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El placer de escribir (11-15)

 

Sigo trabajando detenidamente, fascículo a fascículo, el curso “El placer de escribir”. Como sabéis, mi estudio va más allá de la mera lectura de cada entrega: incluye un primer vistazo rápido y a continuación una lectura detenida. Después, tomo un cuaderno y dibujo esquemas, escribo resúmenes y anoto reflexiones propias que añaden mi punto de vista y, en ocasiones, amplían lo aprendido. Para todo esto, suelo realizar una nueva lectura de partes seleccionadas del fascículo. Además, por supuesto, cumplo con las actividades propuestas a modo de deberes: este es uno de los puntos más interesantes porque lo hago con la novela que estoy ideando en mente, aplico los ejercicios sobre algo concreto y así voy creando fichas de personajes, ensayando distintos tipos de narrador o probando ideas sobre una misma historia.  Aunque los textos que escriban seguramente no formen parte de la novela definitiva, su construcción me ayuda a estar en contexto y a perfilar la trama. Como última actividad, cada cinco lecciones escribo un artículo en Diludia comentando la experiencia de realización de este curso. Hoy traigo los comentarios correspondientes a las lecciones 11 a 15.

El curso continúa inmerso de lleno en los conceptos principales de la narración. Lo agradezco. Intuyo que esta etapa del curso tiene más complejidad que otras por venir, y  a estas alturas uno ya se ha hecho a la idea de que escribir es un verdadero trabajo. Muy satisfactorio, sí, pero un trabajo en el que cuentan mucho tanto la dedicación como la técnica, el uso consciente de los distintos recursos y herramientas, y que la inspiración no es por sí sola suficiente como motor para una novela. Los fascículos estudiados en este bloque son:

El placer de escribir (6-10)

 

Durante esta segunda mitad del mes de agosto de 2015, he podido continuar con el curso de escritura creativa “El placer de escribir”. En esta segunda entrada sobre este tema, os traigo comentarios de las lecciones 6 a 10. Lo primero, confesar que me divierte, estoy disfrutándolo cada vez más. Y creo que la principal razón de disfrutar un curso así es... algo tan sencillo como escribir a la vez. He creado algún cuento recientemente, estoy generando ideas nuevas y diseñando una novela que se encuentra en fase previa a la escritura como tal: creación de personajes, escenarios, etc. Todo esto es material propio sobre el que aplicar directamente las lecciones del curso, sobre el que toma sentido lo aprendido, y hace que estudiarlo sea divertido.

¿Qué lecciones han sido esas? Pues unas bastante cerebrales en diferentes sentidos. A continuación la lista:
     6. Voces orales y escritas de los personajes: el diálogo.
     7. Los pensamientos de los personajes: la posibilidad de acceder a la mente.
     8. La acción a escena: los personajes en un tiempo y un escenario.
     9. El paso del tiempo: los relojes narrativos.
     10. Una ventana mágica: cómo acceder al interior de la mente.

El placer de escribir (1-5)

Este mes de agosto he empezado a realizar el curso “El placer de escribir”. Me apetecía mucho y además hacerlo era uno de mis propósitos literarios para 2015.

Es un curso que coleccioné por fascículos hace un tiempo, formado por 60 lecciones. La textura, los dibujos y la presentación de las lecciones está muy cuidada, es sugerente y ayuda mucho a un estudio inmersivo y agradable. Cada fascículo se estructura en tres partes: técnicas narrativas, estilo y creatividad. Además, hay una sección de lecturas y películas o series recomendadas para reforzar los conceptos estudiados. También, como en todo curso, hay deberes, ejercicios sugeridos para afianzar lo aprendido.

¿Y cómo estoy realizando el curso? A mano, como cuando estudiaba en el instituto, con papelería nueva: un cuaderno agradable y bolígrafos bic azul y negro. La sensación de volver a hacer ejercicios al estilo del instituto no tiene precio. Estudiar es genial, sobre todo cuando ya no hay presión de exámenes y es puro ocio. Para cada lección, incluyo en el cuaderno algún esquema o resumen a mano, añado ideas y planteamientos propios y, finalmente, redacto los textos de las actividades propuestas a modo de deberes. Lleva su tiempo, unas dos horas para cada fascículo, pero es así como quería hacer el curso, con implicación; si me conformara con sólo leer los fscículosl, lo habría hecho hace mucho, pero para aprender de verdad necesito el cuaderno, hacer un resumen, o un esquema a mi manera y ponerme con los deberes.