autopublicación

Diludisfera: confesiones de un escritor

Portada de la web de Miguel Ángel Alonso Pulido, visitada hoy mismo

Miguel Ángel Alonso Pulido es escritor y blogger, es decir, un wlogger en toda regla. Hace unas semanas leí y reseñé su libro La cosmonave perdida, pero ya seguía a este autor desde hacía meses a través de su web.

La de Miguel Ángel es, probablemente, una de las webs de autor autopublicado más efectivas que conozco. Contiene información sobre su obra y su biografía literaria que deja muy claro qué obras ha publicado y dónde comprarlas. Además de estas secciones, que se agradece de verdad que sean tan claras, su web contiene un blog: “Confesiones de un escritor”. Y este blog tiene un valor especial. Miguel Ángel nos cuenta en él con todo detalle cómo está desarrollando su carrera de escritor. Su sinceridad hace que algunos artículos resulten ásperos. Si leemos a Miguel Ángel solo de pasada podemos llevarnos la impresión de que es un obsesionado con el control, la productividad, el número de palabras escritas y las cifras de ventas. Pero, en realidad, lo que tenemos delante es un autor al desnudo, sin edulcorar, muy consciente de su trabajo y que además nos ofrece así, gratis y de sopetón, información valiosísima de su experiencia como escritor autopublicado.

8 cafés en Frankfurt

He pasado el jueves 15 y el viernes 16 de octubre en la feria del libro de Frankfurt. En el propio avión de vuelta a Madrid, agotado, empecé a pensar en algunos números que pueden hacer una idea de lo que para mí ha sido esta feria: 2 días y 1 noche que han sido 44 horas fuera de casa (6 de dormir y 38 despierto), 2 aviones, 8 trenes para 4 trayectos, 3 taxis, 8 cafés, cero salchichas y cero pretzels (¡incomprensible!), 8 tarjetas nuevas de contactos… y así podría mencionar algunas cifras más. Sin embargo, el número que más me ha venido a la cabeza es infinito.

La feria del libro de Frankfurt parece infinita, inabarcable por mucho que uno maximice las horas que permanece despierto. Parece infinita también la cantidad de libros que pueden llegar a verse en un único paseo, cientos de volúmenes alineados a lo largo de innumerables stands. Y de nuevo infinita en la cantidad de cosas que ocurren en paralelo y que uno debe renunciar a ver. En definitiva, he encontrado unas dimensiones que casi producen mareos. Por eso no he podido evitar recordar el cuento “Infinito” de Raúl Yebra.