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La Historia Interminable y el color

 

Leí “La Historia Interminable” de Michael Ende cuando era niño. Un libro absolutamente mágico incluso antes de tenerlo en las manos: sólo mencionar su título evocaba un mundo maravilloso. Lo cogí en la biblioteca del colegio. ¡Menudo volumen de páginas! Sin duda iba a ser el libro más largo que me había leído hasta entonces. Muchas cosas lo hacían especial. Hoy quiero hablaros de una de las características de “La Historia Interminable” que más me gustó: el uso de tintas de dos colores.

Cuando era pequeño parecían existir sólo dos tipos de libros: los que tenían dibujos y los que no. Y, dentro de los que tenían dibujos, éstos podían ser en blanco y negro o en color. Pero el texto, ¡ay el texto! Siempre escrito en omnipresente tinta negra.

Era quizá 1989 o 1990 cuando lo leí. Hacía tiempo que el color era lo más normal y dominante en televisión. Pero, en el mundo del libro, “La Historia Interminable” con sus letras a dos colores era un ejemplar absolutamente raro, una excepción a la norma. El mundo audiovisual ha seguido avanzando mucho más allá del color. La literatura también ha avanzado, desde luego, pero incluso en esta época de explosión de tablets y e-readers el texto monocromo sigue siendo el rey. ¿Por qué? Sinceramente no creo en barreras de tecnología, sino en barreras mentales de los propios escritores. Ende cometió una genialidad. El uso de dos tintas, roja y verde, no era un recurso meramente estético, sino que cumplía una función determinada en la ficción.