Las tejeoras de Olivenza

Las tejedoras de Olivenza

 

Todo sucedía con aparente simplicidad porque un tenue y casi invisible hilo de plata le acompañaba… casi como si fuera un misterio, un poderoso imán. El hilo que sabe tejer la tela y que luego llegará a las manos para regalarnos su esperanza. El hilo de las tejedoras de Olivenza y que se resume en esta frase: la pasión era su motor.

Es el hilo que hace que los cambios sucedan, que nos hace adjurar del miedo. Hay quienes mueven imperios usando el dinero de otros y que se sientan orgullosos en sus tribunas, en sus oráculos vacíos: es tan fácil mover la maquinaria del poder así. Pero… ¿y cuándo los cambios tienen que ver con los más débiles?... pues todo pasa de manera distinta. Es construir un montón de sueños sabiendo que sobre ti penderá todos los días una misma pregunta: ¿Y ahora quién me sigue?

Tiendo a pensar que sin el arrojo de Olivenza todo aquel sueño habría sido baldío. Quiero pensar que las tejedoras de Olivenza no habrían existido nunca. Habrían continuado encerradas en sus casas. En la oscuridad de sus covachas, en la miseria del que no sabe qué habrá de comer al día siguiente. Vestidas de negro, viudas o huérfanas. Quiero agradecer con estas líneas la historia que me contaste, Olivenza, de camino en cualquier pueblo entre Badajoz y Évora. Allí estaba vuestra pequeña tienda que a mí me pareció un paraíso sobrenatural de colores. Porque hace que la miseria de aquellos pueblos desolados tengan una palabra común de esperanza y de valor.