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Iniciación al haiku

Uno de mis propósitos literarios para 2015 es, tal cual,  “iniciación al haiku”. Y como creo que a escribir se aprende escribiendo más que leyendo sobre cómo escribir, me lancé a lo "learning by doing" a crear haikus desde el propio uno de enero. Leí en paralelo algunas generalidades en Wikipedia y en la web “El Rincón del Haiku”.

Un poquito más tarde, el 3 de febrero, compré “Aware”, con el subtítulo “Iniciación al haiku japonés”, del experto español Vicente Haya. La verdad es que de momento no he leído más que una parte de esta guía, pero cuanto más avanzo en su lectura más contento estoy. Contento es una forma de expresarlo: en realidad me está haciendo pasar toda una crisis. Mi visión del haiku hasta hace poco era muy simplista y enfocada casi exclusivamente en los aspectos formales, en esas 17 sílabas ordenadas en 5-7-5 que tanto juego me parece que ofrece. Pero no, un haiku no es a la poesía lo que un bonsái a un árbol. No es poesía breve, en pequeñito, micropoemas ni nada de eso. De hecho no estoy seguro de que el haiku sea literatura, por mucho que use la palabra como medio de transmisión de sensaciones. En general, estoy aprendiendo mucho con la lectura pausada de “Aware”, pero también estoy siendo testigo de cómo se desmorona mi concepto original de haiku.