audiovisual

MasterChef literario

Este martes es la final de la tercera edición de MasterChef. Confieso que me he enganchado a este talent show. Y no soy presa fácil: he esquivado uno por uno los realities y otros programas similares como Operación Triunfo o Gran Hermano, incluso cuando eran novedad televisiva y no seguirlos suponía quedar fuera de algunas conversaciones entre amigos.

Con MasterChef sólo me he perdido algún episodio y a veces tengo una sensación de, ¿¡pero qué estoy haciendo!? ¡Debería aprovechar estas dos horas para escribir o para descansar en lugar de permanecer como un zombi delante de la caja tonta! Pero me gusta. De vez en cuando, resulta absolutamente delicioso desconectar el cerebro y ser un mero espectador pasivo de un programa así, reconozcámoslo. Otras veces lo dejo conectado y pienso cosas relacionadas con la ficción y la gastronomía: ¿qué cocinarían en un mundo fantástico? ¿tendrían todos esos ingredientes? ¿y qué deberían comer en una novela de ciencia ficción que imagine el año 3.003? Por supuesto, un pensamiento que seguro que muchos de vosotros habéis tenido es que, igual que hay programas dedicados a la cocina, ¿por qué no hacen un talent show sobre escritura?

De nuevo, descubro que la literatura tiene mucho que aprender del mundo audiovisual. Sí, existen concursos literarios igual que también hay concursos en televisión pero, ¿no sería genial un talent show de aspirantes a escritores?

Hipótesis literaria: novelas cada vez más trepidantes

A finales del siglo XV, prácticamente nadie había visto nunca un león en España.

Recuerdo una maravillosa visita guiada hace unos años a la catedral de Sigüenza, en Guadalajara. Recibí una interesante clase de Historia, arte y religión. Uno de los espacios donde más tiempo nos detuvimos fue ante el sepulcro de D. Martín Vázquez de Arce, “El Doncel”, y recuerdo perfectamente el comentario del león.
Por aquella época, a finales del siglo XV, se acostumbraba a colocar en las esculturas de los sepulcros la figura de un perro a los pies del homenajeado como símbolo de la fidelidad. En “El Doncel”, sin embargo, se representa un león. Más que el simbolismo, lo que me llamó la atención fue la explicación sobre su apariencia: en realidad aquel león era como un gato, con más pelo y algo más fiero desde luego, pero no un león como los que vemos en los documentales. El guía nos explicó que no era habitual en la época saber cómo era un león, y probablemente la única referencia que tuvo el escultor fue a través de descripciones. Así puede entenderse que un escultor tan habilidoso, capaz de definir tan bien los rasgos de “El Doncel”, cincelara un león tan poco realista.

Ya sabéis que yo todo lo llevo a la literatura. Si en la escultura del siglo XV representar un león era problemático, ¿lo sería también en un texto? ¡Más aún, quizá! Porque en la escultura el resultado es algo visible, el espectador lo contempla directamente y no necesita imaginarlo. Pero en literatura, cada lector es un escultor, cada lector tiene que visualizar su propio león con su imaginación. Por eso las descripciones en la literatura son tan importantes.

Booktrailer

Tomar conceptos del mundo audiovisual y atraerlos a la literatura es algo siempre interesante en lo que pensar y puede dar lugar a buenas ideas. Lo hemos hecho ya en Diludia al reivindicar un uso más extendido del color en lugar del omnipresente blanco y negro, o al acuñar el término de writing-of como análogo al de making-of. En esta ocasión quiero hablar de un caso en el que, ahora sí, el mundo literario está adoptando una práctica del mundo audiovisual: el booktrailer.

Un tráiler de una película es un vídeo resumen de corta duración, desde unos segundos hasta dos o tres minutos, que presenta una sinopsis. Tiene una función muy clara de marketing. Generalmente cuenta lo mínimo de la trama como para generar curiosidad en el espectador, cuidando el no revelar detalles cruciales. Es decir, no suelen contiener "spoilers".

Lo más habitual es encontrarse con un tráiler en el cine, como un anuncio previo a la película que hemos ido a ver. Sin embargo, cada vez más se emiten por televisión e internet. Además, es un género publicitario que se ha extendido a las series y a los videojuegos. Y a los libros, donde han tomado el nombre propio de booktrailer.