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Ideas para Lucía (2)

 

A principios de verano de 2014 redacté el planteamiento de un cuento que tenía como protagonista a Lucía, una bombilla de filamento incandescente que se enfrenta a la obsolescencia. El inicio del cuento me pareció que tenía muchas posibilidades, pero pasé un tiempo sin avanzar más. Un poco más tarde, en octubre de 2014, decidí abrir un brain storming en Diludia para buscar “ideas para Lucía”. Escribí un post (que puedes ver aquí) en el que incluí las primeras líneas del cuento y pedí ayuda abiertamente a la comunidad para continuar con la historia.

Hay algo que no hice bien porque no he recibido ideas. Pero por otro lado yo mismo he retomado el asunto en algunas ocasiones y veo varias posibilidades. Incluyo a continuación el inicio del cuento (con letra azul) y paso después a comentar las opciones que estoy considerando.

El cuaderno de notas

No creo en la inspiración. No como algo que llega o se encuentra sin más. Pero sí creo en las ideas súbitas y en la conveniencia de capturarlas al momento. Yo utilizo un cuaderno de notas que llevo siempre encima, como una de las piezas estrella de mi “caja de herramientas literarias”.

Para mí, escribir tiene que ver mucho más con trabajo, constancia, acumulación de experiencia y método que con inspiración. No concibo la inspiración según el concepto clásico de recibir un aliento divino y experimentar un éxtasis que permite crear obras artísticas sublimes. De hecho pienso que un escritor es una persona capaz de escribir sin necesidad de estar inspirado, y lo realmente importante es tener habilidades como una redacción correcta, un vocabulario amplio, o conocimiento y dominio de un buen número de técnicas literarias. Incluso la propia generación de ideas es algo que puede sistematizarse y para lo que se pueden aplicar muy diversos métodos. Dicho esto, sí creo en la aparición espontánea de ideas en cualquier momento y lugar.

Sí creo en esas relaciones o sinapsis que nos hacen ver algo nuevo, instantes en los que concebimos el embrión de una trama, o vemos una metáfora maravillosa, damos con el toque que le falta a un personaje que estamos perfilando, o imaginamos un final redondo para un texto que tenemos inconcluso en la cabeza. El desarrollo de la idea es algo que podemos aplazar y retomar más tarde, pero es imprescindible apuntarla en el momento, antes de que se olvide y se escurra entre nuestras neuronas sin dejar rastro.