caja de herramientas literarias

Personajes trascendentales

 

Según el tipo de texto en el que estemos trabajando, necesitaremos profundizar más o menos en los personajes. Una novela de espada y brujería probablemente tenga suficiente con un protagonista esbozado en pocos trazos, lo justo para colocarle un arma y enfrentarle a las aventuras. Un cuento al estilo clásico puede recurrir a la cultura de los lectores e invocar a los personajes predefinidos en la conciencia colectiva: con decir “lobo”, “príncipe” o “niño de padres pobres” puede ser suficiente. Sin embargo, en la gran mayoría de los casos, querremos personajes muy elaborados y necesitaremos dotarlos de contexto social, familia, amigos, ambiciones, motivaciones, secretos, manías, personalidad y tantos detalles como sea posible. Sobre todo, para que la trama funcione y podamos crear intriga, debemos proponer conflictos para nuestros personajes. Las barreras para alcanzar un objetivo, las tomas de decisiones difíciles, las contradicciones, etc, son ejemplo de buenas fórmulas para crear conflictos.

Podemos tener un protagonista homosexual obligado a esconder su condición en una sociedad intransigente. Un héroe expuesto a una tentación y obligado a decidir entre el camino recto o el atractivo. Un parado forzado por las circunstancias a entrar en la ilegalidad. Un visionario que es consciente de un peligro que amenaza a la humanidad pero que le toman por loco y encuentra todo tipo de dificultades en su tarea de evitar la catástrofe. Una persona con una vida perfecta pero que cometió un error en su juventud y súbitamente debe enfrentarse a sus consecuencias.

En definitiva, se nos pueden (¡y deben!) ocurrir muchos problemas, numerosas opciones que actúen como motores de la trama.

El cuaderno de notas

No creo en la inspiración. No como algo que llega o se encuentra sin más. Pero sí creo en las ideas súbitas y en la conveniencia de capturarlas al momento. Yo utilizo un cuaderno de notas que llevo siempre encima, como una de las piezas estrella de mi “caja de herramientas literarias”.

Para mí, escribir tiene que ver mucho más con trabajo, constancia, acumulación de experiencia y método que con inspiración. No concibo la inspiración según el concepto clásico de recibir un aliento divino y experimentar un éxtasis que permite crear obras artísticas sublimes. De hecho pienso que un escritor es una persona capaz de escribir sin necesidad de estar inspirado, y lo realmente importante es tener habilidades como una redacción correcta, un vocabulario amplio, o conocimiento y dominio de un buen número de técnicas literarias. Incluso la propia generación de ideas es algo que puede sistematizarse y para lo que se pueden aplicar muy diversos métodos. Dicho esto, sí creo en la aparición espontánea de ideas en cualquier momento y lugar.

Sí creo en esas relaciones o sinapsis que nos hacen ver algo nuevo, instantes en los que concebimos el embrión de una trama, o vemos una metáfora maravillosa, damos con el toque que le falta a un personaje que estamos perfilando, o imaginamos un final redondo para un texto que tenemos inconcluso en la cabeza. El desarrollo de la idea es algo que podemos aplazar y retomar más tarde, pero es imprescindible apuntarla en el momento, antes de que se olvide y se escurra entre nuestras neuronas sin dejar rastro.