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Diluditeca: "El Conde Lucanor"

 

¿Cómo llegó a mis manos "El Conde Lucanor"? En junio de 2014 celebramos una de las asambleas anuales de Verbo Azul. Esto significa que nos congregamos en una terraza y tomamos, además de decisiones, café, cerveza, refrescos o cualquier otro brebaje social. Son reuniones muy cordiales y operativas, pero en definitiva somos amigos y los primeros momentos solemos dedicarlos a saludos y charlas informales. Juanjo, uno de los compañeros, apareció con una caja de libros que quería repartir. Coged los que queráis. Uno de ellos era ni más ni menos que "El Conde Lucanor" de Don Juan Manuel, edición de Cátedra, colección Letras Hispánicas, de bolsillo, cubierta negra y sobria, de los preferidos de los filólogos. Nada más verlo recordé mis años de colegio, este era uno de los libros que se estudiaban en Lengua, en la sección de literatura. Y haber tenido de pequeño a Ángel Guinda como profesor sin duda marca. Recuerdo aún perfectamente que el libro de Lengua del aquel curso en el colegio traía una adaptación del "Ejemplo del hombre hambriento". Para mí, El Conde Lucanor es mágico, y de repente necesité leerlo.

La realidad es que la trilogía de Príncipe de Nada y otros menesteres ocupaban mi tiempo lector, pero unos meses más tarde cogí por fin "El Conde Lucanor" y esta misma semana lo he terminado. La lectura de este libro inspiró, cuando lo abrí por primera vez, el post dedicado a los prólogos personalizados en Diludia y ahora, tras haber completado su lectura, toca el turno de incluirlo en la Diluditeca.

Diluditeca: "El curioso incidente del perro a medianoche"

Hace unos días terminé de leer “El curioso incidente del perro a medianoche”. Como me ha gustado mucho, quiero incluirlo en la “diluditeca” y compartir con vosotros unos comentarios en el blog. Pero antes de sacar el bisturí para diseccionar el libro, quiero hablar un poco de astronomía.
Siempre me ha gustado la astronomía. Especialmente de niño y de adolescente. Sin embargo, poco a poco se ha convertido en una afición secundaria. En realidad, me sigue fascinando tanto como al principio, y creo que la única razón por la que apenas dedico tiempo a la astronomía es la falta de cómplices. Resulta mucho más fácil mantener aficiones como el fútbol o las que nos dicte la televisión según la temporada (música, baile o cocina), que cuentan con millones de seguidores con los que compartirlas. Nunca faltarán interlocutores para opinar de fútbol o del reality de moda, incluso hasta un desconocido en el ascensor puede valer. Por eso me apena no tener casi nadie con quien hablar de astronomía y me alegra tanto contar con mis compañeros de Verbo Azul y los seguidores de Diludia para hablar de escritura y literatura en general.
Cuando iba al instituto leí, entre otros muchos libros de astronomía, “Historia del tiempo” de Stephen Hawking. Recuerdo perfectamente que el libro incluía una única ecuación. El autor insistía en que sólo incluía una porque un amigo le había dicho que por cada ecuación que añadiera el número de lectores de “Historia del tiempo” se reduciría a la mitad. A lo mejor por eso no hablamos de astronomía en nuestro día a día, para que nuestro número de amigos no se reduzca a la mitad.

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