microrrelatos

Las tres piedras

 

 

Las tres piedras

Recolocaba las tres piedras sobre la superficie de la mesilla cada noche, siempre de forma diferente. Anotaba sus posiciones para asegurarse de no repetir nunca la misma configuración. Sabía que, si alguna vez daba con la combinación que las hacía brillar, se despertaría de nuevo en casa.

 

El 17 de agosto escribí este microrrelato. Cumple las premisas que considero necesarias para este tipo de literatura hiperbreve.

La primera premisa es sumar muy pocas palabras. No sabría dónde poner la frontera entre cuento y microcuento. Para mí, un texto de 500 palabras o más puede considerarse ya un cuento, breve, sí, pero suficientemente extenso como para no colocarle el prefijo “micro”. También tengo claro que puedo considerar microcuento al que tiene menos de 250 palabras. Entre esos márgenes, me fío de lo que diga el autor. Pero mi criterio en esto es personal y subjetivo y probablemente la diferencia entre lo micro y lo no micro tenga que ver no sólo con el número de palabras. Las tres piedras suma tan solo 49 palabras (título incluido).

Diluditeca: "Breves notas sobre una eternidad descubierta"

 

Cuando invité a Juan Miguel Lorite a pasarme un texto para la sección de “el cuento del mes”, no sólo aceptó, sino que fue tremendamente generoso y me pasó el fichero digital con el manuscrito de un libro de cuentos cortos que estaba preparando para publicar, “Breves notas sobre una eternidad descubierta. Me recomendó “El premio” como cuento del mes de julio de 2015, y tras leerlo comprobé que además de ser un gran texto planteaba algunos conceptos de total interés para Diludia. Pero, ya que tenía en mi poder aquel archivo, cómo no, aproveché para leer algún cuento más y para recorrer las originales ilustraciones una a una. Cuando me quise dar cuenta, ya había tomado la decisión de comprar un ejemplar: terminaría de leerlo en formato papel.

“Breves notas sobre una eternidad descubierta” estuvo disponible como absoluta novedad en Bubok desde sólo dos o tres días antes de la publicación de “El premio” en Diludia.

Microrrelatos: ventanas a otros mundos

Un microrrelato es, ante todo, ficción. Los microrrelatos no son aforismos, ni greguerías, frescores, refranes, chistes o juegos de palabras sin más. Su ADN es la ficción, su sangre es la misma que corre por un cuento, un relato, una novela o una saga compuesta por decenas de volúmenes. La característica de ser ficción es esencial en este género, más necesaria aún que el propio hecho de ser breve. Para que el microrrelato exista realmente debe haber una historia, una trama, algo que contar. Lo maravilloso es que, en el microrrelato, esta historia que contar la construye principalmente el lector y cada uno puede imaginar su propia versión diferente de todas las demás; incluso un mismo lector puede, por qué no, fabricar varias historias a partir de un microrrelato.

En realidad, esto también ocurre con las novelas más largas. Nunca se cuenta todo, ni siquiera en un texto con un narrador omnisciente incrustado de raíz puede contarse todo, siempre quedan huecos, lugares vacíos que, consciente o inconscientemente, completa el lector a su manera. Por eso la literatura es líquida, se adapta al recipiente que la contiene, se adapta a la imaginación de cada lector.

Un microrrelato plantea, en lugar de una línea argumental, algo más parecido a un punto argumental, y por un punto pueden pasar infinitas líneas. Por eso, a la hora de leerlos, es buena idea tomarse su tiempo, imaginar qué ha sucedido antes y qué puede ocurrir después, completar tranquilamente nuestra propia versión de la historia que nos muestra, de la película a partir de un solo fotograma.