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El misterio como fuente de inspiración

El misterio y el terror me afectan. Sí, soy miedoso. Una película del género, una buena historia o un reportaje sobre lo oculto o paranormal me pueden hacer sospechar de las sombras o tener una pesadilla. Por eso he desarrollado una técnica de inmunidad frente al terror que, además, se ha revelado también como una potente fuente de inspiración.

Una de las características que más aprecio en una obra literaria es la inmersión que pueden conseguir. Hay libros en los que uno se introduce tanto que se pierde la conciencia de la realidad. De repente no estamos leyendo en el metro, sino que viajamos con un hechicero llamado Achamian hacia una guerra santa en un mundo fantástico. O no estamos en nuestra casa, sino que acompañamos a un niño con síndrome de Asperger en sus investigaciones y descubrimos juntos las pistas del asesinato de un perro. No me gusta que me saquen de la inmersión literaria al mundo real, sobre todo si es de forma brusca o forzada: suena el teléfono, llego a la parada de metro donde me bajo, etc. Lo que un segundo atrás era todo un mundo de repente pasa a ser sólo un libro y nos enfrentamos en frío a lo cotidiano de nuevo.

Pero en el caso del terror, a veces conviene alejarse un poco de la ficción planteada y recordar que no es real. Eso es precisamente lo que hago para no pasar miedo, interrumpir la inmersión trayendo al primer plano de mi cabeza unas cuantas cosas cotidianas. Uno es menos susceptible de creer en espíritus cuando piensa, por ejemplo, que queda poca leche y hay que ir a comprar.