misterio

Personajes inteligentes

Ya he comentado alguna vez que en 2014 leí la trilogía “Príncipe de nada”, de R. Scott Bakker. Es una obra colosal, con todos los ingredientes para convertirse en una saga de referencia en estos buenos tiempos que corren hoy en día para la literatura fantástica.

Una de las características que más me llamó la atención de la obra fue lo creíbles que resultan sus personajes inteligentes. Hay varios que destacan por ello, aunque cada uno es inteligente a su manera, como Anasûrimbor Kellhus, Cnaiür Urs Skiötha, Ikurei Conphas, Ikurei Xerius II o Drusas Achamian. Otros más conocidos en la literatura y la ficción pueden ser el clásico Sherlock Holmes o el enano de “Juego de Tronos” Tyrion Lannister, el vulcano señor Spock, Albus Dumbledore de la saga de Harry Potter o el doctor Langdon de “El código da Vinci”, y me dejo muchísimos más. Los más listos abundan en la ficción, desde luego, y lograr que sean tan creíbles y que lleguen a la profundidad que consigue “Príncipe de nada” será muy positivo para nuestras obras.

El misterio como fuente de inspiración

El misterio y el terror me afectan. Sí, soy miedoso. Una película del género, una buena historia o un reportaje sobre lo oculto o paranormal me pueden hacer sospechar de las sombras o tener una pesadilla. Por eso he desarrollado una técnica de inmunidad frente al terror que, además, se ha revelado también como una potente fuente de inspiración.

Una de las características que más aprecio en una obra literaria es la inmersión que pueden conseguir. Hay libros en los que uno se introduce tanto que se pierde la conciencia de la realidad. De repente no estamos leyendo en el metro, sino que viajamos con un hechicero llamado Achamian hacia una guerra santa en un mundo fantástico. O no estamos en nuestra casa, sino que acompañamos a un niño con síndrome de Asperger en sus investigaciones y descubrimos juntos las pistas del asesinato de un perro. No me gusta que me saquen de la inmersión literaria al mundo real, sobre todo si es de forma brusca o forzada: suena el teléfono, llego a la parada de metro donde me bajo, etc. Lo que un segundo atrás era todo un mundo de repente pasa a ser sólo un libro y nos enfrentamos en frío a lo cotidiano de nuevo.

Pero en el caso del terror, a veces conviene alejarse un poco de la ficción planteada y recordar que no es real. Eso es precisamente lo que hago para no pasar miedo, interrumpir la inmersión trayendo al primer plano de mi cabeza unas cuantas cosas cotidianas. Uno es menos susceptible de creer en espíritus cuando piensa, por ejemplo, que queda poca leche y hay que ir a comprar.