NaNoWriMo

¡Ganador del Camp Nanowrimo 2016!

¡Reto superado!

El mes de julio terminó y con él, la edición 2016 del Camp Nanowrimo. Han sido unas semanas muy ajetreadas, tanto que en varias ocasiones temí no alcanzar el objetivo. Mi progreso ha sido irregular, a empujones que muchas veces venían a coincidir con el fin de semana, nada que ver con la deseada regularidad de escribir todos los días. Finalmente sí que he llegado; es verdad que me impuse un reto facilito de 12.000 palabras, aprovechando que el Camp permite definir objetivos a medida y el trabajo que tenía pendiente era complejo pero no extenso. Por eso, lo importante durante este mes no ha sido tanto el número de palabras, ni siquiera ha sido conseguir o no cumplir con el reto del Camp Nanowrimo; lo verdaderamente relvante ha sido la experiencia de escritura y el avance en Naksatra, el libro en el que estoy trabajando y al que le he dedicado el reto de julio.

De acampada creativa

La banda de metal finlandesa Nightwish nació en 1996 durante una noche de acampada. Este tipo de noches al aire libre, rodeado de naturaleza y oscuridad, invitan también a compartir viejas historias, leyendas o cuentos de todo tipo. ¿Qué mejor escenario que la noche, las estrellas y el cri-cri de unos grillos para sumergirse en la fantasía?

Este mes de julio estoy de acampada. Una acampada creativa y dedicada precisamente a la literatura: el Camp Nanowrimo. Por supuesto, es una acampada virtual que ocurre en internet, una especie de retiro para escribir, aunque sea un retiro efímero de solo unos minutos al día. En el Camp Nanowrimo, uno se aísla de la realidad cotidiana junto con unos compañeros de acampada también escritores. Así, incluso una tarea solitaria como sacar adelante novelas o cuentos adquiere una componente social muy agradable.

El NaNoWriMo 2015 y los trenes

Creo que fue en diciembre de 2014 cuando descubrí que existía el NaNoWriMo, “National Novel Writing Month” o mes nacional de la escritura de novelas. Se trata de un reto literario: escribir una novela de al menos 50.000 palabras en un mes, en particular, durante el mes de noviembre. El encanto está en que, gracias a internet, existe un lugar común donde todos los escritores que asumen el reto pueden interactuar y dejar constancia de su progreso en el mismo. Así, el reto personal transciende a lo social y consigue un gran atractivo. Pero este artículo no es para hablar de NaNoWriMo: la web oficial es estupenda y son muchos los Wloggers en lengua castellana que ya han contado con todo detalle en qué consiste e incluso sus experiencias personales. Este artículo trata sobre trenes, los que se dejan pasar y los que no.

Llevo con la idea de una novela dando vueltas en la cabeza desde 2013. Cuando descubrí la existencia de NaNoWriMo, o “Nano”, en diciembre del año pasado, me dije que tenía aún once meses, hasta noviembre de 2015, para pensarla, crear la trama, los personajes, etc, y así empezar con la redacción del primer borrador precisamente el 1 de noviembre de 2015. Poner una fecha en el horizonte funcionó, porque aquella idea dejó de ser una mera temática sobre la que fantasear para empezar a concretarse en los elementos de una novela: mi protagonista se llama Enrique y es profesor de matemáticas, viene marcado por algo desde su niñez (por supuesto, ese “algo” lo tengo también muy definido); su vida se cruza con Yutunaith, un ser transcendental, y la fantasía entra como un torrente en la vida cotidiana de Enrique y en su entorno.