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El misterio como fuente de inspiración

El misterio y el terror me afectan. Sí, soy miedoso. Una película del género, una buena historia o un reportaje sobre lo oculto o paranormal me pueden hacer sospechar de las sombras o tener una pesadilla. Por eso he desarrollado una técnica de inmunidad frente al terror que, además, se ha revelado también como una potente fuente de inspiración.

Una de las características que más aprecio en una obra literaria es la inmersión que pueden conseguir. Hay libros en los que uno se introduce tanto que se pierde la conciencia de la realidad. De repente no estamos leyendo en el metro, sino que viajamos con un hechicero llamado Achamian hacia una guerra santa en un mundo fantástico. O no estamos en nuestra casa, sino que acompañamos a un niño con síndrome de Asperger en sus investigaciones y descubrimos juntos las pistas del asesinato de un perro. No me gusta que me saquen de la inmersión literaria al mundo real, sobre todo si es de forma brusca o forzada: suena el teléfono, llego a la parada de metro donde me bajo, etc. Lo que un segundo atrás era todo un mundo de repente pasa a ser sólo un libro y nos enfrentamos en frío a lo cotidiano de nuevo.

Pero en el caso del terror, a veces conviene alejarse un poco de la ficción planteada y recordar que no es real. Eso es precisamente lo que hago para no pasar miedo, interrumpir la inmersión trayendo al primer plano de mi cabeza unas cuantas cosas cotidianas. Uno es menos susceptible de creer en espíritus cuando piensa, por ejemplo, que queda poca leche y hay que ir a comprar.

Un casting en el metro

 

¿Necesitas personajes para tu cuento o novela? Puedes, por supuesto, crearlos de cero... o tomar la alternativa proactiva y muy divertida de salir a buscarlos. Uno de mis lugares favoritos para buscar personajes es el transporte público.  Si estamos condenados a desplazarnos a diario al trabajo, una buena forma de aprovechar el tiempo del viaje es realizar nuestro propio casting en el metro. ¿Te animas? Yo he utilizado esta técnica realmente para mis escritos, con algunos buenos resultados. Veamos cómo.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que un escritor está siempre trabajando en sus cuentos y novelas. La escritura no se restringe a momentos de inspiración ni se confina en un despacho o escritorio, sino que transcurre continuamente dentro de nuestra cabeza, se agita incluso durante los momentos más anodinos de nuestra vida cotidiana. Un escritor busca tramas, personajes, escenas, metáforas, diálogos y elementos válidos para sus textos mientras pasea, trabaja, cocina, mira la televisión, barre, hace deporte, friega los platos, cambia un pañal o viaja en metro.

El metro es un lugar especialmente propicio para buscar personajes por una simple cuestión de fuerza bruta: está tan concurrido que en un viaje de apenas media hora habremos podido cruzarnos con decenas de personas. Esta abundancia nos permite imaginar personajes y sus historias a partir de la observación de las personas reales con las que compartimos vagón o andenes. La inmensa variedad en sexo, edad, raza, complexión, voces, indumentaria, actitudes y rostros que desfilan por el metro nos permite hacer un casting en toda regla.