Feria del Libro

8 cafés en Frankfurt

He pasado el jueves 15 y el viernes 16 de octubre en la feria del libro de Frankfurt. En el propio avión de vuelta a Madrid, agotado, empecé a pensar en algunos números que pueden hacer una idea de lo que para mí ha sido esta feria: 2 días y 1 noche que han sido 44 horas fuera de casa (6 de dormir y 38 despierto), 2 aviones, 8 trenes para 4 trayectos, 3 taxis, 8 cafés, cero salchichas y cero pretzels (¡incomprensible!), 8 tarjetas nuevas de contactos… y así podría mencionar algunas cifras más. Sin embargo, el número que más me ha venido a la cabeza es infinito.

La feria del libro de Frankfurt parece infinita, inabarcable por mucho que uno maximice las horas que permanece despierto. Parece infinita también la cantidad de libros que pueden llegar a verse en un único paseo, cientos de volúmenes alineados a lo largo de innumerables stands. Y de nuevo infinita en la cantidad de cosas que ocurren en paralelo y que uno debe renunciar a ver. En definitiva, he encontrado unas dimensiones que casi producen mareos. Por eso no he podido evitar recordar el cuento “Infinito” de Raúl Yebra.

Historias inconclusas en la feria del libro de Londres

Esta semana el trabajo me ha llevado a la Feria del Libro de Londres. Eso incluye algunas cosas tediosas como pasar horas en aeropuertos, avión, metro con su “mind the gap”, o tirando de una maleta con ruedas. Pero el viaje también incluía cosas buenas, como un espléndido tiempo soleado en la capital inglesa o compartir café y reuniones con socios agradables en un ámbito de sumar tecnología y libros, que para eso habíamos ido a la feria.

Este tipo de viajes a veces dejan unas horas de total libertad, y en esta ocasión me encontré con un par de horas libres de compromisos y reuniones que pude utilizar a mi antojo en la feria. Elegí asistir a una ponencia con un título muy sugerente que podríamos traducir como “historias inconclusas: narrativa interactiva y texto en juegos”. Atractivo, ¿verdad? Lo sorprendente es que la feria de Londres estaba plagada de ponencias del mismo estilo. Esta me atrapó y allí me vi sentado, escuchando a personas totalmente desconocidas para mí pero tan interesantes como el encargado de adaptar los libros de J.K. Rowling a un videojuego.

Hubo tres conceptos geniales que aprendí en este seminario: la interactividad como el elemento diferencial entre la escritura para videojuegos y la escritura tradicional, las grandes oportunidades que tenemos hoy en día de crear juegos interactivos basados en texto y la diferenciación entre las facetas de creador de ficción y redacción que los escritores suelen aunar.