haiku

Iniciación al haiku (2)

 

Había una vez en el bosque de Caù una niña llamada Kotusei que cada mañana al salir el sol iba a buscar las Vancoras para la comida. Pero una mañana, más temprano de lo habitual, se encontró con la vieja Wonara, que le dijo: “¿A qué hora canta la abubilla?” La niña se quedó paralizada de miedo y no respondió. Y la Wonara la hizo pedacitos y se la comió.

El texto anterior es extraño. Se trata de un cuento tradicional de Gabón. Lo he extraído del libro “Cómo contar un cuento e inventarse cientos” de Paola Santagostino, que he comentado varias veces en Diludia. Paola dedica uno de los apartados de su libro a explicar qué cuentos no deben contarse a un niño. Uno de los tipos a evitar son los cuentos que resultan demasiado lejanos para el niño, los que vienen de una cultura totalmente diferente, porque no los entenderá y su imaginación lo interpretará a saber de qué manera. Este ejemplo seguro que es totalmente claro para un niño de Gabón, pero para un occidental no es comprensible en absoluto.

Una de las realidades contra las que me he estrellado durante mi iniciación al haiku ha sido precisamente la de enfrentarme a una cultura tan diferente como la japonesa. No son pocos los haikus que requieren un cierto conocimiento de la cultura, la tradición o naturaleza del país oriental para entenderlos. Por suerte, mi libro guía en este viaje, “Aware” de Vicente Haya, recopila un buen número de haikus seleccionados y comentados, incluyendo cuando es necesario las indicaciones sobre la cultura japonesa suficientes como para disfrutar el poema. Por ejemplo:

Iniciación al haiku

Uno de mis propósitos literarios para 2015 es, tal cual,  “iniciación al haiku”. Y como creo que a escribir se aprende escribiendo más que leyendo sobre cómo escribir, me lancé a lo "learning by doing" a crear haikus desde el propio uno de enero. Leí en paralelo algunas generalidades en Wikipedia y en la web “El Rincón del Haiku”.

Un poquito más tarde, el 3 de febrero, compré “Aware”, con el subtítulo “Iniciación al haiku japonés”, del experto español Vicente Haya. La verdad es que de momento no he leído más que una parte de esta guía, pero cuanto más avanzo en su lectura más contento estoy. Contento es una forma de expresarlo: en realidad me está haciendo pasar toda una crisis. Mi visión del haiku hasta hace poco era muy simplista y enfocada casi exclusivamente en los aspectos formales, en esas 17 sílabas ordenadas en 5-7-5 que tanto juego me parece que ofrece. Pero no, un haiku no es a la poesía lo que un bonsái a un árbol. No es poesía breve, en pequeñito, micropoemas ni nada de eso. De hecho no estoy seguro de que el haiku sea literatura, por mucho que use la palabra como medio de transmisión de sensaciones. En general, estoy aprendiendo mucho con la lectura pausada de “Aware”, pero también estoy siendo testigo de cómo se desmorona mi concepto original de haiku.