando el jardín.

- Ahora. - contestó Carmen - Mundo.

Y no hizo falta más.

 

"Cuento del mes" correspondiente a agosto de 2014 de la autora invitada Ana Garrido.